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Jueves, 05 Diciembre 2013 10:53

Violencia y falsedades en la huelga estudiantil

Escrito por  José Luis Dader

 

  José Luis Dader

  Profesor de Periodismo. UCM

 

 

Algo anda mal en la mente de ciertos estudiantes de nuestra Facultad que se dicen inspirados en Gandhi, cuando confunden la resistencia civil de aquel libertador con la coacción de los llamados ‘piquetes informativos’ y sus barricadas, durante la reciente huelga supuestamente general de hace unas semanas.

Describí mi experiencia ‘de víctima’ de lo ocurrido ese día en una crónica (LEA EL ARTÍCULO) que la autodenominada “Asamblea de la Facultad de Ciencias de la Información” replicó mediante burdas descalificaciones publicadas en otro medio (LEA EL ARTÍCULO). Lo esencial de mi planteamiento, al que volveré después, es que la protesta que violenta la libertad de los demás queda al margen del sistema democrático y priva de legitimidad práctica a cualquier causa, por digna que ésta fuera en su inicio.

La respuesta de la llamada ‘Asamblea’, en la escasa parte en la que expresa ideas, se limitaba a justificar su rechazo a las formas de violencia institucional o simbólica que según ella los estudiantes padecen (lo que contrasta un poquito con su crítica del victimismo que advierten en otros). Negaba en cambio que su grupo fuera violento, aunque aplicaba un elocuente silencio a cómo se habían desplazado máquinas expendedoras y mobiliario para obstruir el acceso a los edificios, se había estropeado el dispositivo electrónico del aparcamiento o se había establecido un, digamos, ‘cordón humano de sanidad intelectual represiva’ para impedir que cualquier estudiante o profesor ofuscado por el ‘discurso hegemónico’ fuera incapaz, sin la ‘ayuda’ de una masa muscular, de apreciar la razón indiscutible y suprema de los estudiantes –talibanes es aquí la pertinente traducción-, depositarios de la Verdad revelada por sus gurús.

Si tan seguidores fueran del espíritu de Gandhi como algunos alegaban, sabrían que éste declaraba que “los medios deben ser tan puros como el objetivo final”, ya que “los medios impuros dan como resultado fines impuros”. Gandhi decía también que “el primer deber de la no-violencia (“ahimsa”) es respetar la justicia en todos sus dominios”, ateniéndose a la “verdad y firmeza” (“satyagraha”) en su resistencia civil. Y aunque en algún caso justificara la violencia, ésta tenía que ser “limitada, autodefensiva y en circunstancias extremas”, ante opresiones que no parecen vislumbrarse por el hecho de que otros estudiantes o profesores no manifiesten su adhesión inquebrantable a las exigencias de las vanguardias anticapitalistas.

El desprecio a la verdad, mediante falsedades demostrables, es otra forma de violencia que la denominada ‘Asamblea’ utilizó con contumacia en su réplica a mi artículo. Tal vez porque los conceptos de justicia y verdad resultan superfluos para quienes prefieren la imposición con datos inventados, si fuera preciso, de su discurso ‘anti-hegemónico’.

Me acusan por ejemplo de percibir un sueldo “de más de 4.000 euros mensuales” –lo que sin duda habrá partido de risa a todos los catedráticos de la Complutense-, silenciando inocente o astutamente la diferencia entre salarios brutos y netos, que en mi caso particular significan un descuento de casi el 33%. Treinta y tres por ciento, por cierto, con el que yo, al igual que muchos otros ciudadanos sufragamos –y con mucho gusto-, esa enseñanza pública sobre cuyas garantías de calidad también tenemos algún derecho a pronunciarnos.

Me acusan así mismo de escabullirme de la docencia en el Grado, mediante el refugio más descansado y aprovechado de la enseñanza en Máster y Doctorado; cuando cualquiera puede comprobar que imparto desde hace varios años un número de créditos superior al que me corresponde, y sin contabilizar siquiera las direcciones de tesis doctorales, Trabajos Fin de Máster y gestión del doctorado, que no se realizan sin un buen número de horas por mi parte, como podrán atestiguar cualquiera de mis dirigidos o coordinados. Afirman incluso que “había abandonado en manos de los profesores asociados de su departamento” la docencia en el grado; información de nuevo falsa y contrastable con la acción desarrollada por ciertos profesores para que a otro compañero y a mí se nos impidiera seguir impartiendo, precisamente, docencia en el grado y nos viéramos obligados a cambiar de Departamento. Los articulistas de la “Asamblea” me animan burlonamente a que “nos relate las agresiones que como catedrático-victima ha sufrido a lo largo de su dilatada carrera”. Se sorprenderían bastante de ese historial, en defensa de los derechos de los estudiantes, comenzando incluso por esa Universidad de Navarra con la que maliciosamente me identifican bajo la misma asociación facilona que supone que, por definición, todo granjero blanco del Estado de Alabama ha de ser racista y miembro del Ku-Klux-Klan.

Por limitación de espacio me ceñiré a la denuncia de otras dos falsedades: En primer lugar, esa de que los cuadros de luces de la Facultad están cerrados con llave y por tanto yo me hubiera inventado que habían sido apagados por los huelguistas. Basta pasar por la segunda planta del edificio principal de la Facultad, por ejemplo, para comprobar cómo están esas cerraduras desde hace años. Por lo que yo mismo pude volver a encender las luces al pasar por allí y cualquier otra persona pudo volver a apagarlas más tarde. Por último, esa historia de que los estudiantes de un máster “han sido aprobados por vía administrativa, algo que ha sido denunciado únicamente por un profesor”: En éste como en los anteriores datos distorsionados no hubiera estado mal que unos estudiantes de Ciencias de la Información verificaran lo que afirman conforme establece un principio básico del periodismo. Podrían así haber averiguado que si un profesor exige el día del examen contenidos que ni ha explicado ni están en su programa, lo natural es que el recurso de los estudiantes afectados sea atendido ¿O es que ahora la ‘Asamblea’ es partidaria de la eliminación del derecho a la revisión de exámenes? ¿Si los perjudicados hubieran sido los miembros de la ‘Asamblea’, estarían alabando al profesor que tanta confianza les inspira?

No es extraño que quien no respeta los derechos básicos de los demás, tampoco respete la exactitud de los datos que maneja, pues ambas son dos formas de intolerancia contrarias al más elemental e indispensable consenso de la Democracia. Quien cree que la violencia simbólica o institucional sufrida justifica el ejercicio de su propia intimidación y violencia está más cerca de lo que puedan pensar algunos de unas Baader Meinhof o Brigadas Rojas. No puede extrañar, por ello, que un grupo de estudiantes en la Facultad de Derecho hayan sufrido la corrección física de sus desviaciones, o que una pintada en los muros de nuestra Facultad lleve días proclamando: “Liga Joven, tiro en la nuca” ¿Rechaza la ‘Asamblea de Estudiantes’ tales extremos o le resultan comprensibles cuando Wert te quita la beca?

 

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