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Domingo, 31 Marzo 2013 01:00

La ‘invasión’ de conejos de Pascua

Escrito por  Naiara Jimeno Garrachon

Como país tradicional que es Polonia, la Semana Santa se vive como algo muy especial y sobre todo familiar, donde la religión y la gastronomía van de la mano. Los huevos de Pascua, conejitos de chocolate, la visita a la Iglesia o las comidas con familiares y amigos no pueden faltar en estas fechas tan señaladas, equiparables a las Navidades en cuanto a importancia. 

La Semana Santa polaca se vive con gran entusiasmo en un país tradicional en muchos aspectos. La religión y la familia se erigen, más que nunca, como pilares fundamentales por estas fechas, que desde el Domingo de Ramos hasta el Lunes de Pascua, cada día es diferente. La gastronomía tiene a su vez gran peso en Semana Santa, donde pequeños conejos de chocolate, huevos de Pascua y otros postres típicos se agolpan tras los escaparates de pastelerías y tiendas.

Todo comienza la mañana del Domingo de Ramos (Niedziela Palmowa), cuando los polacos acuden con palmas decoradas con flores y lazos para ser bendecidas, pues éstas serán protectoras del hogar para el resto del año. “Cuando estuve en España de Erasmus vi que esta tradición también la tenéis en vuestro país, y fue como estar en casa”, comenta Ewelina Bak, mentora de la Universidad de Łódź (Polonia). Sin embargo, este día es considerado el menos importante, siendo los más representativos el Viernes Santo y el Lunes de Pascua, casi únicos días de fiesta en las universidades. De hecho, restaurantes y tiendas permanecen cerradas todo el Domingo de Resurrección y el Lunes de Pascua, además de encontrarse las calles desiertas.

El Jueves Santo (Wielki Czwartek) se caracteriza por dos actos religiosos: una misa en las catedrales y otra en las parroquias. La Msza Krzyzma tiene lugar al mediodía y es dirigida por el obispo de la zona, quién bendecirá el óleo que servirá para realizar los Sagrados Sacramentos y consagrar las Iglesias o los instrumentos litúrgicos. La misa de las parroquias, ya por la tarde, se dedica a la Última Cena de Jesucristo con sus apóstoles, además de a la renovación de los votos por parte de los capellanes.

Llega Viernes Santo (Wielki Piątek) y las Iglesias se llenan de familias enteras formando grandes colas para confesarse. Por la tarde, en las naves laterales se descubren los sepulcros de Cristo de cada congregación, que suponen una representación de la cueva en la que fue enterrado Jesús. Una vez hecho esto, como si de un belén navideño se tratase, los polacos recorren las Iglesias de la ciudad para elegir el más bonito; pero nunca están solos, pues de forma voluntaria, miembros del ejército polaco, bomberos, etc. se van turnando para guardar las entradas de los diferentes sepulcros hasta el Domingo de Resurrección.

Ya entrado el fin de semana, la Semana Santa toma un cáliz más gastronómico, y en la mañana del Sábado Santo (Wielka Sobota), considerado día del silencio y la adoración, los polacos acuden de nuevo a la Iglesia para bendecir otra serie de cosas esta vez: cestas de mimbre decoradas exhaustivamente con cintas, paños, y figuritas de pollitos y conejos con comida. Los huevos de Pascua, considerados representantes del nacimiento de la vida y portadores de buena suerte, son hervidos el día anterior y ciudadosamente pintados, ya que no pueden faltar en estas cestas. “Hay dos formas de decorar los huevos, una llamada Pisanki, cuando los bañamos en cera o pintura y hacemos dibujos sobre ellos, o Kraszanki, cuando los pintamos sin más”, relata entre risas Ewelina, que recuerda lo que le sucedió en Santander durante su Erasmus. “El Sábado Santo fui con mi cesta de comida a la Iglesia para que el cura me los bendijera y todo el mundo se me quedó mirando muy extrañado”. Otros alimentos típicos sonbizcochos, salchichas, algo de carne, sal, pimienta y azúcar, que serán el desayuno del día siguiente, Domingo de Resurrección (Wielka Niedziela). Este día de la alegría se come mucho y durante muchas veces al día, de nuevo entre familia, pero esta vez rodeados de postres algo más secos, tales como el Mazurek y la Babka.

Finalmente, y como cierre de una Semana Santa ajetreada, entre Iglesias y la familia, llega el Smingus-Dyngus o Lany Poniedzialek, conocido como Lunes de Pascua (Wielki Poniedzialek). En este día, la gente se echa a la calle a mojar a los demás, y a ser mojado si no es lo suficientemente rápido en esquivar los jarros de agua, y un constipado posterior si el invierno se ha prolongado más de la cuenta. “Este año seguro que me pongo mala”, dice la mentora universitaria, pues aún hay nieve en las calles y la primavera se resiste. “Aún recuerdo que mi madre me contaba que esta pequeña fiesta del Lunes de Pascua se hacía por cortejo, aunque hoy día apenas se hace por esta razón; yo lo hago con mis amigos todos los años” finaliza Ewelina.

Y es que esta tradición, cuanto menos divertida, tiene su origen en una fiesta pagana en que los seres queridos mojaban a los suyos porque deseaban ‘limpiar lo malo del año y depurar de cara al nuevo’. Otra versión más actual cuenta que las chicas mojadas se casarán a los largo de ese año, o que, cuanto más les moja un chico, más le gusta esa chica. Además, a esta práctica se suma el Wykup, la costumbre que tienen las madrinas de dar dinero o regalos a sus ahijados.

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