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Viernes, 12 Diciembre 2014 00:00

El único cementerio musulmán de Madrid tiene un precio

Escrito por 

En España hay 12 camposantos para 1,6 millones de musulmanes residentes. El único cementerio islámico de la Comunidad Madrid, situado en Griñón, cerró el pasado 18 de noviembre por incumplir con la ley mortuoria y el control sanitario. Hoy está abierto y se aprecian algunas sepulturas previstas para enterrar con cajas y sin sábanas a los fallecidos, en contra del rito musulmán.

Numerosos miembros de la Comunidad Islámica y algunos cristianos llevan concentrándose dos fines de semanas en la plaza Mayor de Griñón por la reapertura del camposanto. El viernes el lugar volvió a abrir sus puertas y el sábado 6 de diciembre se cumplió la tercera manifestación exigiendo nuevamente “la dignidad de la persona musulmana fallecida y el respeto al culto”, asegura Mostapha Chentouf, oriundo de Marruecos y con un hermano enterrado en la almacabra de Griñón. “Por fin estamos en nuestro cementerio, ¿pero a qué precio?”, dice Chentouf, junto a su mujer e hijos en este lugar de culto. La familia Chentouf explica que en las excavaciones, ya visibles del lugar, se enterrarán a los fallecidos rompiendo con sus costumbres a fin de “humillarles” y aumentar el beneficio empresarial a costa de los musulmanes. “En esta sepultura caben tres cuerpos, pero Griñón nos obliga a inhumar sólo a una persona. ¿Lo ves? Todo es por dinero”, sentencia.

Según el rito musulmán, el féretro se entierra sin ataúd y mirando a La Meca. Pero antes de la inhumación, el cadáver debe ser meticulosamente aseado. Mediante este proceso se logra eliminar los pecados del cuerpo y la persona puede reunirse con Alá en un estado de pureza. A continuación, el cuerpo es envuelto con sábanas blancas y, finalmente, es velado en el cementerio. Es decir, las familias se dirigen a Griñón para leer el Corán ante las tumbas de sus fallecidos. El cementerio se inauguró hace 60 años para dar sepultura a la Guardia Mora del general Francisco Franco, entonces nadie se pronunció sobre la ilegalidad de estos rituales. El pasado 18 de noviembre este camposanto cerró por incumplir con la ley mortuoria y controles de sanidad. Lo que significa, a juicio de la alcaldesa de Griñón, María Antonia Díaz Garrido, que “ya no se podrá enterrar sin caja, en una zona repleta de acuíferos, ni quemar después los féretros al aire libre como sucedía”, según expresó en la Cadena Cope. Es decir, los musulmanes deberán romper y adecuar sus costumbres. “En Marruecos se respeta al cristianismo y sus prácticas, en Griñón no”, enjuicia Mostapha Chentouf.

La ley mortuoria de Madrid

El territorio de la necrópolis musulmana pertenecía por escrito al Ministerio de Defensa, pese a que el Consulado de Marruecos figuraba como propietario en numerosas páginas webs. El 17 de noviembre, el Ejército -legítimo propietario-  traspasó la competencia del cementerio al Ayuntamiento de Griñón, tal como exige la normativa española. Por lo tanto, éste es el encargado de su regulación y administración. La alcaldesa de Griñón se comprometió a sacar a concurso el pliego de su explotación para “frenar el limbo jurídico” del camposanto y evitar que “la inhumación sea gratuita”, cumpliendo con las tasas y la ley mortuoria de Madrid. El Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid (BOCM) publicó el 6 de noviembre la adjudicación del territorio por un importe de 35.000 euros y los precios fijados para los distintos servicios.

Mohamed, propietario de la carnicería y centro de alimentación Al-Nur en Madrid, arremete contra el bajo coste de los trámites funerarios que argumentaba María Antonia Díaz Garrido. Él conoce el precio del procedimiento porque enterró en Griñón a su hija pequeña y le costó aproximadamente 1600 euros. La argelina Fátima Gourari contabiliza el gasto en cerca de 1150 euros, el porqué está en el cementerio: “nadie entierra gratis” (ella también reza en Griñón). No obstante, El-Zubir, marroquí encargado de la seguridad de la mezquita de la M-30, reconoce que el coste en Griñón es menor que el propio de la Almudena, por ejemplo, porque ellos no son ricos. “Poder enterrar a un familiar debería ser un derecho humano con independencia del poder adquisitivo”, considera El-Zubir.

Con Franco el cementerio era legal y en la democracia de 2014 es ilegal

Aún están esperando cuatro cuerpos en la mezquita de la M-30 a poder ser enterrados y entre los fallecidos se hallan niños. “Yo te pregunto, ¿por qué no cerraron nuestro camposanto hace 60 años? La respuesta es el racismo actual”, enjuicia la argelina Fátima Gourari. Mohamed, marroquí con una hija enterrada en Griñón, coincide en la misma percepción: “Racismo es cerrar un cementerio argumentando una ilegalidad antes legal”. Una misma pregunta se hace repetitiva hasta en las puertas de la mezquita de la M-30. “¿Por qué para el general Franco nuestro cementerio cumplía con la normativa y para la alcaldesa de Griñón no?”, inquieta El-Zubir, desde la cabina de seguridad de la mezquita.

El cementerio islámico está en Griñón por una razón: la importancia de dicho lugar durante la Guerra Civil Española. Diego Torres, ciudadano de esta localidad y estudiante de Ingeniería Electrónica Industrial y Automática en la Universidad Carlos III, explica que el 27 de octubre de 1936 las tropas nacionales al mando del general José Enrique Varela (conocido como “El Moki” o “El Jefe” entre la Guardia Mora) tomaron Griñón. Así el colegio de La Salle se habilitó como hospital militar para los soldados marroquíes y atendieron a unos doscientos mil heridos. También afirma que existen “rumores” sobre la existencia de varios túneles subterráneos que comunican el colegio con el centro del pueblo. Un mes después de la toma de Griñón, -prosigue la argumentación de Diego Torres- el general Varela ingresó herido en el hospital y fue visitado por el propio Franco. El Caudillo decidió ceder, verbalmente, 10.000 metros cuadrados para dar sepultura a los combatientes musulmanes que morían en los campos de batalla próximos a Madrid.

7.000 firmas para reabrir un cementerio

La reapertura del cementerio de Griñón ha urgido la firma de más de 7.000 personas, gracias, concretamente, a la petición de Nuria EI-Haddad a través de “Change.org”. La carta comienza así: “Imagina que al dolor de perder un familiar se le sumara la incapacidad de poder afrontar el duelo por no poder dar sepultura a su cuerpo”. Concluye: “Todo ser humano tiene derecho a ser enterrado dignamente y respetando sus últimas voluntades. Firma, difunde, comparte y divulga el mensaje: la comunidad musulmana está siendo pisoteada”. Diego Torres sí firmaría este mensaje porque los habitantes de Griñón respetan la diversidad de culturas.

 “Admiro a la sociedad española y su solidaridad para con nuestra religión. Lo que no entiendo es el porqué de Arabia Saudí y de los grandes países musulmanes de ignorar a sus compatriotas más allá de sus fronteras. Deberían obviar el precio de un jugador de fútbol por invertir en un cementerio y velar por los difuntos”, considera Fátima Gourari. Al camposanto islámico de Madrid llegan inclusive los féretros de Castilla- La Mancha y Castilla y León, porque sólo hay 12 cementerios en todo el territorio español. 

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