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Miércoles, 09 Diciembre 2015 21:29

Sudán del Sur, una guerra por el petróleo de África Oriental

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Soldados en Sudán del Sur. / Foto sin derechos Soldados en Sudán del Sur. / Foto sin derechos

Sudán del Sur se convirtió en 2011 en el Estado más joven del mundo tras su independencia de Sudán. El joven país está sumido desde 2013 en una guerra civil que enfrenta a las etnias dinka y nuer. Pero no sólo es un conflicto interno, sino que también involucra a Estados Unidos y China.

En julio de 2013, el presidente sursudanés Salva Kiir, de etnia dinka, y la mayoritaria del país, expulsó al vicepresidente Riek Machar (de etnia nuer) y a todos los nuer de los poderes del Gobierno. Por este motivo, más tarde, Machar lideró las fuerzas rebeldes para recuperar el poder perdido, lo que dio lugar a una guerra civil que continúa en la actualidad. 

La guerra por el petróleo

En el joven Sudán del Sur se libra una guerra civil entre las distintas etnias mayoritarias del país, dinka y nuer. Además, dicho país cuenta con grandes riquezas petroleras, aguas y bosques, por lo que una de las principales razones del conflicto armado es la rivalidad étnica por el control de las zonas de petróleo.

En este país vecino de la República Democrática del Congo y de Uganda, con los que juega un papel importante en la geopolítica mundial debido a las riquezas energéticas, participan indirectamente en el conflicto bélico las potencias China y EEUU por el reparto de control de África.

“Además de las rivalidades étnicas por el reparto del poder y el control de las zonas petroleras hay de por medio un elemento geopolítico de gran calado, el uno defiende los intereses de EEUU y otro los intereses chinos. Potencias que buscan por todos los medios repartirse el dominio de las riquezas petroleras”, argumenta el periodista colombiano de América Economía, además de escritor, José Mosquera.

En cuanto a su independencia de Sudán, Mosquera sostiene que EEUU y China apoyaron dicha independencia por los intereses políticos, económicos y militares en África Oriental, no por la situación social que atravesaban los sursudaneses, ya que el norte del país era islámico y el sur, cristiano. Además, se disputaban las zonas de recursos energéticos siendo la parte sur del país la que más petróleo producía. 

“Uno viste la camiseta de los yanquis y otro la de los chinos. El presidente Kiir es pronorteamericano y el vicepresidente al que destituyó es prochino”, dice el periodista.

Una de las mayores consecuencias de la guerra: el hambre

Según UNICEF,  con las continuas rivalidades étnicas por el control de las zonas de riquezas petroleras y de agua, casi dos millones se han convertido en desplazados internos y 645.000 personas han huido como refugiados a los países cercanos de Etiopía, Kenia, Sudán y Uganda.

La ONG Oxfam está presente en Sudán del Sur desde el comienzo del conflicto. El director de Oxfam en Sudán del Sur, Zlatko Gegic, informa de que dicha ONG trabaja en los Estados de Junqali y de Unidad, así como también en los menos afectados directamente por la guerra como Lagos y las tres Ecuatorias: Central, Oriental y Occidental.

Gegic sostiene que proporcionan alimentos, agua potable y servicios públicos de salud a todas las personas afectadas de forma directa o indirecta por la guerra. Además, les ofrecen redes de pesca, semillas, herramientas agrícolas… para que sean las propias familias las que diversifiquen sus fuentes de ingresos y, así, reconstruir sus vidas.

El director de Oxfam en Sudán del Sur argumenta que la crisis alimenticia del país es de las peores del mundo y que es la operación de apoyo más grande que se ha realizado en un solo país. De hecho, según la organización The Fund for Peace, ocupa el puesto número uno de Estados fallidos.

La ONU advierte de que está a punto de declararse hambruna en Sudán del Sur. Según Gegic, existen unos límites para que se dé hambruna en un Estado que no se han superado, a pesar de que están preocupados por las 30.000 personas que experimentan niveles de hambre extremos.

En total, son casi cuatro millones las personas que sufren hambre cada día, por lo que Oxfam hace hincapié en detenerlo aumentando los esfuerzos para proporcionar la ayuda que salve la vida de esas personas y, también, para evitar que más personas se sumerjan en esta grave crisis humanitaria.

En el pasado mes de agosto, el presidente Kiir firmó un acuerdo de paz con el resto de las fuerzas del conflicto. Gegic opina que es importante porque sienta las bases del fin de la guerra, pero señala que no se está respetando e insta a todas las partes del conflicto a cumplir el alto el fuego para poder construir una paz justa en Sudán del Sur.

El 26 de noviembre de 2015, EEUU, Noruega y Reino Unido pidieron que se formara en el país un Gobierno de transición de unidad nacional y advirtieron de que el acuerdo de paz del mes de agosto puede romperse, a lo que el director de Oxfam señala que las zonas del país menos afectadas son cada vez más inseguras. Destaca que es necesario escuchar a las diversas comunidades del país para lograr la reconciliación, no sólo a los que se enfrentan en la guerra.

Un acuerdo de paz no es suficiente para paralizar una guerra si éste no se respeta. Además, no solamente han de ponerse de acuerdo las fuerzas internas del país junto con las variadas comunidades, sino que también EEUU y el gigante dormido, China, deben pactar una solución justa si realmente quieren la paz en Sudán del Sur.

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