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Viernes, 20 Diciembre 2013 01:00

David Jiménez, corresponsal en Asia: “A veces la gran entrevista está en lugares insospechados”

Escrito por  Ainhoa Muguerza

David Jiménez presenta su nuevo libro,

David Jiménez se marchó hace 15 años a Asia como corresponsal del periódico El Mundo. Desde entonces ha visto revueltas como la de Filipinas, guerras como la de Afganistán, visitado países como Corea del Norte o cubierto desastres naturales como tsunamis. También ha entrevistado a grandes personajes como el Dalái Lama o Corazón Aquino y a muchos otros sin cargo ni título pero “héroes anónimos” como él mismo describe.

 Ahora, acaba de publicar su último libro El lugar más feliz del mundo en el que narra su experiencia como corresponsal. Afirma que el continente asiático ha perdido algo de su magia con el desarrollo pero que nunca deja de sorprenderle. A quienes se quieren dedicar a esta profesión les recomienda que tomen la iniciativa y  no tengan miedo a coger la maleta para viajar y descubrir lugares e historias que contar.

Infoactualidad: En sus inicios, ¿cuáles eran los referentes del periodismo que le hicieron abrazar  la idea de viajar lejos y contar historias?

David Jiménez: Me acuerdo que en la facultad nos fijábamos en los pocos españoles que iban a los conflictos: Arturo Pérez-Reverte, Alfonso Rojo, Ramón Lobo…Eran los referentes a nivel nacional. Luego también estaban los extranjeros, sobre todo en medios como la CNN o los clásicos, Arthur Miller o Ryszard Kapuściński. Era el periodismo que a mí me interesaba; el de la gente que se iba lejos y descubría cosas y grandes acontecimientos.

I: Con tan sólo 27 años, entró en el despacho de Pedro J. Ramírez y le propuso ser corresponsal en Asia. ¿Estaba preparado a nivel personal y profesional para ese cambio?

D.J.: Yo creo que no. No estaba preparado para lo que me iba a encontrar. Había estado en Madrid cubriendo sucesos como manifestaciones vecinales, ruedas de prensa y de repente, cambié todo eso por hechos como tsunamis, la guerra de Afganistán, las revueltas en Indonesia… Asia es un continente muy amplio y tuve que leer muchísimo y documentarme para conocer cuanto antes los países que tenía que cubrir. Pero no, no diría que estaba preparado y de hecho me llevó unos cuantos años.

I: En su libro habla de volver a lugares como Birmania, Camboya, China o Japón, entre otros. ¿De todos, cuál es el que más le ha sorprendido por su evolución?

D.J.: Yo creo que quizás China. Es de los países más grandes de Asia y el que más rápido está cambiando. Si volvieras a Madrid dos o tres años después la encontrarías prácticamente igual, pero cuando regresas a  una ciudad en China ves que experimenta una transformación completa. También sucede en otros países como Indonesia o Tailandia porque Asia es una de las regiones del mundo que más rápido evoluciona, en algunos aspectos para bien y en otros para mal. A veces me da la sensación de que el continente está perdiendo un poco su esencia, el carácter que a mí tanto me atrae de él  y eso también es uno de los efectos secundarios del desarrollo.

I: Hablando de China, tiene prohibida la entrada en el país por algunos de los reportajes que ha escrito durante estos 15 años y la información que ha cubierto sobre el Tíbet. Aun así, ¿cree que le dejarán entrar tarde o temprano?

D.J.: Una de las cosas que me preocupan es que de repente ocurra algo allí y no pueda ir por el veto que me han impuesto. Salvo que cambie el régimen no creo que me dejen entrar. Existe la posibilidad de colarme de forma clandestina pero en principio no es mi intención. Lo que me gustaría es que entendieran que me limito a hacer mi trabajo, que no todo lo que escribo sobre ellos es negativo y que si he cometido algún error, estoy dispuesto a rectificarlo. Cuando cubres y escribes en dictaduras este es uno de los riesgos que corres.

I: Precisamente sobre la libertad de prensa, ¿cómo está la situación del periodismo en Asia?

D.J.: Varía mucho según los países pero en general hay un gran autoritarismo. Muchos periodistas se arriesgan a ir a la cárcel  en lugares como Corea del Norte, China, Vietnam o Laos. En otros que se supone que son democráticos los periodistas trabajan bajo mucha presión. Lo que me admira es que a pesar de los riesgos hay una generación de reporteros que intenta ejercer la profesión, desvelar los casos corrupción, denunciar los abusos de los gobiernos, etc. Aunque también hay grandes oasis de libertad como en India donde hay periódicos que venden miles de ejemplares y se puede escribir con total libertad.

I: En sus años como corresponsal ha visto la miseria de cerca, el conflicto, la guerra. Ha presenciado la muerte de su compañero Kenji Nagai en Birmania o los cadáveres del tsunami que arrasó las costas de Tailandia en 2004. ¿Nunca se le ha pasado por la cabeza abandonar la corresponsalía o parar durante un largo tiempo?

D.J.: La verdad es que sí, a veces me ocurre que preferiría no haber visto algunas de las cosas que me han tocado vivir. Yo creo que hay un límite en el número de desgracias que un periodista puede cubrir sin que eso le cambie como persona. Por eso trato de combinarlo con otros viajes para que no todo sea el lado más oscuro de la condición humana. Después hay una cosa que me ayuda mucho a seguir y es que incluso en el contexto más dramático o en lugares en los que la gente vive bajo injusticias muy grandes, siempre encuentras personas que intentan aportar un poco de luz en esa oscuridad. Héroes anónimos que hacen que uno se sienta más positivo y sea más tolerable cubrir esas situaciones.

I: Con la visión que le proporciona la distancia, ¿cómo cree que ha evolucionado el periodismo en España en estos últimos años?

D.J.: Creo que en general se ha optado por hacer un periodismo fácil y de baja calidad. Uno de los grandes fallos que se cometieron cuando llegó la crisis fue que muchos medios recortaron en presupuesto. Otros, como por ejemplo el NY Times, hicieron lo contrario, pensaron que tenían que aportar aún más calidad si querían sobrevivir en ese contexto. En España en cambio se despidió a mucha gente y se empezó a hacer un periodismo de bajo coste. Así lo que se consigue es que menos gente se interese por el contenido que se le ofrece y acaba por ser un círculo vicioso.

I: ¿Qué opina sobre el cambio de la página web de El Mundo y la apuesta por Orbyt?

La impresión que me produce es que está muy bien hecha. Tiene un diseño bueno, hay más contenido y de mejor calidad porque a pesar de los recortes que hemos tenido en la plantilla se está haciendo un esfuerzo por mantener e incluso aumentar el valor de lo que se ofrece. Creo que el futuro de los grandes medios como El Mundo pasa por suscripciones o pagos pequeños por determinada información, porque no podemos estar ofreciendo todo siempre gratis y la publicidad ya no es suficiente.

I: ¿Qué conflicto le hubiera gustado cubrir?

D.J.: Yo creoque el periodista siempre tiene esas ansias de cubrir un hecho que cree interesante, las mismas que le mueven a coger el primer avión y contar sobre el terreno lo que pasa. Por ejemplo, cuando se produjeron las revoluciones en los países árabes yo no era el encargado de cubrir esa región pero aun así me habría encantado estar allí y escribir sobre ellas. 

I: ¿Y en cuanto a las entrevistas?

D.J.: La verdad es que he tenido la suerte de hablar con personajes muy interesantes como el Dalái Lama, Corazón Aquino, Aung San Suu Kyi,  pero me habría gustado entrevistar a personas como Mandela o a algún presidente estadounidense como Clinton u Obama. De todas formas, muchas veces la gran entrevista está en lugares insospechados donde uno encuentra a los personajes más interesantes. A veces no son ni Premios Nobel, ni presidentes ni tienen una posición de poder pero te enseñan cosas de la vida que un político no sería capaz.

I: ¿Qué consejo le daría a los estudiantes de periodismo frente a las dificultades?

D.J.: Es cierto que lo van a tener más difícil de lo que lo tuvo mi generación o la anterior. Muchas redacciones son cementerios, por eso  creo que el futuro de la profesión pasa por salir de ellas y convertirse en freelance. Recomiendo a los estudiantes que refuercen el inglés y que no se queden en casa esperando a que el trabajo llegue. El que tenga iniciativa, vocación, el que esté dispuesto a coger la maleta, viajar y se prepare bien, siempre tendrá oportunidades. 

 

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