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Domingo, 02 Noviembre 2014 01:00

Campo de Cebada, rehabilitación de un sentimiento

Escrito por 

 

Sin necesidad de grandes excavadoras ni presupuestos que cuadren cuentas, los vecinos de La Latina han logrado dar vida a un simple solar para convertirlo en un lugar diferente. El Campo de Cebada es a día de hoy una realidad palpable, tanto para vecinos, como para extraños. Se trata de un espacio donde todo tiene cabida, desde ancianos con un móvil, hasta jóvenes regando un huerto.

 El Campo de Cebada nace gracias a una iniciativa ciudadana. El objetivo era recuperar las características del céntrico barrio madrileño de La Latina, aprovechando el descampado que se había quedado después de que el Ayuntamiento derrumbase las instalaciones deportivas que allí se encontraban.

Pedro es componente de la Plataforma de Artistas del Campo de Cebada y en declaraciones a Infoactualidad recuerda cómo floreció la idea: “Todo comenzó hace 4 años, momento en el que el Ayuntamiento derruyó el polideportivo de la zona con el dinero del Plan E. Cuando quisieron hacer algo se encontraron con que no había dinero”. El resultado fue una parcela vacía en pleno barrio de La Latina, una auténtica mina de diamantes esperando a que alguien sacara provecho.

A raíz de esta cuestión, los vecinos del barrio optaron por solicitar el terreno al Consistorio y éste se lo cedió. “La idea surgió de La Noche en Blanco, cuando unos franceses hicieron una performance y se nos ocurrió la idea de comenzar el proyecto”, afirma Pedro. Fue entonces cuando nació el proyecto del Campo de Cebada que hoy conocemos. El designio no era otro que lograr un punto de encuentro en el epicentro de Madrid. Aquello que siempre había caracterizado a La Latina, un lugar de encuentro para asistir al mercado o al teatro. El solar vacío suponía una oportunidad para potenciar esa identidad que se estaba perdiendo.

Conscientes de que el camino a recorrer era largo y aceptando como buena cualquier mano dispuesta a colaborar con el proyecto, echó a rodar la activación del Campo de Cebada.

La mejora en infraestructuras tiene su origen en el trabajo desinteresado de vecinos, como Pedro, Flavia o Manu. Asimismo, también fue clave la creación de cursos que permitiesen mejorar el espacio, transmitiendo conocimientos sobre ellos a los voluntarios que estuviesen dispuestos a colaborar. Esta labor de retroalimentación permite al Campo “renovarse continuamente”, aseguran los integrantes de la plataforma de artistas.

Pero ese no es el único éxito logrado en el Campo de Cebada. Por el camino se ha conseguido encontrar ese espacio anhelado, destinado a la tertulia que se echa en falta en una ciudad tan impersonal como Madrid. Donde todo el mundo parece ansioso por llegar a alguna parte. El Campo se ha convertido en un espacio multifuncional: talleres, recitales, comedias e incluso conciertos dan vida a un proyecto que, lejos de venirse abajo, cuenta cada día con más adeptos. El motivo de su auge es  sencillo. Aquí no es necesario pedir permisos a nadie para organizar certámenes y eso facilita mucho la tarea. Pedro afirma estar encantado con la cantidad de propuestas que les llegan. “Nos gusta que la gente venga”, añade.  

 

¿Qué hace especial al Campo de Cebada?

La peculiaridad de este espacio es que sabe distinguirse del resto. Rodeado por el trasiego de la capital de España, conquista a sus visitantes con sus señas de identidad. La persona que entra en el Campo de Cebada, puede alejarse por un instante del barullo de la jungla urbana. “Es habitual ver a gente que llega a leer un libro o gente que para con un amigo a tomar una cerveza”, declara un usuario.

Según los fundadores de la idea “es un espacio donde lo marginal se vuelve normal, lugar idóneo para sentarse a charlar”. Y es que en el mismo punto puede haber gente regando cultivos, a la par que otros juegan con su smartphone. La palabra tolerancia se encuentra marcada con tinta en sus paredes.

Aquello que fuera del parque es considerado como un acto indisciplinado, encuentra cobijo en el cemento sobre el que se asienta la plaza. Muestra de ello son los grafitis que decoran los muros. Algunos reivindicativos, otros simplemente expresan aquello que el autor estima que merece ser inmortalizado. No obstante, las pinturas tienen una vida inferior a la que sus autores desearían, ya que son renovadas constantemente para cubrir la demanda de artistas callejeros que desean plasmar su firma en uno de los emplazamientos más innovadores de Madrid. “La gente respeta mucho los muros y han llegado a venir artistas de la talla de Blu”, reconoce Pedro.

El Campo de la Cebada acoge actividades de todo tipo. Desde pistas de fútbol sala y baloncesto, donde niños y adultos practican deporte, hasta zonas de reunión a diferentes alturas o la inclusión reciente de una cúpula. Algo que haga más habitable el parque a los visitantes durante el frio invierno.

La plaza tiene dos caras. Durante el día permanece semivacía, a la espera de que la gente complete su jornada laboral. Llegando a recordar la imagen de lugar abandonado. Con la llegada de la tarde todo cambia, muestra su mejor perfil. Sus usuarios acuden en multitud para recrearse, cumpliendo el sueño de los vecinos y alcanzando una atmósfera idónea para el palique.

Como en las mejores casas, también surgen problemas que la organización trata de atajar de la mejor manera posible. El modo de resolverlos es a través de asambleas, donde los voluntarios se reparten las tareas. Flavia reconoce que la principal dificultad es la basura que se genera. “Estamos buscando soluciones, como poner carteles, dar charlas o incrementar el número de papeleras en el recinto”, asegura.

Todo esfuerzo tiene su recompensa. La primera es la satisfacción personal de haber conseguido construir un espacio destinado a socializarse, cada vez más extinto en la ciudad. Pero, el Campo de Cebada ha recibido otros reconocimientos, como los de la Fundación Arquía, Golden Nica o el premio Beau.

Ahora que el ser humano aumenta su inquietud por lo tecnológico y la creatividad se ve  cada vez más ahogada, aparece una iniciativa que reivindica una postura diametralmente opuesta. Un grito sordo frente a los nuevos tiempos, una rebeldía que está calando hondo en pleno corazón de la capital de España.

 

 

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