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Lunes, 20 Abril 2015 11:00

`La culpa la tiene Bruselas´

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España se sitúa entre los países que se sienten menos informados sobre la Unión Europea pero también entre los que menos se preocupan por hacerlo. ¿Es culpa de la política de comunicación de la UE o del desinterés de los ciudadanos?

Las noticias sobre la Unión Europea siguen sin interesar a una gran mayoría de los españoles. Sí lo hacen los efectos prácticos de las políticas de la Unión y si tienen o no beneficios, pero el conocimiento de lo que pasa a diario en las instituciones es escaso.

De la actualidad europea de los últimos días, muchos sabrán que Pablo Iglesias le regaló al rey Felipe VI las temporadas de Juego de Tronos en su visita a las instituciones europeas, o habrán visto que una activista disfrazada de periodista se abalanzó sobre el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, en medio de una rueda de prensa. 

Pero estos días han pasado muchas más cosas. La Comisión Europea también ha acusado a Google de abuso de la posición dominante, el BCE ha pedido a España reforzar sus políticas laborales y la Unión Europea sigue las negociaciones con Estados Unidos para llegar a un acuerdo comercial. A pesar de la importancia de estos temas, quizá eso interese menos. 

Y es que según algunos datos, la mayoría de los españoles se consideran poco informados sobre los asuntos comunitarios, pero a la vez, tampoco les interesa. En un Eurobarómetro realizado en noviembre de 2014 sobre los hábitos mediáticos de la UE, la sensación de los ciudadanos sobre estar bien informados acerca de asuntos europeos permanece minoritaria. Un 35% de los encuestados considera que su país está bien informado frente a un 63% que no. En el caso de España, el dato es aún más negativo, pues un 23% cree que tiene la información suficiente frente a un 77% que no lo cree así. 

La consideración de recibir poca información sobre lo que está pasando en las instituciones comunitarias es muy grande, pero el desinterés también. Retrocediendo a semanas previas a las elecciones al Parlamento Europeo de 2014, el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) llegaba a la conclusión de que los ciudadanos españoles se interesaban poco sobre la UE y concretamente, sobre las elecciones europeas que se iban a celebrar en aquellos días. Los que tenían mucho o bastante interés en noticias sobre el tema tan sólo sumaban un 23,4% frente a un 76,5% de los que tenían poco o ningún interés. 

Los fallos de la información europea

Esos datos y los principales temas de los que habla la opinión pública española llevan a preguntarse si es culpa de la política de comunicación de la Unión Europea, de los medios o de la poca implicación por parte de los ciudadanos. Los frentes abiertos son, sin duda, varios.

Por un lado, de lo que se ha acusado siempre a la información de la Unión Europea persiste: es grande y compleja. Hay diferencias culturales, económicas, históricas y lingüísticas que también influyen. Sin embargo, también son muchas las iniciativas que desde la anterior Comisión, dirigida por José Manuel Durao Barroso, se han venido desarrollando para mejorar la comunicación en las instituciones, fijando herramientas y estableciendo diálogos con el público para conseguir hacer llegar mensajes más claros y precisos, mediante encuentros o a través de redes sociales.

La actual Comisión de Juncker también ha hecho algunos cambios, como incidir en la transparencia y reducir portavoces –antes había uno por cada Comisario- para que no haya tantos canales por los que comunicar y se diversifique erróneamente el mensaje.

Los medios de comunicación también pierden por el camino cierta información que no puede generar un contenido lo suficientemente atractivo como para ganar seguidores. Sin embargo, y a raíz de la crisis económica, se dedican más espacios a noticias europeas y son más largas las líneas que ocupan explicaciones al respecto. Con todo, la principal fuente de información de los asuntos europeos sigue siendo la televisión y las redes sociales e internet compiten cada vez más con la prensa escrita o la radio.

El tercer problema reside en la tendencia de los ciudadanos de ver lejanos los asuntos europeos e interesarse más por lo nacional, lo regional y lo local, cuando la mayoría de las decisiones que se toman en Bruselas luego afectarán a su día a día, pues los Estados miembros lo aplicarán a sus políticas nacionales.

Al final, la comunicación en la Unión Europea es un viaje de ida y vuelta. Cuanto mejor – no necesariamente más-, se comunique, más se logrará llegar a los ciudadanos. Cuanto más interesados e informados estén ellos, más devolverán esa comunicación en forma de participación.

Quizá “la culpa” no la tenga sólo Bruselas. Y la continuidad del proyecto europeo dependa, cada vez en mayor medida, de la opinión y participación de sus ciudadanos.    

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