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Viernes, 20 Marzo 2015 15:46

Venezuela después de Chávez: un país al borde del colapso

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 Venezolanos residentes en Madrid se manifiestan contra el Gobierno de Maduro./Foto: Khrystyna Kinson Venezolanos residentes en Madrid se manifiestan contra el Gobierno de Maduro./Foto: Khrystyna Kinson

Dos años después de la muerte de Hugo Chávez, con Nicolás Maduro en el poder, Venezuela se encuentra sumida en una grave crisis política acentuada por el desplome de su economía, el desabastecimiento y la elevada inflación. Los problemas sociales, los homicidios, la corrupción y el recorte de libertades, han provocado la movilización de la población contra el Ejecutivo chavista.

La represión por parte de las fuerzas de seguridad de las manifestaciones pacíficas del año pasado dejó al menos 43 muertos y 800 heridos, muchos de ellos estudiantes. En el contexto de esas protestas hubo más de 3.000 arrestos. Según Amnistía Internacional, el Gobierno incurrió en graves violaciones de los derechos humanos, entre ellos el derecho a la libertad de reunión y de expresión: decenas de personas fueron detenidas de forma arbitraria, sufrieron abusos e intimidación y vieron negado su derecho a un abogado o a ser asistidos por un médico.

Carlos Delgado, de 22 años, estudiante de Publicidad y Marketing, participó en las protestas estudiantiles de febrero de 2014. El detonante fue el intento de violación de una estudiante en la Universidad de Los Andes, en el estado de Táchira, donde tuvo lugar la primera manifestación. “En un principio los alumnos se quejaban de la falta de seguridad y de protección”, declara el joven. Las protestas se extendieron por todo el país durante la primera mitad de 2014, en repudio a la brutalidad de las acciones policiales y a las detenciones de alumnos “cuyo único armamento eran los libros”.

A raíz de la reacción oficial y sus secuelas, los ciudadanos ya no sólo protestaban por la inseguridad, también pedían un nuevo Gobierno. Mientras marchaba en las protestas de Caracas, Delgado asegura que recibió varios disparos de perdigones en la cabeza y en las piernas. “La Guardia Nacional Bolivariana también nos lanzaba bombas lacrimógenas para dispersarnos”, afirma el estudiante. Algunos de sus compañeros fueron detenidos y acusados por su participación en las manifestaciones. Explica que él también recibió una citación judicial para personarse en la Policía y, por temor a futuras represalias, se vio obligado a abandonar el país y a su familia.

La crisis del chavismo y de la Revolución Bolivariana

“El chavismo ha calado en todo el entramado social venezolano, desde las clases menos favorecidas hasta las clases altas”, asegura Alberto Pérez, presidente de la Asociación de Venezolanos en España y miembro del partido opositor Voluntad Popular en Madrid. Pérez explica que, para los venezolanos, Hugo Chávez representaba la figura del “taita”: su guía y mentor, “padre de los desposeídos y de los pobres”. Reconoce que “era un líder carismático que ejerció esta figura con mucha intensidad”, razón por la cual gozó de una inmensa popularidad entre la población durante todo su mandato.

A juicio de Pérez, Nicolás Maduro, quien intenta mantener su legado, no posee la misma capacidad de liderazgo y de establecer relaciones directas con sus seguidores. Los venezolanos simpatizaban con Chávez no sólo por provenir de una clase humilde, sino porque “su forma de vida era cercana al ciudadano común”. El exmilitar impulsó un proyecto político denominado por él “socialismo del siglo XXI”, con el que pretendía erradicar la pobreza a base de gasto social. De este modo, decidió nacionalizar miles de empresas asegurando que el Estado no necesita al sector privado para impulsar la economía.

Por otro lado, Maduro ha heredado una economía débil que comenzó a deteriorarse durante la presidencia de Chávez, pues la crisis ya afectaba al país antes de las elecciones de abril de 2013. En su afán de expropiar tierras y empresas, el Gobierno chavista destruyó la producción nacional. Se ocupó casi exclusivamente del petróleo, desatendiendo los demás sectores económicos, hasta el punto de que Petróleos de Venezuela (PDVSA) aporta hoy el 90% de los ingresos del Gobierno. La caída de los precios del petróleo, la alta inflación, que ronda el 70% actualmente, y la excesiva dependencia de las importaciones de productos básicos son hechos que explican buena parte de lo que ocurre.

El problema del desabastecimiento

“Es impresionante ver en las tiendas aceite de oliva importado, que es todo un lujo, y no ver leche ni carne”, declara Pérez. La escasez de productos de primera necesidad como huevos, azúcar, lácteos y papel higiénico ha convulsionado al país y ha obligado a la población a hacer colas de varias horas en los supermercados en su intento de conseguir alimentos. Fernando Sousa, estudiante venezolano residente en la ciudad de Maracay, opina que el desabastecimiento se ha generado por la falta de producción nacional y la excesiva dependencia del petróleo. 

Según Delgado, Polar es la única empresa privada que sobrevive en Venezuela: fabrica 1,6 millones de toneladas de alimentos y genera el 3% del PIB no petrolero. A pesar de que la empresa produce a plena capacidad, es la única fuente de alimentos independiente del Gobierno y no logra abastecer a todo el país. Además, durante más de 15 años, ha sufrido el acoso del chavismo en varias ocasiones y ha sido amenazada con la expropiación. 

Pérez señala que el desabastecimiento también se debe al control del tipo de cambio impuesto por Chávez, que “impide la libre convertibilidad del bolívar hacia otras divisas”, de forma que los importadores no pueden pagar a sus proveedores. La fuerte demanda de dólares ha propiciado la corrupción y la creación de un mercado ilegal de divisas. Asimismo, el líder chavista impuso precios máximos para los productos básicos para tratar de controlar la inflación. Esos precios se han situado por debajo del precio de mercado, por lo que los fabricantes pierden dinero produciendo y esto ha provocado una crisis de la oferta. 

La inseguridad y el minado progresivo de la ley

Venezuela ocupa el segundo lugar en la lista de países con más homicidios del mundo, con una cifra de 25.000 muertos anuales. Por este motivo, lo que más preocupa a los ciudadanos es la inseguridad, independientemente de la clase social a la que pertenezcan. “Salir a la calle, ir al trabajo, hacer las cosas cotidianas se ha convertido en un riesgo”, asegura Sousa. La sensación generalizada es que el Estado no garantiza el derecho la vida y que la justicia ya no actúa como un poder independiente del Gobierno.

La Fuerza Armada Nacional Bolivariana tiene el monopolio de la comercialización y la producción de armas. En este sentido, Pérez responsabiliza al Gobierno de legitimar la violencia por permitir al ejército disparar contra manifestantes desarmados, y por la cantidad de muertes que se producen diariamente. Sousa considera que la Constitución no es respetada y que ninguna ley se cumple: “Todos los organismos públicos están sumergidos en la corrupción, los policías son parte de la inseguridad y se les teme mucho más que al hampa (mafia)”. 

La persecución de los disidentes y el hostigamiento a la oposición es otro tema que avala la vulneración de los derechos humanos en Venezuela. “El sistema judicial está politizado, es un brazo del Ejecutivo nacional y lo demuestra el caso del encarcelamiento de Leopoldo López, que sufre malos tratos y torturas en la cárcel”, señala Pérez. Él mismo asegura haber sido perseguido y golpeado por las autoridades bolivarianas cuando ejercía su cargo de Secretario de Jefatura Civil en una parroquia de Caracas, nombrado por el alcalde opositor Antonio Ledezma, actualmente en prisión. 

Mientras Maduro insiste en su inmovilismo de no negociar con la oposición, la descomposición del régimen se hace evidente. La sociedad venezolana se encuentra dividida, incluso dentro del propio círculo chavista.  A pesar de las altas rentas petroleras conseguidas en los últimos años, la ineficiencia económica y la mala gestión han conducido al país a la escasez. Y es que, cuando ha caído esa fuente de ingresos, se ha constatado que no hay otros motores de crecimiento.

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