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Martes, 18 Diciembre 2012 12:08

El Hobbit: Reencontrarse con la magia

Escrito por 

 

En un agujero en el suelo, vivía un hobbit. No un agujero húmedo, sucio, repugnante, con restos de gusanos y olor a fango, ni tampoco un agujero seco, desnudo y arenoso, sin nada en que sentarse o que comer: era un agujero-hobbit, y eso significa comodidad”.

 Con estas cálidas palabras empieza el libro de Tolkien y también la película de Jackson, recordando así a los amantes y nostálgicos de El Señor de los Anillos el maravilloso pueblo que vimos por primera vez en la gran pantalla hace ya once años: La Comarca. La tranquila, pacífica y alegre Comarca, con sus curiosos y entrañables habitantes: los Hobbits.

 

Jackson consigue despertar las mismas sensaciones con la primera película de esta esperadísima trilogía, que las que despertó con aquella que le hizo escribir con mayúsculas su nombre en la historia del cine. Si bien El Hobbit no tiene una historia tan potente como la de El Señor de los Anillos, donde había dos mundo antagónicos absolutamente enfrentados, representando uno el bien y el otro el mal, sí que cuenta con muchos ingredientes comunes: el valor necesario para emprender el viaje, el coraje infinito de quienes no tienen nada de su parte pero saben que luchan por una causa justa, la generosidad de quien lo da todo por el otro y el valor de la amistad.El Hobbit, un viaje inesperado

 

Para los que se preguntaban cómo podía ser posible que un libro de unas escasas 300 páginas, se hubiera convertido, otra vez, en una trilogía de tres horas cada film, les diré que uno sale del cine sin la sensación de haber estado tres horas ahí metido. Sí que es cierto que falta un poco de ritmo al principio, en la primera media hora: digamos que Jackson se recrea demasiado en la cena de los enanos. Pero a la mañana siguiente, cuando vemos a un emocionado Bilbo que sale corriendo de casa al grito de “¡voy a emprender una aventura”!, ahora sí, empieza el movimiento que esperábamos de semejante producción.

 

Y aparecen otra vez los países majestuosos de Nueva Zelanda, que casi sobrecogen, con esa música a veces poderosa, a veces delicada. Otra vez reencontrarnos con viejos conocidos: Gandalf el Gris con su interminable sabiduría y sus salvadoras apariciones, un desconcertante Saruman que ya apuntaba maneras, un jovencísimo Frodo y un inexperto pero divertido Bilbo. Porque, de alguna manera, para eso sirve El Hobbit: para conocer algo más sobre Bilbo,  quien al fin y al cabo, fue el origen de todo lo que vino después.

 

Gandalg y GaladrielY también está Galadriel, la maravillosa, bellísima y enigmática Galadriel. Y con ella, Rivendell, la onírica  y perfecta ciudad élfica a la que cualquiera nos mudaríamos mañana mismo. Por un momento, el espectador querrá que aparezcan Aragorn y Arwen. Y si nos ponemos también Legolas, Sam, Gimli, y toda la compañía. Pero no, en esta película descubriremos otros personajes igualmente valientes y curiosos: Radagas el Pardo, otro de los cinco magos, junto con Gandalf y Saruman, así como los trece enanos, con Thorin Escudo de Roble a la cabeza,  que son el germen de esta aventura. El periplo no es otro que recuperar la tierra perdida, Erebor o Montaña Solitaria, que fue arrebatada años atrás a los enanos y que ahora está habitada por el dragón Smaug.

 

Y básicamente esa es la historia: la búsqueda de la tierra prometida, con el componente bélico y emocional que supone la humillación de que haya sido, además, una tierra arrebatada por la fuerza. Una búsqueda que, a la vista está, ha dado para mucho. Y quitando algunos errores de guión que introducen incomprensibles frases de humor americano moderno, se trata de un viaje plagado de la esencia del universo Tolkien, pero con la espectacularidad inconfundible que le otorga el sello de  Peter Jackson. Una espectacularidad a la que, sin duda, ha contribuido un presupuesto más que ambicioso que triplica al de El Señor de Los Anillos: 270 millones de dólares para cada entrega.

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  • Águila de Sangre

    La incisión debe hacerse por la espalda, es en la zona de las costillas donde se encuentran los pulmones. Es necesario deshacerse de la caja torácica, al menos de su parte posterior, para poder retirar sus órganos y posarlos sobre los hombros, sangrantes y todavía palpitando. En el inicio de la sala, un hombre establece un ritmo de cadencia óptima Leer más
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Mal viaje

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