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Jueves, 25 Febrero 2016 12:27

Toda la economía, al servicio de una élite

Escrito por 
David Álvarez Rivas David Álvarez Rivas

Que la crisis económica y financiera de la que la mayor parte de la población apenas está saliendo, había servido de excusa perfecta para acaparar riqueza, por los más poderosos, nos había quedado claro en Informe sobre la Riqueza Mundial, publicado por el banco Credit Suisse. Se puede consultar el informe completo en:

http://publications.credit-suisse.com/tasks/render/file/index.cfm?fileid=C26E3824-E868-56E0-CCA04D4BB9B9ADD5 

Pero el informe que hace unas semanas ha lanzado la organización internacional Oxfam Intermón, da una nueva vuelta de tuerca del mundo al revés. La economía mundial está al servicio de un 1% que acumula más riqueza que el 99% restante.  El poder y los privilegios se están utilizando para manipular el sistema económico y así ampliar la brecha, dejando sin esperanza a cientos de millones de personas pobres. El entramado de paraísos fiscales permite que una minoría privilegiada oculte en ellos 7,6 billones de dólares. Para combatir con éxito la pobreza, es ineludible hacer frente a la crisis de desigualdad. Decisiones y acciones tomadas por gobiernos de todo el mundo impiden rastrear cómo mueven el dinero las grandes multinacionales para no pagar lo que les corresponde. Los impuestos que no se pagan por la fuga hacia paraísos fiscales suponen menos dinero para servicios públicos básicos como la sanidad, la educación y el bienestar social.

Los fríos datos ponen los pelos de punta, pero son incontestables. En 2015, sólo 62 personas poseían la misma riqueza que 3.600 millones (la mitad más pobre de la humanidad). No hace mucho, en 2010, eran 388 personas. El dinero en manos de las 62 personas más ricas del mundo se ha incrementado en un 44% en apenas cinco años, algo más de medio billón de dólares (542.000 millones) desde 2010, hasta alcanzar 1,76 billones de dólares. La injusticia fiscal empobrece tanto a las personas que los gobiernos no pueden seguir haciendo la vista gorda. No lo harán por propia iniciativa, debemos presionar para que suceda.  Para ello Oxfam ha lanzado la campaña de incidencia: www.noalescaqueo.org

La creciente desigualdad económica también agrava la desigualdad entre hombres y mujeres. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha revelado recientemente que los países con una mayor desigualdad de ingresos suelen tener también mayores diferencias entre hombres y mujeres en términos de acceso a servicios sanitarios, educación, participación en el mercado laboral y representación en las instituciones, por ejemplo en los parlamentos. También se ha demostrado que la brecha salarial entre hombres y mujeres es mayor en sociedades más desiguales. De las 62 personas más ricas del mundo, 53 son hombres. Además de una cuestión de género es también de sostenibilidad del planeta: a pesar de que la mitad más pobre de la población mundial tan sólo genera alrededor del 10% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero, son las personas más pobres quienes viven en zonas más vulnerables al cambio climático y sufren sus peores consecuencias. La huella de carbono media del 1% más privilegiado de la población mundial podría multiplicar hasta por 175 la del 10% más pobre. En lugar de tener una economía que esté al servicio de la prosperidad de todas las personas, de las generaciones futuras y del planeta, hemos creado un modelo económico que beneficia sólo al 1%. ¿Cómo hemos llegado a esta situación?

Como ya señaló uno de los 5 hombres más ricos del mundo, Warren Buffett, en 2011, él paga menos impuestos que ninguna otra persona de su oficina, incluyendo a la persona encargada de la limpieza y a su secretaria personal. Escribió: “Dejen de mimar (nos) a los megaricos”. Pueden leer el artículo íntegro traducido aquí:

http://www.idealista.com/news/inmobiliario/vivienda/2011/08/17/343418-dejad-de-mimar-a-los-super-ricos-articulo-de-warren-buffett-traducido

En el ámbito laboral, la brecha salarial entre el trabajador medio y los puestos directivos se ha ampliado rápidamente. Mientras los salarios de la mayoría de los trabajadores se han estancado, los de los altos ejecutivos se han disparado. La mayoría de los trabajadores peor remunerados del mundo son mujeres, desempeñando los empleos más precarios. Desde Birmania hasta Marruecos, revela que éstas apenas pueden sobrevivir con los salarios de miseria que reciben. Mientras las remuneraciones de los presidentes de las principales empresas estadounidenses han crecido un 54,3% desde 2009, los salarios medios apenas han variado. El presidente de la principal empresa de tecnología de la información de la India gana 416 veces más que un trabajador medio de esa misma empresa, y tan solo hay 24 mujeres entre los presidentes de las compañías que figuran en Fortune 500: www.fortune.com

En diferentes sectores de la economía mundial, empresas y particulares suelen utilizar su poder y posición para apropiarse en exceso de los beneficios económicos. Los cambios en las políticas que se han producido desde los años 80 (como la desregulación, el secreto bancario y las megaconcentraciones, especialmente de las actividades financieras) han reforzado la capacidad de los más ricos y poderosos para aprovecharse de su posición de poder para concentrar aún más riqueza. Esta agenda política se ha visto impulsada principalmente por lo que George Soros ha denominado el “fundamentalismo de mercado”, la causa de que, en demasiadas ocasiones, los beneficios de las élites no sean en absoluto el reflejo del mérito o de unos rendimientos eficientes o justos. El entramado mundial de paraísos fiscales y la floreciente industria de la evasión y la elusión fiscal constituyen el mejor ejemplo de cómo el sistema económico se ha contaminado.

Este sistema florece gracias a un enjambre de profesionales muy bien remunerados de la banca privada y de inversión, despachos de abogados o auditores. Solo las personas con más recursos y las grandes empresas (aquellos que deberían estar pagando más impuestos) pueden permitirse utilizar estos servicios y toda esta maquinaria, para evitar tributar lo que en realidad les corresponde. El resto de Gobiernos, de los países que no son paraísos fiscales, se han lanzado a competir en una incesante carrera a la baja por reducir los tipos impositivos que gravan a las empresas y a las grandes fortunas, repercutiendo en la merma de las arcas públicas. Los impuestos no recaudados por la evasión y elusión fiscal generalizadas compromete los presupuestos públicos, lo cual se traduce a su vez en recortes de servicios públicos esenciales como la sanidad o la educación, e implica también que los Gobiernos dependan en mayor medida de impuestos indirectos como el IVA, que afecta desproporcionadamente más a los sectores más empobrecidos. Estos problemas fiscales se está agravando con rapidez. Ver casos recientes como el Lux Leaks (o papeles de Luxemburgo), la lista Falciani, o todas las tramas corruptas vinculadas a las recalificaciones de suelo, constructoras, y políticos “bizcochables” que acaban con cuentas no declaradas en el extranjero.

Es necesario conseguir un consenso internacional. Los líderes mundiales tienen que poner fin al gran agujero negro de las finanzas globales. Y para el futuro gobierno en España, esta debe ser una prioridad absoluta. En nuestro estado es urgente tomar acciones ciudadanas que reviertan esta situación de brutal inequidad. Hay que impulsar en nuestro país una Ley contra la Evasión y Elusión Fiscal. Debemos combatir el secretismo financiero y obligar a las compañías a informar sobre dónde operan y qué impuestos pagan. Lograr un registro público que revele quiénes son los verdaderos propietarios de las empresas. Crear un organismo fiscal mundial que controle que las grandes corporaciones pagan lo que les corresponde, donde les corresponde. Igual que existen los organismos multilaterales financieros nacidos de Breton Woods, Fondo Monetario Internacional  y Banco Mundial. La fiscalidad debe ser reformada desde la carga tributaria del trabajo y el consumo hacia la riqueza y el capital; mejorando la transparencia sobre los incentivos fiscales; y recuperando un gravamen sobre la riqueza.

Pagar a los trabajadores y trabajadoras un salario digno y reducir las brechas con las remuneraciones de los altos directivos. Fomentar la igualdad económica y los derechos de las mujeres. Mantener bajo control la capacidad de influencia de las élites más poderosas. Modificar el sistema mundial de investigación y desarrollo (I+D) y de fijación de los precios de los medicamentos para garantizar el acceso de todas las personas a medicamentos adecuados y asequibles. Combatir la desigualdad a través de un gasto público progresivo. ¡No más excusas!, hay que exigir a los líderes mundiales a los nacionales que pongan fin a la era de los paraísos fiscales y a sus efectos dañinos para la humanidad. Y son medidas para las que sólo hace falta voluntad política.

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