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Lunes, 20 Abril 2015 18:28

Condenados por amar lo prohibido

Escrito por 

 

La homosexualidad está castigada en muchos países del mundo. Las penas pueden suponer castigos de tortura, violación, encarcelamiento e incluso la condena a muerte. Junto a las limitaciones de la ley y las duras sanciones, las personas homosexuales tienen que hacer frente a la férrea discriminación que ejerce la población, los medios de comunicación y los líderes religiosos y políticos, en los lugares más restrictivos del mundo.

 

En el planeta, hay más de 80 países en los que la homosexualidad está declarada ilegal y es castigada por las leyes. Como apunta Carlos Sanguino, responsable del área de diversidad afectivo-sexual en Amnistía Internacional España, “esto no entiende de zonas geográficas, está extendido en varios continentes”. Concreta que el que presenta una situación más preocupante es África, donde 36 estados condenan con severidad la homosexualidad. El miembro de la organización explica que la situación en estos países (como Camerún, Egipto, Libia, Marruecos, Túnez o Kenia) es muy grave, ya que sus ciudadanos no pueden revelar con facilidad que son personas homosexuales, dada la criminalización y los castigos a los que pueden ser sometidos. “Son víctimas de discriminación, no solo por el gobierno, sino por sus vecinos y los programas de televisión”, puntualiza Carlos Sanguino. A pesar de estas restricciones, existen países donde las relaciones entre mujeres están permitidas, mientras que entre hombres están prohibidas. Sierra Leona, Seychelles y Zambia son ejemplos de este tipo de contradicción.

El peligro del colectivo homosexual a ser condenado a muerte

La pena de muerte es el caso más extremo del castigo por homosexualidad. Sucede en 10 países del mundo, como Nigeria, Irak, Mauritania, Yemen e Irán. “No es solo un problema africano. Afecta a varias partes del planeta”, apunta el responsable del área en Amnistía Internacional. En Uganda, la situación es especialmente preocupante. Su presidente, Yoweri Museveni, tiene sobre la mesa un nuevo proyecto legislativo que prohibiría la práctica de “relaciones sexuales antinaturales”, así las definen entre individuos del mismo sexo. El texto prevé que las personas homosexuales puedan ser castigadas con penas de hasta siete años de prisión. El Gobierno estudia la aprobación de esta ley, a pesar de que el Código Penal considera ilegal el encarcelamiento de estas personas. El proyecto de ley castiga también cualquier “promoción” de la homosexualidad, así como a aquellos que alquilen locales para este fin o la difusión por Internet. Una persecución ampliamente abierta.

Según un informe de Pew Research Center, publicado en junio de 2013, la homosexualidad tiene mayor aceptación en aquellas sociedades donde la religión no tiene un peso importante y en los países menos pobres. De esta forma, el 98% de los nigerianos consultados, el 96% de los ugandeses y el 90% de los kenianos consideran inaceptable la homosexualidad.

La libertad sexual, amenazada por el terrorismo

En los países donde el grupo terrorista Estado Islámico ha proclamado su califato -Siria e Irak- se han conocido noticias en los últimos meses de asesinatos de homosexuales. El pasado noviembre, fueron ejecutados dos jóvenes en Siria tras haber sido encontradas grabaciones en las que mantenían relaciones sexuales, según ha denunciado el Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. Uno de los chicos, de 18 años, fue asesinado a pedradas. Otro, de 20, no relacionado con el caso, fue ejecutado por la misma razón.

Según el organismo, estas han sido las primeras ejecuciones por homosexualidad del grupo terrorista. Hechos muy parecidos han vuelto a reproducirse hace apenas una semanas. Esta vez, los yihadistas degollaban en público a cuatro jóvenes homosexuales en Mosul, en el norte de Irak. Tenían edades comprendidas entre los veinte y los treinta años. Los habitantes del barrio de Al Rashidia fueron llamados a presenciar la atrocidad, según explicó el funcionario de la administración local Mohamed Fares. Los terroristas degollaron a los cuatro jóvenes con cuchillos mientras coreaban lemas religiosos y gritaban "Allahu Akbar" (Dios es grande).

A pesar de la crudeza de estos hechos, la historia no acaba aquí. El pasado seis de enero, cuatro jóvenes -de entre 16 y 28 años de edad- fueron lanzados desde una azotea, acusados de ser homosexuales. El hecho volvió a repetirse a principios de marzo de este mismo año cuando varios miembros del Estado Islámico secuestraron a un joven de veinte años al cual le vendaron los ojos y fue arrojado vivo al vacío desde una azotea en la ciudad siria de Raqqa. Durante la barbarie, una multitud se reunía expectante en la plaza con gritos de “Alá es grande”. Tras ser lanzado, decenas de personas se acercaron a lapidarle para acabar, definitivamente, con su vida.

Panorama internacional del matrimonio homosexual

El matrimonio entre personas del mismo sexo también está castigado en muchos países, aunque se encuentra legalmente permitido en quince (entre ellos Holanda, Bélgica, Canadá, España y Noruega) junto a algunas zonas de Estados Unidos y México; y en Brasil, por orden del Tribunal Supremo. En Nigeria, el país más poblado de África, está penado con catorce años de prisión, según una ley aprobada por el entonces presidente del país, Goodluck Jonathan. Además, cualquier persona que muestre en público una relación homosexual puede ser condenada a diez años de prisión. El texto legislativo subraya que "el matrimonio o unión civil entre personas del mismo sexo no se puede formalizar en ningún lugar de culto, sea una iglesia, una mezquita o cualquier lugar en Nigeria”.

La población, en un país de mayoría cristiana y musulmana, se muestra, mayoritariamente, a favor de la ley nigeriana. El portavoz del jefe del Gobierno, Reuben Abati, declaró que la ley había sido aprobada porque se correspondía con las creencias religiosas y culturales de los nigerianos. Añadió, además, que el 90% de la población se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo. La aprobación de esta ley recibió la oposición de gobiernos occidentales, que amenazaron a Nigeria con reducir las ayudas de cooperación al país. Entre las presiones, se encontró la del primer ministro británico, David Cameron, que advirtió que se replantearía el envío de ayudas a aquellos países que no respetaran los derechos de las personas homosexuales. Carlos Sanguino, de Amnistía Internacional, se muestra optimista y asegura que “se va avanzando lentamente. Cada vez hay más países que recogen el derecho al matrimonio homosexual”.

La excepción africana

Sudáfrica se ha convertido en el refugio para los homosexuales del continente. Es el único país africano donde está permitido el matrimonio entre personas del mismo sexo. Hasta 2011, se habían realizado en el país 3.327 celebraciones matrimoniales bajo la Ley de Uniones Civiles, según reporta Statistics South Africa. Desde 2008 concede el derecho al asilo internacional a quienes sean perseguidos por sus gustos sexuales. El país reconoce la legalidad de la homosexualidad, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la adopción por parte de homosexuales; y prohíbe todo tipo de discriminación hacia este colectivo. Además, el cambio de sexo es legal, así como el permiso de incorporación al servicio militar a las personas homosexuales. Estos son los datos, pero la realidad puede ser muy distinta. Según el estudio de Pew Research Center mencionado con anterioridad, el 61% de la población sudafricana no considera aceptable la homosexualidad.

La discriminación de la homosexualidad en el mundo desarrollado

No toda la discriminación del gusto por el mismo sexo se centra en África. El resto del mundo sigue preocupándose también por sus gustos sexuales. El desarrollo en la materia no es tan evidente. En Estados Unidos, la Agencia Estatal de Medicamentos (FDA) emitió a finales del pasado año su recomendación de suprimir la prohibición de donar sangre a las personas homosexuales, una ley vigente desde 1983. Pero el cambio no termina con las limitaciones y la discriminación. Tan solo podrán donar sangre aquellos hombres que hayan mantenido su última relación homosexual hace al menos doce meses. La misma situación ocurre en Japón o Suecia. En Canadá y Nueva Zelanda deben pasar 5 años. España, en cambio, es uno de los países del mundo que permite donar sangre sin restricciones. “No hay criterios de ningún tipo que permitan entender que puedan donar sangre las personas heterosexuales y que no puedan hacerlo las homosexuales”, apunta Carlos Sanguino.

Otro ejemplo de discriminación es la iniciativa popular en el estado de California que reza: "cualquier persona que toque a otra del mismo sexo para obtener gratificaciones sexuales debería morir con balazos en la cabeza o por cualquier otro método conveniente". El proyecto también prevé una multa de un millón de dólares, diez años de prisión o la expulsión del estado para quienes hagan “propaganda de la sodomía” -práctica del coito anal-. Para intentar detener la conocida como Ley de Supresión de los Sodomitas, la fiscal general de California, Kamala Harris, ha ordenado que se detenga la propuesta. Ha declarado en un comunicado que "no solo amenaza la seguridad pública, sino que, también a todas luces, es inconstitucional, totalmente censurable y no tiene cabida en una sociedad civil". En el caso de conseguir las firmas suficientes, la propuesta sería llevada a un referendo. 

En España, según la ONG por la no discriminación, existe en la sociedad una tendencia de aceptar cada vez más la homosexualidad, aunque la realidad es que siguen existiendo muchos prejuicios. “Sigue habiendo miraditas, risitas, chistecitos y comentarios que a veces te hacen pensar que hay quien no acepta la homosexualidad, como realidad tan válida como cualquier otra”, comentan desde la organización. 

Como solución al problema de las condenas por homosexualidad, el responsable de Amnistía Internacional propone que los gobiernos occidentales, cuando se relacionen con los países que la criminalizan, pongan este tipo de problemas encima de la mesa. Defiende también que la ciudadanía debe sumarse a las campañas de concienciación y visibilizar el problema. Habrá que esperar entonces para comprobar si el mundo desarrollado decide defender los derechos humanos del colectivo gay ante la intolerancia y es capaz de olvidarse de sus propios intereses.

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