Palestina existe para la Unión Europea. Así lo respaldaron un 66% de los eurodiputados el pasado 17 de diciembre en una votación en el Parlamento Europeo sobre “el reconocimiento del Estado palestino y la solución de dos Estados”.

Veinte muertes violentas por motivaciones político-religiosas en tres días parecen muchas para Francia. También para eso que de forma tan pomposa como huera se denomina por políticos y periodistas “países de nuestro entorno”. En Iraq y en Siria, desde hace unos pocos años -es la excepción histórica y no la regla- hay días en las que esa cifra se multiplica por diez o más. De esa disparidad cuantitativa se valen nuevamente políticos y periodistas para repetir machaconamente que lo que ocurre aquí nada tiene que ver con lo que sucede allí. Los que eso afirman son los mismos que, sin embargo, reclaman una globalización a ultranza para extender el capitalismo y llevar a los confines del ancho mundo unos productos culturales que, créase o no, no siempre son valiosos, ni superiores a los que hacen otros ni apreciados por aquellos a los que se les quieren imponer. Esa esquizofrénica relación con la globalización es la que ha vuelto a quedar en evidencia estos días. Los “análisis” con que políticos y periodistas nos abruman tras los terribles y condenables sucesos franceses vuelven a dejar en evidencia esa tramposa declaración de “un mundo sin fronteras” que en la práctica se ejerce de manera tan caprichosa como sectaria y xenófoba.

Mil quinientos años después, ahí sigue. Una figurita gris, de piedra, con ojos goyescos y boca de Munch. Es un cemí, un espíritu protector, muy común en las sociedades de América del Sur. Un dios representado sin ombligo, superior a los hombres. Le sigue un bellísimo tocado de plumas anaranjadas de una tribu brasileña. En la siguiente vitrina, pequeños demonios de Costa Rica conviven con delicados colgantes de oro en forma de rana. Al fondo, un impresionante casco mahiole de Hawai. Tesoros todos ellos, que alberga un muy poco concurrido Museo de América de Madrid.

Cada vez se compra más por internet. Según las últimas encuestas el 38 por ciento de los españoles prefiere hacer sus compras en la red. Las previsiones son de que un 50 por ciento de todas las compras que se hagan para Navidad en Europa en 2018 se harán de forma electrónica y moverán 142.000 millones de euros. España es el quinto mercado europeo en este comercio.

Lo que más se compra en estas fechas es moda y complementos un 58 %, perfumería y cosmética 45 %, tecnología 42 %, joyería y bisutería 35 % y equipamiento para el hogar un 19 %.

Cada vez se compra más por internet. Según las últimas encuestas el 38 por ciento de los españoles prefiere hacer sus compras en la red. Las previsiones son de que un 50 por ciento de todas las compras que se hagan para Navidad en Europa en 2018 se harán de forma electrónica y moverán 142.000 millones de euros. España es el quinto mercado europeo en este comercio.
Lo que más se compra en estas fechas es moda y complementos un 58 %, perfumería y cosmética 45 %, tecnología 42 %, joyería y bisutería 35 % y equipamiento para el hogar un 19 %.

Este año, como cada Navidad, las principales arterias de las grandes ciudades, y no sólo, se llenan de colas infinitas de gente que, con toda la ilusión que les invaden en estás fechas, están deseosas por adquirir un décimo de Lotería de Navidad. Ya desde hace un mes estamos viendo en la televisión el anuncio que, de manera indirecta, nos incita y recuerda adquirir este boleto.  

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