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Lunes, 25 Febrero 2013 22:52

Impresionismo y aire libre: de Corot a Van Gogh

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Desde el pasado 2 de febrero y hasta el próximo 12 de mayo, todo aquel que se acerque al Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid podrá disfrutar de una rica colección de pintura al aire libre, en una exposición que rinde culto a la naturaleza y a la forma de mirarla que tiene el hombre.

Se trata, sin duda, de una buena forma de desconectar del tráfico, ruido y polución de la ciudad: la muestra recoge una colección de lugares a los que viajar, ventanas a las que asomarse para respirar aire fresco.

Pero esta exposición, a diferencia de otras, no se centra en un autor en particular, ni siquiera en un determinado momento de la historia del arte: lo que hace es trazar un paseo sobre el desarrollo de la técnica de pintar al aire libre, que empieza con los paisajistas italianos del siglo XVIII y culmina con el impresionismo, cuando esta práctica alcanza su máxima expresión.

 

Sin embargo, el Thyssen ha decidido no colocar las obras de manera cronológica, sino siguiendo un criterio temático. Esto hace que se mezclen en cada una de las 7 salas autores que, aunque no fueran coetáneos, pintaron las mismas cosas.

 

La primera sala es la de ruinas, azoteas y tejados. Italia en general y Roma en particular son las protagonistas, con esas ruinas majestuosas hoy cubiertas por una vegetación que evidencia el paso de los años. De ahí pasamos a la sala rocas, un elemento rudo, áspero y árido de la naturaleza que no pocas veces ha servido para evidenciar la soledad del ser humano. De sala en sala van bailando cuadros de Pierre-Henri de Valenciennes, Cezáne o Monet.

 

 La siguiente parada son las montañas, representadas casi como un monumento, y su cima, como una fuente de inspiración. Y de las montañas, pasamos a los bosques, en la sala de árboles y las plantas, donde destacan los bellísimos trabajos de Monet. Cada bosque con su luz particular, uno de los elementos más característicos de la pintura al aire libre: los pintores, especialmente los impresionistas, pintaban rápido, ya que al avanzar la luz cambiaba totalmente el aspecto de lo que estaban viendo. Se trataba, por tanto, de detener ese instante que tenían ante sus ojos, como si de una fotografía se tratase.

 

Sorolla, Manet, Sisley, Van Gogh… una excepcional y lujosa reunión de maestros cuelgan en las paredes de la exposición, paisajes que conversan unos con otros. Desde las tranquilas y apacibles escenas de Manet hasta la representación que Van Gogh hizo del hospital psiquiátrico donde estaba ingresado, la exposición nos muestra escenarios que animan a meterse dentro del cuadro y pasear por su escenario.

 

Pasamos a las cascadas, lagos, arroyos y ríos, elementos icónicos e imprescindibles para quien pinta paisajes. Y de ahí, a las dos últimas salas, quizás las más bellas de la exposición, por reunir los que probablemente son los elementos más importantes del paisaje: cielos y nubes en una sala y el mar en otra.

 

Nubes de tormenta, que dejan entrever los primeros y tímidos rayos de luz; nubes alegres, de verano, nubes amenazadoras, nubes que soplan entre el viento, nubes tranquilas dibujadas por Boudin, Van Gogh o Emil Nolde.

 

Y la última sala queda reservada para uno de los elementos más mágicos y fascinantes de la naturaleza: el agua, el mar. El mar y la relación de este con el ser humano: mares enfurecidos, que parece que nunca van a volver a la calma; mares amaneciendo con sus pescadores volviendo tras la jornada; mares de verano, mares de septiembre que contemplar dando un paseo por la orilla. La playa de Brighton, la bahía de Nápoles, la costa de Normandía e incluso la playa de San Esteban, en Asturias, se concentran en esta sala que pone punto final a la muestra.

 

Termina así una exposición, que si bien no es la mejor que ha tenido el Thyssen en los últimos tiempos (las anteriores, Gauguin y sobre todo Hooper, son duras competidoras) no deja de ser un bocanada de aire nuevo, una exposición que te permite volar hacia lugares desconocidos, lugares universales (porque la naturaleza existe en todas partes) y apetecibles en los que sentarse a descansar, contemplar el paisaje, y seguir tu camino.

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  • Águila de Sangre

    La incisión debe hacerse por la espalda, es en la zona de las costillas donde se encuentran los pulmones. Es necesario deshacerse de la caja torácica, al menos de su parte posterior, para poder retirar sus órganos y posarlos sobre los hombros, sangrantes y todavía palpitando. En el inicio de la sala, un hombre establece un ritmo de cadencia óptima Leer más
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Mal viaje

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