×

Advertencia

JUser: :_load: No se puede cargar usuario con el ID: 141

JUser: :_load: No se puede cargar usuario con el ID: 863

JUser: :_load: No se puede cargar usuario con el ID: 861

Viernes, 14 Marzo 2014 00:33

Javier Álvarez (SER) sobre el 11-M: “En una situación de crisis no piensas que el gobierno te está engañando”

Escrito por 

Javier Álvarez, redactor jefe de Tribunales de la SER./F: José Ángel García

 

En el décimo aniversario de los atentados terroristas del 11-M, el redactor jefe de Tribunales de la Cadena SER, Javier Álvarez, hace una reflexión para Infoactualidad del trabajo de la emisora con sede en la Gran Vía de Madrid. Uno de los periodistas clave de la cobertura informativa de la masacre, así como de las investigaciones posteriores, nos relata la experiencia más desagradable en sus 30 años de carrera.

Infoactualdad: ¿Cómo empezó la jornada del día 11 de marzo de 2004?

Javier Álvarez: El 11 de marzo era un día normal y corriente. Esa mañana había un juicio en la Audiencia Nacional a las 10 de la mañana, por lo que te levantas a las 7 para salir sobre las 8 menos cuarto. Entonces se produjeron las primeras explosiones y me llamaron desde la redacción: “Javier, algo ha pasado, ¿qué sabes?” Y a partir de ahí llamas a tus fuentes, confirmas efectivamente que ha habido unas explosiones, llamamos a antena, entramos en directo con un número indeterminado de heridos pero que posiblemente había víctimas mortales. Nosotros contamos antes de que llegasen los servicios de emergencia lo que estaba pasando en Atocha, simplemente porque había un redactor que estaba allí, se acababa de bajar del tren anterior.

 

I: ¿En ese momento cómo se organizan desde la sede de la SER, en la Gran Vía?

J.Á.: Evidentemente se forman equipos de trabajo y se distribuyen, aunque parezca un caos, de una forma científica cubriendo lo básico: el lugar de los hechos, hospitales, el ministerio del interior o Moncloa, donde el presidente estableció un gabinete de crisis. Como había tantas víctimas y tantos hospitales, se movilizó toda la redacción.

 

I: ¿Se realizó la misma cobertura que la que se hacía con un atentado de ETA?

J.Á.: No fue la misma en cuanto a la dimensión. Por ejemplo, en la calle Segovia explosionó en 1992 un coche bomba y hubo seis militares muertos. Fue algo muy gordo pero en aquellas circunstancias con cuatro redactores lo llevas, aquí es diez veces más redactores, diez veces más hospitales pero digamos que la maquinaria se mueve de manera automática. Sabes que hay unos responsables de área que van a tal sitio.

 

I: ¿Cómo contactaron con las fuentes instantes después de las explosiones?

J.Á.: A las fuentes primero hay que dejarlas trabajar. Porque a la fuente tu la llamas al minuto uno y él también te pregunta qué sabes, en la confianza de que no se va a engañar. La fuente en ese momento tiene que recomponer sus filas. Ellos barajan otros parámetros, sus fuentes son otras: el equipo de desactivación, el equipo de información, si ha habido alguna reivindicación…Esos contactos que tienen ellos en Telefónica o donde sea, le suministran una serie de datos de los que luego tú te suministras a la vez. Por tanto hay que dejarles trabajar, hay que dejarles un margen. Te piden media hora pero les llamas al minuto y les dices “no tengo media hora. Ni tú tampoco.”

 

I: Ese off the record te permite investigar por otras vías…

J.Á.: Correcto. Por ejemplo como pasó con la Renault Kangoo. Cuando apareció la furgoneta, esa pista era muy importante seguirla y de hecho, yo me puse a seguirla exclusivamente, a pesar de que estaba todo el follón de las mochilas. Era una pista fundamental, porque ya sí que tenían muchos componentes que no atinaban con lo que el Gobierno decía que era el origen del atentado.

 

I: En directo, Iñaki Gabilondo atribuía las bombas a un atentado de ETA. La primera en darse cuenta de una anomalía fue vuestra compañera Ana Terradillos que resaltaba que no había habido el típico aviso previo de bomba, característico de la banda terrorista. ¿Qué les decían las fuentes?

J.Á.: Ante un hecho como este, en una situación de crisis lo primero que haces es creerte a la administración. No puedes pensar que te están engañando, que te van a decir una mentira o que no te van a decir toda la verdad que saben. El ministerio del interior nos proporcionó un díptico con seis fotos de posibles terroristas que podían estar detrás de la matanza y salimos con ello a antena. Cuando te das cuenta de que los parámetros no son los mismos, porque por ejemplo no hay reivindicación o una llamada de aviso, dudas. Llamamos a los medios habituales de reivindicación terrorista al uso como puede ser el diario Gara, hablamos con fuentes de la izquierda abertzale, por supuesto con el gobierno vasco, con fuentes antiterroristas francesas y ninguno de esos caminos que son los de siempre se nos confirmaba que hubiera habido ni comunicación, ni aviso ni amenaza ni anterior ni inmediata.

 Javier Álvarez, redactor jefe de Tribunales de la SER./F: José Ángel García

Javier Álvarez, en un momento de la entrevista a Infoactualidad./F: José Ángel García

 

I: ¿Hablaron con etarras?

J.Á.: No directamente. Pero evidentemente buscas la dirección de ETA. Y el gobierno tiene esos mismos contactos antes que tú, mejores y en menor tiempo. Hicimos algunas llamadas a Francia, e hicimos un absoluto bingo ya que la cúpula de ETA no sabe nada de esto. Puede ser alguna banda de hijos de puta escindidos de la organización que hayan dicho “sois muy blandengues”. Había que verlo. Pero las fuentes de la lucha antiterrorista nos apuntaban que eso era inviable por operatividad.

 

I: ¿Cuándo se comienza a dar mayor importancia a la teoría del terrorismo islamista?

J.Á.: Con la Kangoo de Alcalá de Henares. Cuando la policía encuentra esa furgoneta abierta, en un aparcamiento de una estación pues sospechas. La policía la inspecciona y encuentra en la parte de atrás detonadores y ¡ostrás! 140 muertos y subiendo, ¿la misma línea de tren en la que sucede todo está una furgoneta aparcada y hay detonadores? Muy tonto hay que ser para no seguir esa pista, por lo que la policía se vuelca con esa pista y la fuente nos dice “ojo a esa pista”.

 

I: Y sobre el tema de las mochilas…

J.Á.: Gracias a las mochilas se incautó una de las bombas. Y las bombas en sí dicen mucho, no solo por las huellas sino por cómo están hechas, por el material que tienen, por cómo era la forma de hacerlo. Ahí puedes ir determinando si puede ser un elemento terrorista el que la ha hecho u otro. En el caso del teléfono, todo el mundo decía que ETA no trabajaba así. ETA había intentado 50 días antes un atentado en un tren con una mochila activada por un teléfono, pero al temporizador se les olvidó ponerle pilas, estaba gastada. Buscas otros elementos y ya van encajando en cosas que no son de la organización terrorista al uso. Por tanto, ya empiezas a hacer otro tipo de preguntas. La mochila dio otros elementos, como la dinamita que se encontró. Tienes los cartuchos, ves cómo están amasados, ves cómo se ha hecho el cruce de cables, que no tiene ni cinta aislante. Ves que es una chapuza súper eficaz, pero una chapuza. Vista la chapuza y visto donde está el explosivo, vas siguiendo las pistas detrás de ellos y la mayor parte del tiempo callado, porque no puedes contar nada.

 

I: ¿ Conocían de antemano la operación que iba a tener lugar en Leganés?

J.Á.: No. Había ya detenidos, había un seguimiento que la policía llevaba muy en secreto. Les localizan sólo por el error que comete alguno de los terroristas. Ellos estaban muy tranquilos en el piso, camuflados en un piso que habían alquilado hacía mucho y estas llamadas indiscretas permiten hacer una vigilancia. Cuando ven que uno de ellos baja la basura, confirman que pueden tener la posible relación de personas e inmediatamente se cerca Leganés. Los malos se dan cuenta y ahí es una prueba irrefutable del terrorismo islamista. Un terrorista, lo primero que busca es la vía de escape, antes que el objetivo. Lo segundo, ver si van a salir heridos o no. Está claro, en ETA tenían muy bien montada la huida con el segundo coche, no querían morir. Los seguidores de la yihad hablan de inmoladores. La prueba de este terrorismo híbrido es que se pusieron unas bombas de una forma muy cómoda en la que sabían que no iban a morir, pero que cuando se vieron acorralados en Leganés le dieron al on de la bomba y se cargaron a un Tedax.

 

I: ¿Qué les diferenció de los otros medios para poder sacar algunas de las informaciones clave que posteriormente se confirmaron en diversas etapas de la investigación?

J.Á.: La convicción informativa por las fuentes, la fuerza de las fuentes y sobre todo la ayuda que recibes de todos los elementos que te hacen contar la noticia. Tú sabes que tienes que confirmar la fuente una vez, pero hay que confirmarla dos y si tienes una tercera confirmación, la noticia puede ser de portada. Teníamos muchas fuentes y cada una de ellas descartaba el elemento ETA y no había otro elemento en el que sopesar encima. Por tanto era terrorismo islamista. A ti lo que te interesa como periodista es acercar la realidad que está sufriendo el país de ignorancia, a una verdad tangible, a una verdad que no se pueda cuestionar y ETA se podía cuestionar y el terrorismo islamista no.

 

I: ¿Cómo trataron ustedes la información del juicio del 11M?

J.Á.: Diseñamos una cobertura informativa de importancia porque nunca antes había habido tantos puntos que tocar por la dimensión. Enviamos a tres personas para cubrir el ambiente los primeros días. Luego ya se pierde la intensidad informativa y te centras un poco en las declaraciones y en lo que hay, en la información más social. Todo esto es tres años después, y las víctimas siguen teniendo secuelas, mucha gente necesita asistencia, y esos puntos no se dejan de cubrir.

Javier Álvarez, redactor jefe de Tribunales de la SER./F: José Ángel García

 Javier Álvarez, redactor jefe de Tribunales de la SER./F: José Ángel García

 

I: ¿Cree que desde la Cadena Ser trataron adecuadamente a las víctimas en comparación con otros medios?

J.Á.: Creo que nosotros hicimos una cobertura estéticamente impecable. Con sus fallos, porque los fallos los daba la actualidad y el mogollón al que nos enfrentábamos por primera vez en la historia de este país de tal magnitud, que incluso las fuentes se equivocaban. Esos fallos se van limando como en cualquier experiencia novedosa a la que te encuentras. El tratamiento de las víctimas fue lo más escrupuloso. Siempre pensamos que las víctimas era lo más importante pero es verdad que los primeros días, aún siéndolo y teniendo una cobertura especial hacia ellos, también era más importante saber quién había sido. Este país necesitaba saberlo, no solo por necesidad informativa o egoísmo informativo, sino porque las víctimas reclamaban saberlo. Pero la cadena humana, radiofónicamente, funcionó muy bien.

 

I: ¿Y el resto de medios?

J.Á.: En el resto de medios, la valoración deben hacerla los medios. Sería lo justo en un enfoque periodístico. Yo tengo una opinión personal de lo que hizo El Mundo y lo que hicieron otros medios. Veían la realidad como la veíamos nosotros. Las fuentes son las mismas, a lo mejor no las personas, pero sí el origen, pues las fuentes de la lucha antiterrorista no pueden diferir una de otra. Cuando un río suena tan caudaloso como sonaba, es muy difícil apartarse de lo que es claro. Lo que era impensable eran algunas teorías tan kafkianas. ¿Cómo alguien puede pensar que se meten cadáveres en el piso de Leganés, cómo se puede pensar que los matamos al entrar? Son cosas de sentido común. Algunos medios pensaron que esta era una buena brecha para vender periódicos, para vender radio, para vender tele y tiraron por ese lado.

 

I: ¿Dónde quedan los sentimientos del periodista?

J.Á.: Todos tenemos familia, primos y gente que tiene la misma edad de gente que falleció. Te tiene que afectar. El periodismo parte del punto de vista aséptico y casi distanciado de la información, pero una parte de emoción tiene que tener la crónica. Hasta el mismo tono, el subir y bajar la frase, esa complicidad que buscas; todo esto funciona en radio. Llorar no. Tienes que aguantar el tirón porque para eso te pagan. Luego puedes llorar todo lo que quieras, pero en ese minuto no puedes dedicar 20 segundos en llorar, tienes que dedicarlos a contar. Y si lo cuentas con emoción, con empaque, y con calibre, mejor que mejor. En un momento así la emoción también te tiene que embargar.

 

I: ¿Cómo fue su experiencia personal?

J.Á.: Muy desagradable. Enriquecedora, del premio que nos dieron, pero muy triste. Tengo en la cabeza dos imágenes: una de los primeros minutos de la explosión fuera de la estación de Atocha y un montón de cadáveres tapados con mantas de muchos colores. Y la otra en Ifema. Una montaña lúgubre de ropa como la de los nazis, que no entiendes el porqué. Todo tipo de ropa quemada, con mochilas, con maletas, con papeles…Desde el punto de vista periodístico siempre pensamos cuando estamos en la Facultad lo que nos gustaría cubrir, algo grande. Te preguntas cómo actuarías y cuando llega, adquieres experiencia y mogollón de cosas, pero también tienes cinco litros de sangre.

Visto 1019 veces

Deja un comentario

Los comentarios están sujetos a moderación, por lo que pueden tardar un poco en publicarse o rechazarse.

Buscar

@infoactualidad_

¿Qué comemos hoy?

 
Ciencias de la Información

<PRIMEROS>

Hamburguesas con patatas

Alitas de pollo

Merluza en salsa

<SEGUNDOS>

Gazpacho 

Paella mixta 

Ensaladilla rusa

  

Infoactualidad no recaba datos personales de ningún tipo, pero emplea cookies para contar las visitas. La navegación por el sitio significa aceptar este uso.