Lunes, 15 Octubre 2012 19:36

Periodismo libre

Escrito por  D. Manuel Sánchez de Diego

El periodismo ha sido y es un elemento esencial en un sistema democrático. El grado de calidad de una democracia puede medirse por el grado de libertad informativa que exista en esa sociedad. A veces la botella está medio llena, a veces medio vacía, pero en todo caso nuestro objetivo debe ser llenar esa botella.

Para que exista una auténtica opinión pública libre es necesario un periodismo libre. La complejidad del mundo en que vivimos y la imposibilidad material de realizar todas las tareas precisas para nuestro desarrollo personal ha llevado a que vivamos con continuas delegaciones tácitas. Delegamos en otras personas para que nos curen, nos defiendan ante los tribunales, nos suministren alimentos, nos arreglen la instalación eléctrica… y, nos proporcionen información.

Para mantener al público informado –y también entretenido‑ es necesaria la concurrencia de tres sujetos. Por un lado la empresa informativa, el sujeto organizado de la información. Por otro el periodista, el sujeto cualificado de la información. El tercer sujeto de esta relación informativa es el público, el llamado sujeto universal, todos y cada uno de nosotros. Ese es el diseño de los medios de comunicación de masas o medios de comunicación social.

Para que exista un periodismo de calidad es necesario que se de una situación de equilibrio entre los tres sujetos. Si es el público el que marca el día a día tendremos un periodismo sensacionalista, que sólo vive para atender las demandas del público, sin importar la transcendencia pública de la información o los daños que pudiera ocasionar. Si el desequilibro es a favor del periodista nos encontraremos con un acción personal de un periodista que acaba convirtiéndose en un divo, con tendencia a controlar a la empresa informativa y a evitar cualquier tipo de autocontrol o recomendación que le hagan desde el medio de comunicación. Los diques del autocontrol se rompen por el YO egocéntrico del periodista y, luego viene el rosario de condenas penales y civiles. Si es la empresa informativa la predominante en esta relación nos encontramos con periodistas que no actúan con plena libertad porque la ideología del medio o la necesidad de ganar audiencia a costa de todo ahoga la ética y el buen hacer periodístico. El negocio se impone a la función social de los intermediarios de la información. Y por negocio podemos entender al menos tres orientaciones: el negocio económico, ganar dinero; el negocio ideológico, imponer mi forma de ver la vida y, por último, el negocio de la influencia, vender mi audiencia al mejor postor.

El equilibrio se logra cuando la dependencia del periodista sobre la empresa y el público es relativa. El periodista tiene un estatuto que le permite oponerse a las presiones de la empresa informativa y ello no impide que la empresa establezca mecanismos de autocontrol. Es preciso desarrollar ese estatuto del periodismo. En el Código Penal hay artículos que expresamente se refieren a los medios de comunicación –comenzando por el artículo 30 que establece reglas de autoría y responsabilidad propias y diferentes. Pero además debe regularse los derechos del periodista, protegiendo su función. Desde luego, la formación del periodista es esencial y esa formación debe reconocerse al conformar la profesión como titulada.

Existe una corriente de opinión que defiende que la mejor ley de prensa es la que no existe, pero hoy en día las empresas informativas y los periodistas sufren una regulación jurídica dispersa en diferentes normas. Entre ellas: las Leyes Orgánicas 1/1982 del protección civil del honor y la intimidad, 2/1984 del derecho de rectificación, 2/1997 de cláusula de conciencia de los profesionales de la información; las Leyes 7/2010 general audiovisual, 55/2007 del cine; 34/1988 general de publicidad, 34/2002, de servicios de la sociedad de la información; Decretos Legislativos 1/1996 de propiedad intelectual; 1/2007 de Consumidores y Usuarios… y, por supuesto el Código Penal. También se ha empezado a aplicar a los informadores la Ley Orgánica 15/1999 de Protección de Datos Personales.

Como ha dicho el catedrático de Derecho de la Información, Teodoro González Ballesteros, “Si no queremos una sociedad desinformada, y por tanto menos libre; inculta, y por tanto violenta; e intolerante, y por tanto agresiva, es aconsejable poner un mínimo de orden, aunque sea administrativo, en quienes –medios y personas– hacen real y posible el fundamental derecho, individual y social, a recibir información.”(Cuadernos de Periodistas nº 0, Julio 2004. Página 83). Todo ello porque el periodismo libre no está reñido con el periodismo responsable.

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