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Jueves, 07 Abril 2016 20:48

Un 70% de los presos en España logran reinsertarse

Escrito por 
El centro de reinserción social CIS Victoria Kent, en Madrid El centro de reinserción social CIS Victoria Kent, en Madrid

A pesar de contar con uno de los índices de criminalidad más bajos de toda la Unión Europea, España es uno de los países comunitarios con mayor tasa de encarcelamiento. Según datos de la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, la población reclusa asciende, a día de hoy, a 65.039 personas, de las cuales un 92,35% son hombres.

Las sentencias más comunes tienen que ver con los delitos contra el patrimonio y el orden socioeconómico, en primer lugar, y con los delitos contra la salud pública, en segundo. Actualmente, más de la mitad de los reclusos que cumplen algún tipo de sentencia están relacionados con estos crímenes, en torno al 60% del total.

Desde 1990, la población reclusa no ha parado de crecer en España, formada tanto por presos nacionales como por otros extranjeros. El número de reos hoy es prácticamente el doble que hace 25 años, aunque ha ido disminuyendo poco a poco (de los 76.215 en 2010 a los 60.061 en la actualidad). Por su lado, la población extranjera en las cárceles españolas se ha triplicado en veinte años, pasando de los 7.263 en 1996 a los 19.697 en 2014.

En este sentido, las tareas de reinserción social son claves para el buen funcionamiento del sistema penitenciario y para favorecer la vuelta a la vida cotidiana de los reclusos. La propia Constitución Española, en su artículo 25.2, reconoce que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”. Muchas personas no creen en la efectividad de tales medidas, pero lo cierto es que cada vez alcanzan mayor éxito y son más los presos que las llevan a cabo.

Huir de la deshumanización de las cárceles

Cuando una persona entra en prisión, automáticamente pasa a vivir al margen de la sociedad, como si no formase parte de ella. La pérdida de autonomía, los miedos y la inseguridad son elementos comunes a todos los reclusos que cumplen sentencia en la cárcel. Precisamente como esa condena tarde o temprano finalizará, trabajar desde antes para la reinserción se convierte en un aspecto crucial para su futuro.

Con un pie fuera (CUPIF) es una asociación sin ánimo de lucro, presidida por Susana Díaz, que trabaja desde hace más de veinte años en los programas de reinserción de presos. Estos programas han ido cambiando y adaptándose a las necesidades de la población con el paso del tiempo, permitiendo que la asociación se haya convertido en una organización referente en los planes de reinserción.

Actualmente, CUPIF trabaja con presos de diferente tipo, pero atendiendo sobre todo a los que cumplen condena por agresión sexual o violencia de género. En esa tarea de reinserción, Susana Díaz señala que la clave está en alcanzar la “humanización” del preso.

“Es necesario, precisamente como una responsabilidad de cara al resto de la sociedad, que podamos intervenir con estas personas antes de que salgan de prisión, por un deterioro mental, cognitivo y toda una serie de secuelas con las que tendrán que volver a reincorporarse a la calle, porque algún día tienen que salir”, argumenta la presidenta de CUPIF.

Programas dentro y fuera de prisión

No existe un único plan de reinserción social que sea válido para todos y cada uno de los presos. Por un lado, CUPIF elabora diversos programas según el tipo de delito, ya sean menores (robos o agresiones físicas, por ejemplo) o violentos (agresión sexual, asesinato o violencia de género). Por otra parte, hay reclusos que asisten a estos programas de manera voluntaria u obligados por un juez para no cumplir condena en prisión.

La actitud y la colaboración de los reclusos varían notablemente según decidan asistir por sí mismos o en contra de su voluntad a los programas de reinserción. Cuando se acude de forma voluntaria, el posible fracaso generalmente se debe a abandonos o a traslados de módulo o de centro penitenciario, pero esto es diferente si se trata de medidas alternativas para no ir a prisión, que son obligatorias.

“Los presos que vienen aquí obligatoriamente lo hacen muy enfadados, con un alto grado de reincidencia, y tenemos un tiempo límite. De esta forma, los programas enfocados a aquellos que vienen obligados por violencia de género se convierten en preventivos”, afirma Susana Díaz.

El número de personas que asiste a estos programas sin estar condenados también ha aumentado mucho en los últimos años. “En ocasiones, nos llaman por teléfono personas no condenadas por violencia de género, pero que son conscientes de que están comportándose de manera agresiva, despreciativa o humillante hacia su pareja. Y como no quieren ser ni convertirse en maltratadores, vienen aquí”, asegura la responsable de la asociación.

Eva Ovejero, responsable de la delegación de Prolibertas en Madrid, una fundación que también se dedica a la reinserción de reclusos y ex reclusos, señala como prioritario el no volver a los ambientes que llevaron a una persona a prisión: “Ese cambio tras el paso por prisión necesita siempre un esfuerzo extra, porque requiere cambiar todo tu modelo de vida y todo lo que has conocido”.

En cualquier caso, las posibilidades de reinserción no son diferentes según el tipo de delito, sino que depende de la persona implicada. “Cada persona que atendemos es un mundo. Cada una tiene potencialidades diferentes y que hay que desarrollar de forma diferente”, afirma Eva Ovejero. “Para las personas con consumo de drogas, por ejemplo, lo prioritario siempre es mantener el no consumo y trabajar otro tipo de habilidades para que puedan vivir de manera autónoma”, sentencia.

Una reinserción cada vez más efectiva

Tanto las responsables de CUPIF como de Prolibertas en Madrid cuentan con amplios porcentajes de éxito en sus planes de reinserción social. Según Susana Díaz y las estadísticas con las que trabaja su asociación, aproximadamente un 70% de los reclusos que se adhieren a estos programas logran reinsertarse con éxito. Eva Ovejero va más allá y habla de cifras cercanas al 90%.

“El porcentaje de reinserción es muy alto en este tipo de programas, ya que al disponer de recursos muy limitados ya se elige a las personas con buen pronóstico y que tienen un alta posibilidad de reinsertarse”, afirma la responsable de Prolibertas.

 

Con el paso del tiempo, el vínculo entre las instituciones penitenciarias y las asociaciones se ha hecho más fuerte. Ha habido un cambio positivo en estos diez últimos años, tanto en forma de medidas alternativas como en planes cada vez más concretos, algo que se ha traducido en una mejora latente y apreciable de este tipo de programas. 

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