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Martes, 06 Mayo 2014 20:26

Entre las calles de Madrid

Escrito por 

Un lugar pintoresco lleno de bullicio y alegría, donde diferentes colectivos sociales se integran para crear un entorno llamativo. Así son los rastrillos que ocupan las calles de Madrid y sus pueblos, un lugar donde encontrar desde lo más exótico hasta lo más antiguo en un mismo espacio.

El primer mercadillo que nació en las calles de la capital lo hizo hacia el año 1740, como forma de poner a la venta cosas usadas y conseguir algunas monedas que permitieran continuar el día a día.  Las personas que vendían se les denominaba ropavejeros y comenzaron a instalar sus puestos en la Plaza de Cascorro y la Ribera de Curtidores, zona donde la artesanía fluía junto al matadero que se encontraba situado en esta zona. Desde entonces, el casco histórico de Madrid se llena de puestos al aire libre que se han convertido en parada obligada para los turistas.

Los domingos, un sendero de puestos, se abre paso recorriendo las calles de la ciudad, y un griterío incesante de ofertas te inunda los oídos intentando conquistar tu atención para que compres, ya que en este entorno quien mejor promocione su oferta y mejor calidad/precio tenga, conseguirá llevarse al cliente.


El Rastro cuenta con 1430 puestos siendo el más grande de toda la Comunidad de Madrid y según cuentan las historias podría adquirir ese nombre por el rastro de sangre que dejaban las reses en las calles donde ahora se instala y que antes contaba con cerca de 3 mataderos de venta al por mayor.  


La cuna de la artesanía donde se instala hace que los puestos ofrezcan una variedad muy suculenta de productos: ropa, antigüedades, productos acabados en piel, zapatos, bisutería, libros, menaje… pero encontrar aquello que más te guste está en tus manos, y en el arte de revolver entre la mercancía como si de las rebajas se tratara.


Grandes carteles de precios se yerguen inamovibles entre el incesante ir y venir de ciudadanos que los revisa con ahínco como si de un casting se tratase, hasta elegir el que más llame su atención para pararse. Hay que resaltar las faltas de ortografía en los carteles, que dan ese toque peculiar a este entorno.


La diversidad también está en el público que acude a disfrutar de tan especial escenario social, turistas que se difuminan con ese arte calé de los gitanos, hippies y heavies compartiendo una misma calle donde encontrar el puesto que mejor se adapte a su forma de vida.


Pero el Rastro aunque es el más grande no es el único mercadillo que se distribuye en la comunidad, cada día un pueblo o ciudad de Madrid acoge entre sus calles estos puestos ambulantes que con la actual crisis económica han incrementado la afluencia de personas, ya que se ha convertido en una opción económica y alternativa a los exacerbados precios de las tiendas.


Y tras observar aquí y allá, una constante se repite, los puestos que se rodean de más número de personas son los más atractivos, y es que como dice el dicho, donde va Vicente va la gente, por lo que un puesto lleno es oferta asegurada.


José lleva 5 años colocando su puesto de ropa en el rastro de la Avenida de Asturias, y aunque ha notado el incremento de personas que lo visitan asegura que “realmente a la hora de comprar se lo piensan más”. Arturo por su parte lleva 20 años recorriendo los pueblos de la comunidad, montando y desmontando su puesto de menaje cada día, y aunque considera “es una vida cansada” dice le aporta una estabilidad económica para vivir bien el día a día


Es necesario recordar que cualquiera que lo solicite puede montar su propio puesto acudiendo al Registro General de Comerciantes Ambulantes de la Consejería de Economía y Empleo, y dependiente de la Dirección General de Comercio y Consumo de la Comunidad de Madrid, que le otorgara la licencia para vender aquellos productos que el solicitante ha requerido, y cumpliendo como requisito que el puesto sea de carácter desmontable y con una longitud mínima de 5 metros.


En definitiva los mercadillos han demostrado un arraigo social impecable, siendo parte de la cultura española y más madrileña, por lo que cada vez van creciendo más en las calles de los pueblos y ciudades, para ofrecer al público una alternativa variada en su entorno más cercano, las propias calles por las que camina cada día.

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    La incisión debe hacerse por la espalda, es en la zona de las costillas donde se encuentran los pulmones. Es necesario deshacerse de la caja torácica, al menos de su parte posterior, para poder retirar sus órganos y posarlos sobre los hombros, sangrantes y todavía palpitando. En el inicio de la sala, un hombre establece un ritmo de cadencia óptima Leer más
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Mal viaje

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