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Miércoles, 14 Noviembre 2012 12:47

Una tragedia con muchos misterios por resolver

Escrito por  Paula Gómez de Tejada Espinosa

Para algunos es la crónica de una muerte anunciada, pues lo que parecía un mito, lamentablemente ocurrió de verdad. La “fiesta de los muertos” acabó convertida en una pesadilla para diversas familias madrileñas por la muerte de cuatro chicas y decenas de heridos en el Madrid Arena.

 

Era una fecha marcada en cientos de calendarios. Miles de jóvenes acudirían a lo que se suponía que iba a ser un gran evento del año, para celebrar la conocida noche de tradición celta: Halloween. Una de las fiestas más esperadas, por muchos jóvenes madrileños, era el concierto del Dj estadounidense Steve Aoki.

Mientras desde primeras horas de la mañana muchos hacían arder Twitter con tweets tales como “terminando el examen, ya pensando en el fiestón” o “esta noche promete gente”; otros andaban desesperados en busca de las últimas 500 entradas que faltaban por vender, según la organización del festival. El Thriller Music Park abría sus puertas a eso de las 23.00h, pero desde antes de las diez de la noche el metro ya  rebosaba de muertos vivientes y de zombies acompañados con bolsas con bebidas alcohólicas y cortes supurantes. Diana García, alrededor de la 1 de la mañana se encontraba de casualidad en la estación de Príncipe Pío (en ella se puede coger la línea 10, que llega hasta la parada Lago, donde se encuentra el Madrid Arena, la sala de la fiesta), y se sorprendió al ver la multitud de personas que había en el metro. “Nunca había visto tanta gente en los trenes”, comentaba.   Una vez que todos llegaron al mismo destino y con vaso de plástico en mano, fueron muchos los que calentaron su cuerpo alrededor del recinto en cuestión. Y es que prometía ser una fiesta fabulosa a la par que terrorífica.

Lo que nadie sabía de una noche que así empezó era su triste final. Puro caos. Después de que los teloneros acabaran su actuación, llegó el momento más esperado por los más jóvenes: la llegada del dj Steve Aoki. Cualquier lector que haya acudido a un concierto o a un festival, se sitúa en ese momento de estrés, en el que el artista empieza a pinchar y una gran mayoría excitada acude, atraída por la música, a la pista de baile. ¿Dónde estuvo el problema?

Al parecer, una de las pocas vías de acceso era un túnel de 3 metros de ancho, conocido ahora como “túnel maldito”. Los que salían de la pista y los que acudían eufóricos colisionaron en ese pasillo, envueltos de penumbra y desazón. El atasco duró varios minutos hasta que de repente se escuchó un petardo y alguien tiró la bengala. Según cuenta Miguel Rodríguez Fernández-Pacheco, “cada vez que se salía por este túnel se formaba un cúmulo de gente que oprimía. Como la gente que no había entrado al túnel no veía lo que se formaba, empujaban para pasar y tú no podías hacer nada, solo seguir andando”. Y es que ese choque en un pasillo dejó consigo cuatro víctimas por asfixia: Katia Esteban Casielles, de 18 años; Rocío Oña Pineda, también de 18; Cristina Arce de la Fuente, amiga de Rocío y Belén Langdon Real, de 17  años. Y una que sigue estable dentro de la gravedad extrema: María Teresa Alonso Vinateo, de 20 años.

Una imagen durante la avalancha. Fuente: finanzas.com

A pesar de la tragedia, nada de lo ocurrido en ese pasillo trascendió unos metros más allá, pues ni la policía ni la organización evacuaron la fiesta para evitar ataques de pánico. “No me enteré de nada de nada” afirma Javier Gago, uno de los asistentes.

El miedo, la pena y la frustración dan paso al “por qué”. Y es aquí donde se abre un nuevo tema de debate: ¿se hubiera podido evitar? Si bien es cierto que el lanzamiento de petardos, correcalles (petardos que avanzan tras explotar) y de la bengala fue uno de los detonantes de que se produjera la avalancha; el exceso de aforo también. Infinidad de testigos, incluso el propio Dj en una red social, aseguran que se rebasaron las 10.000 personas autorizadas. Aoki escribió que se encontraban “20.000 personas” en el recinto, pero poco tiempo después eliminó el tweet.

Un relaciones públicas, que prefiere ocultar su nombre, comentaba para Canal 24h que se triplicaron la venta de tickets, que no hubo ningún control de entrada y que incluso había gente que se coló. “En las puertas no se pedía DNI, por lo tanto pudieron entrar menores de edad, y el lector de entradas estaba roto porque algunas entradas eran fotocopiadas”. Y es que de los 38 agentes de seguridad que había esa noche en el recinto, parece ser que sólo 5 estaban en el único acceso controlado.

Pero todo esto no coincide con lo que asegura el portavoz, Jorge Morales, quien asegura “que hubo un riguroso control de acceso y que se vendieron 9.650 entradas”. Actualmente este tema sigue a la espera del resultado de la investigación policial que pasa por el análisis de las 1.350 horas de grabaciones que registraron las cámaras repartidas por el recinto.

Y el debate continúa: ¿fueron correctas las medidas de seguridad y los protocolos de evacuación? Aunque la empresa organizadora, cuyo dueño es Miguel Ángel Flores, ha insistido en que el evento “cumplía todas las normativas del protocolo de seguridad exigidas por la Delegación del Gobierno”, personalidades como Paz González, concejal de Urbanismo, admiten que el Madrid Arena “no tiene licencia de funcionamiento y que tampoco cumple la normativa de seguridad actual”. Pese a estas declaraciones, la concejal ha salido inerte del caso.

Los errores tienen otro nombre: Seguribet, empresa encargada del orden y el registro de la zona, que sólo destinó cinco guardas al interior, que tenían que vigilar las puertas de emergencias y, además que registrar las mochilas de los asistentes, pero esto no lo hicieron según afirma Fernández-Pacheco. “Normalmente las entradas tienen dos partes, una con un código de barras (que es la que se quedan) y otra que te dan cuando entra consumición. Como en este caso no había consumición, te la quitaban” explica. Por otro lado, Kontrol 34 era la encargada de controlar el aforo y la autenticidad de las entradas.

La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, ha ordenado no alquilar, ceder ni consentir, ningún recinto municipal para macro fiestas tras la tragedia. El recinto, que hasta el momento se utilizaba para eventos deportivos y todo tipo de espectáculos tiene 30.000 m2 de superficie, en los que caben 12.000 personas.

Es difícil anticipar conclusiones sobre lo ocurrido, porque aún los datos e investigaciones están en proceso, pero todavía queda mucho por resolver y nadie quiere que esto quede en el olvido. ¿Tiene que pasar una tragedia para que se investigue y salgan a la luz declaraciones como las de la concejal Paz González? De momento el número tres del Ayuntamiento de Madrid, Pablo Calvo, ya ha dimitido tras estar imputado en este caso. Muchos buscan culpables, pero además de eso, lo importante es encontrar soluciones.

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