×

Advertencia

JUser: :_load: No se puede cargar usuario con el ID: 765

Martes, 03 Febrero 2015 00:00

La corbata de Tsipras

Escrito por 

Pienso en Grecia y pienso en cómo desde la Acrópolis se dibuja el perfil inmenso de una ciudad como Atenas. “Si las piedras hablaran”, me suelo decir cuando tengo la oportunidad de visitar estos tesoros. Pienso en Grecia y recuerdo las imágenes de esas manifestaciones que convulsionaban la capital bajo una insistente lluvia de piedras. Estas piedras me contarían otra cosa, claro. Pienso en Grecia y me asalta el mito del rapto de Europa. 

Tras los resultados de las elecciones legislativas del pasado 26 de enero, Grecia vuelve a ser el epicentro del constante terremoto que tensiona de manera permanente la eficacia de algunas de las instituciones comunitarias. La victoria de Alexis Tsipras al frente de Syriza, incontestable. La frialdad con la  que los distintos gobiernos europeos acogieron este resultado, tangible. En realidad, soy de los que piensan que —y las encuestas previas a los comicios ya lo apuntaban como pista más que plausible— en Bruselas se daba por descontado el triunfo de la formación izquierdista. Tanto es así que no se hicieron esperar las llamadas a la responsabilidad de Tsipras por parte de algunos de los líderes europeos. El mensaje era claro y contundente y, desde luego, el nuevo primer ministro de Grecia supo desde el mismo momento en que tomó posesión de su cargo que no contaría con la inmunidad de los habituales “cien días” de que gozan los gobernantes recién investidos.

Por eso, Tsipras se movió rápido y formó gobierno en apenas 24 horas. El pueblo heleno había hablado. Quería a Syriza al frente de la trágica nave griega que por capricho mitológico se movía a bandazos bajo la atenta mirada de los pueblos bárbaros. Pero Tsipras no es Pericles. O bueno sí porque la gran maña oratoria que gastaba el gran líder de la Atenas clásica no estaba exenta de recursos demagógicos. El populismo no es, por tanto, invento de políticos telegénicos. En cualquier caso, esa sagacidad le llevó a firmar coalición —seguramente pactada ya de antemano— con los nacionalistas conservadores de Griegos Independientes, la formación que lidera Panos Kammenos. ¿Pacto anti natura? Cosas de no contar con la mayoría absoluta ¿Agua y aceite políticos? Desde luego, pero el elemento común de la lucha contra el rigorismo de la ‘troika’ consolida matrimonios manifiestamente desiguales. Si el enlace es duradero o no, sólo lo podremos observar más allá de este próximo 28 de febrero, fecha en la que termina el plazo con el que Grecia cuenta para hacer frente a sus pagos en virtud de los rescates ya ejecutados.

Por el momento, Atenas ha dicho basta. Ha roto la baraja en la misma cara de Jeroem Dijsselbloem, actual presidente del Eurogrupo, cuando el carismático ministro de Finanzas de Tsipras, Yannis Varoufakis, le dijo claramente que Grecia no aceptaba a la “troika” como interlocutora. El combate ha comenzado. A un lado del ring, “los hombres de negro” —qué mañas tenemos los de la prensa para bautizar ciertos fenómenos—; a otro, los “sin corbata” helenos. El primer gancho lo han propinado los griegos: “Ni siquiera el Parlamento Europeo reconoce legitimidad a la troika”, argumentó Varoufakis. No le falta razón. Y como no le falta razón, el resorte comunitario ha encajado el golpe: Bruselas estaría dispuesta a disolver el triunvirato del rescate financiero formado por el Banco Central Europeo, los Veintiocho y el Banco Central Europeo. Pero nada es gratis: Grecia tiene que estar dispuesta a ceder y a mantener sus compromisos con los acreedores. La pregunta que surge de manera inmediata es clara: ¿pero Grecia puede hacer frente a estas exigencias? Y si Grecia cede… ¿el liderazgo y la credibilidad de Tsipras correrían el riesgo de esfumarse? La calle presiona  y la coalición en este punto podría afrontar en ese caso una peligrosa crisis de pareja. Lógico que Tispras no quiera llevar corbata con tanta tensión.

Pero por las esquinas de la política no podemos dejar de pasar por alto otro asunto  que también debería preocupar al primer ministro griego. Amanecer Dorado, formación ultraconservadora y filonazi, sigue siendo la tercera fuerza política. Más allá de la deuda, que es lo único que parece preocupar al resto de líderes europeos, Grecia es un país devastado: sin empleo, con un estado del bienestar que bien podría ser una ruina más de la Acrópolis y con una presión migratoria que apenas puede canalizar a raíz del drama de los refugiados sirios y de otros países de esa Europa que parece difuminarse. Este desmantelamiento ha supuesto la descomposición de la política y el desencanto de unos ciudadanos hipotecados por generaciones. No es sólo un fenómeno de populismo —como si este fuese el único riesgo—, sino la pulsión antidemocrática de un partido político que aun con líderes en prisión, participación probada en actos violentos y la expulsión de los inmigrantes como única solución en su programa, logra mantenerse  acomodado en el arco parlamentario. La maniobra hay que observarla, porque de esto ningún país europeo se libra. Y eso que, teóricamente, la lección había quedado aprendida.

 

Visto 822 veces

Deja un comentario

Los comentarios están sujetos a moderación, por lo que pueden tardar un poco en publicarse o rechazarse.

Buscar

@infoactualidad_

¿Qué comemos hoy?

 
Ciencias de la Información

<PRIMEROS>

Hamburguesas con patatas

Alitas de pollo

Merluza en salsa

<SEGUNDOS>

Gazpacho 

Paella mixta 

Ensaladilla rusa

  

Infoactualidad no recaba datos personales de ningún tipo, pero emplea cookies para contar las visitas. La navegación por el sitio significa aceptar este uso.