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Jueves, 14 Noviembre 2013 01:00

España se queda desnuda ante los ojos de EEUU

Escrito por  Beatriz Triguero

“Encontrar el equilibrio entre seguridad y privacidad” es el mensaje pactado entre el secretario de Estado para la UE, Iñigo Méndez de Vigo, y el embajador de EEUU en España, James Costos. No obstante, lo que no se sabía hasta el momento es que las 60 millones de llamadas realizadas en un mes –entre el 10 de diciembre de 2012 y el 8 de enero de 2013- se habían interceptado por la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) con el consentimiento y ayuda del CNI (Servicio de Inteligencia Español), según documentos filtrados por Edward Snowden -antiguo asistente técnico de la CIA y trabajador de una empresa subcontratada por la NSA- y facilitados por Gleen Greenward –periodista de The Guardian- a El Mundo. El servicio secreto español, junto a muchos otros pertenecientes a diferentes países, han facilitado el espionaje llevado a cabo por EEUU.

Esta práctica, que venía realizándose por la NSA y el FBI desde años atrás, salió a la luz el pasado mes de junio gracias a la documentación filtrada por Edward Snowden. En cuestión de horas, The Guardian provocó el caos al publicar una orden emitida desde 2006 por el Tribunal de Supervisión de Inteligencia Extranjera que demandaba a la compañía telefónica Verizon la entrega a la NSA del registro de llamadas de sus clientes. Un día después, sería el mismo periódico acompañado de The Washington Post quienes desvelarían un programa secreto conocido con el nombre de PRISM, nacido en 2008 y encargado de facilitar el acceso directo a la NSA y al FBI a los servidores de nueve de las empresas de Internet más relevantes y prestigiosas de EEUU –entre ellas Microsoft, Google, Facebook y Apple-, recopilando contenidos privados de correos electrónicos, audios e, incluso, videos.

Estos dos atentados contra la privacidad de los ciudadanos no fueron suficientes para la NSA. La agencia llegó más lejos: espió directamente a representantes y altos cargos de la UE y ONU mediante la instalación de micrófonos ocultos e infiltración en las redes informáticas de la delegación que conserva la Unión Europea en Whashington. Según informaciones del diario The Guardian, al menos 200 números de teléfonos de 35 líderes mundiales fueron espiados. Aliados tradicionales de EEUU tales como Francia, Alemania, España, Brasil, Italia, México, Japón o Turquía estaban en el punto de mira del “Gran Estado”. No obstante, cuatro países se librarían de este control: Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda. Éstos, sumados a EEUU, formarían la organización multinacional de escuchas UKUSA, o autonombrada como “Cinco Ojos”. Los servicios de inteligencia de señales (SIGINT) de estos cinco países luchan por el liderazgo, y sólo respetan las normas cuando se trata de sus propios ciudadanos.

 

La justificación inicial de EEUU a este comportamiento -y mantenida hasta el momento- fue clara: la prevención del terrorismo. De hecho, todos estos registros de información estaban amparados por una cláusula de la Ley Patriótica, ratificada tras los ataques terroristas del 11-S. De esta forma, la legislación de EEUU permite recopilar información de clientes de empresas que residen fuera del país o de los estadounidenses que mantienen contacto con personas situadas fuera del territorio americano.

Los estados pertenecientes a la UE consideran inaceptable esta legislación. Los ministros europeos de Justicia se reunieron ya en el mes de junio para reforzar las normas comunitarias de protección de datos, que datan de 1995. La UE facilita numerosas informaciones de sus ciudadanos a los Estados Unidos, incluidas las transferencias bancarias, pero ahora no está del todo segura de que éstas se encuentren en buenas manos. En esta reunión quedaron demasiados cabos sueltos –aunque no olvidados-, como por ejemplo, el hecho de que un ciudadano estadounidense que considere violada su privacidad tenga la libertad de reclamar ante las autoridades europeas dicho acto pero, sin embargo, un europeo no tenga ese derecho.

No obstante, no todos los estados pertenecientes a la UE comparten las mismas opiniones, algo que complica, desde el primer momento, el control de la situación. En los meses de julio y agosto, muchos de los países conocedores del espionaje no quisieron enfrentarse a la gran potencia americana. En un primer momento, el presidente de Rusia, Vladímir Putin, apoyó las decisiones de la NSA, afirmando que “en condiciones de la lucha contra el terrorismo internacional estos métodos de trabajo se necesitan”. Sin embargo, poco después el gobernante proporcionaría a Snowden el asilo político que precisaba, algo que el presidente estadounidense Barack Obama tomaría como ofensa –llegando a rechazar incluso la asistencia a una reunión pendiente con el presidente ruso-. Por otro lado, la canciller alemana Ángela Merkel también añadió que valoraba mucho la actitud de EEUU para aumentar la seguridad y recordó que este país había facilitado información muy valiosa a Alemania en numerosas ocasiones.

Esta actitud tan cortés con el estado protagonista no duraría mucho. El pasado jueves 24 de octubre, mientras se celebraba una cumbre europea en Bruselas para tratar el tema y llegar a una solución, se demostró que Merkel lleva siendo espiada desde 2002 mediante su teléfono móvil. La canciller alega que espiarse entre amigos es “inaceptable”. Sin embargo, Alemania no sería el último país afectado por este control desmedido. Las posteriores aportaciones de EL MUNDO terminan de reafirmar algo que acongojaba a la sociedad española: España también está bajo la mirada de los Cinco Ojos.

El Gobierno español se ha negado a aceptar que un país aliado como EEUU pudiera estar controlándonos sin previo consentimiento. El miedo a dañar la estable relación con el país americano no dejaba ver lo evidente. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, intentaba calmar a los españoles mediante un mensaje claro a EEUU, declarando que “el espionaje masivo a España por parte de la NSA podría suponer una ruptura del tradicional clima de confianza”.

Alemania y Francia muestran su interés por poner remedio a esta situación y proponen un acuerdo con el que puedan colaborar a partir de ahora los servicios secretos de los países amigos. Merkel manifiesta sus intenciones y afirma que “la confianza se ha dañado seriamente y hay que reconstruirla”. François Hollande, presidente francés, añadió que “hay comportamientos que no pueden aceptarse”. La suma a esta iniciativa es opcional, pero muchos países la han aceptado, incluso Reino Unido da su aprobado a este texto. Sin embargo, a pesar de que Rubalcaba declaraba que “a los aliados no se les espía, se les informa”, Mariano Rajoy expresó su vaga intención de sumarse a la propuesta ni de encargar una investigación al CNI.

La seguridad en internet preocupa ahora a la sociedad. La fiabilidad que se había fomentado hasta el momento ha sido devastada a pesar de que la Eurocámara ha aprobado una resolución que pide suspender el acuerdo de intercambio de datos bancarios, pues el Parlamento Europeo no tiene capacidad para suspender el acuerdo, se precisa la voz personal de los estados. La Comisión Europea no teme sólo por las violaciones de los derechos, sino también por el coste económico que esto conlleva. Barroso afirma que “solo el 11% de los europeos compra a través de Internet fuera de su país”. Sara Hernández y Mario Nieto, habituales compradores por Internet, reconocen que sus hábitos han disminuido y ahora se sienten desprotegidos al introducir su número de cuenta en la red. El próximo 18 de noviembre la UE tendrá otra cita para intentar lograr que las empresas y ciudadanos de la UE puedan reclamar sus derechos ante las autoridades estadounidenses. 

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