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Lunes, 16 Marzo 2015 23:25

Entre las llamas de Valparaíso

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La ciudad chilena de Valparaíso, en llamas La ciudad chilena de Valparaíso, en llamas

La región de Valparaíso vio cómo el viernes un vertido ilegal de basuras comenzó a prender el bosque. Así se desató un incendio que se ha saldado con 560 hectáreas calcinadas y miles de personas evacuadas por la amenaza de las llamas a las poblaciones cercanas.

Las llamaradas amenazaron incluso a la capital homónima de la región y una de las ciudades más importantes de Chile. Las zonas altas de la ciudad (que se encuentra en un valle) vieron cómo el peligro del incendio se adentraba en la zona urbana.

16.000 personas evacuadas de forma preventiva, un muerto y siete personas heridas. Cifras que se quedan pequeñas comparadas con las del “gran incendio de Valparaíso” que acabó con 2.900 viviendas destruidas, 12.500 personas damnificadas, 15 fallecidos y 1.090 hectáreas calcinadas en los cerros de la ciudad.

Valparaíso ya está acostumbrada a estos incendios, por lo que las fuerzas del orden están preparadas para proteger a los porteños. Las altas temperaturas no ayudaron a la extinción desde el primer minuto: Es una zona muy ventosa y, al ser verano en ese hemisferio, el mercurio superó con facilidad los 25 grados. Es una de las complicaciones que señalaba el director de la Oficina Nacional de Emergencia, en referencia a las recomendaciones que hizo a la ciudadanía para iniciar la evacuación de las zonas “si fuera necesario”.

En los grandes incendios, en las grandes catástrofes, es cuando se ve la buena voluntad de las personas. Cuando las personas ayudan desinteresadamente o se aprovechan de las circunstancias. La ciudadanía chilena está acostumbrada a ayudarse: El país con mayor sismicidad del mundo no puede actuar de otra forma. El tsunami de 2011, el gran terremoto de Iquique, el terremoto de Valdivia en 1960 (el más fuerte de la historia, que registró una intensidad de 9,6 grados en la escala de Richter) son ejemplos de cómo un país se puede unir para recomponerse. En este caso Valparaíso, una ciudad acostumbrada a los grandes incendios, armó de la noche a la mañana un operativo preventivo por si se repetía la historia, para estar preparados si llegaban las llamas a la población.

La historia no defraudó y el fuego acechó pronto las comunas de El Folclor, La Isla, Santa Teresa y la población Juan Pablo II. Automáticamente se cerró al tráfico la “Ruta 68”, la carretera que une la capital con el principal puerto de Chile. Las horas pasaban y las instituciones se veían en lo peor: Declarar la alerta roja y el estado de emergencia en la ciudad de Valparaíso y en Viña del Mar. A las ocho tuvieron que tomar la decisión: La ciudad se preparó para resistir el envite del incendio. Todas las fuerzas de seguridad respondieron a la llamada de la ONEMI (organismo de emergencias del país). Las brigadas forestales de la CONAF, los bomberos, las Fuerzas Especiales de Carabineros, la Armada, el Ejército y el personal municipal eran movilizados para prevenir. Los servicios ordenaron rápidamente la desconexión eléctrica de las zonas más vulnerables en ese momento. También se ordenó la apertura de los albergues municipales.

El número de hectáreas calcinadas aumentaba en paralelo con el nivel de alerta en las comunas situadas en los altos cerros de Valparaíso. A las diez de la noche empezó a propagarse la noticia: Las llamas habían llegado a la población de Santa Teresa. El fuego se hizo dueño de la situación y los bomberos, junto a ciudadanos valientes con baldes de agua cuya única armadura eran las ganas de no perderlo todo, se enfrentaron a las llamas.

Los “guerreros del fuego’’ clamaban por un cambio en el viento para poder controlar mejor el peligro. Un comandante de bomberos declaró entonces a los medios de comunicación: “La falta de agua es la principal dificultad para controlar el incendio’’. Los servicios de salud también se preparaban para evitar colapsos. “Salud pide a los enfermos sin riesgo vital no concurrir a la posta del hospital Van Buren”, solicitó el Ministerio de Salud en las redes sociales.

Catástrofe, un estado no tan raro
“Valparaíso está acostumbrada a las catástrofes”, afirmó un comandante de bomberos ante la prensa. Explicó además que, al ser de noche, “no se puede llegar a saber qué hay detrás de un arbusto”. Los incendios por la noche aumentan su peligrosidad al máximo. Incluso se volvieron a cerrar las carreteras por el peligro que suponía que el incendio se acercara a las torres de alta tensión.

La ciudad porteña es muy propensa a los incendios. Es una de las ciudades más pobres de Chile aun albergando un puerto y también siendo capital legislativa del país. Los barrios pobres construidos con materiales precarios que pueblan las zonas altas de la ciudad favorecen el rápido avance de las llamas.

Mientras, en el otro punto de la ciudad, la intendencia de la región se apresuraba a decir que no había edificios afectados, y las radios emitían testimonios en vivo de cómo llegaban las llamas a la ciudad. Quince bomberos lesionados y una persona fallecida por la angustia del momento. Aun así, se notaba la experiencia del incendio pasado.

Salvar todo lo que se pueda
El descontrol habitual en estas crisis hizo su aparición, junto con la desinformación común en una situación en la que cada minuto es crucial. Las instituciones ofrecieron comparecencias a los medios en cuanto recabaron más información. Los medios, quejándose; la ciudadanía, esperando órdenes.

La organización logística enfrentó las horas más conflictivas del incendio con una premisa: Salvar todo lo que se pueda. Las personas debían abandonar las zonas evacuadas, pero los animales no podían hacerlo. Los bomberos salvaron conejos, gatos y perros de ser víctimas inocentes de las llamas que azotaban Valparaíso.

En las comunas aledañas seguía el caos. Los lesionados no aumentaban en número, pero las personas comenzaban a mostrar su peor cara: En la radio los porteños se quejaban de que el precio del transporte público subió de 1000$ a 8000$ en muchos casos. Una única mancha negra en el ejemplar comportamiento de los ciudadanos.

Pasaban las horas, los refuerzos llegaban de todo el país, y eso se notaba en el control del incendio. El número de hectáreas quemadas se estancaba en 560 y las poblaciones dejaban de estar en peligro: Los bomberos actuaron de cortafuegos, desviando las llamas a otras zonas.

El incendio está controlado y a punto de entrar en la fase de extinción
El peligro principal se considera extinguido, según ha explicado el director nacional de la Conaf, Aarón Cavieres. Tras mitigar el primer peligro, que es la población, y el segundo, que es proteger los servicios públicos, ahora la prioridad es controlar los incendios que asolan el país. Son más de 36 y ya han afectado a más de 7.200 hectáreas.

El Gobierno no se quedará parado ante esta tragedia e iniciará acciones legales en cuanto se conozca a los responsables del incendio. El procedimiento legal ya se ha iniciado, para que a partir del lunes se desarrolle la investigación del segundo incendio más importante que ha asolado Valparaíso en menos de un año. Además, se ha levantado el estado de excepción y de catástrofe aunque se mantendrá la alerta roja para los municipios de Viña del Mar y Valparaíso, y la alerta amarilla para el resto de la región.

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