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Viernes, 13 Febrero 2015 00:00

La importancia de la diferencia horaria

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La realización de actividades cotidianas en distintos horarios es un aspecto que forma parte de la cultura propia de cada país, y que puede despertar crítica e incluso rechazo entre los habitantes de una región y otra, por una mera cuestión de distinción social. Cuestiones tan simples como el horario de apertura y cierre de los comercios suponen una brecha entre los habitantes de unos países y otros a la hora de desarrollar su vida normal, algo que les obliga a mantener un ritmo de vida peculiar a los ojos de los otros.

Cuando se estudia la cultura perteneciente a una región (entiéndase región en este caso como cualquier territorio determinado por caracteres étnicos, sociales y culturales), la diferencia horaria no es un aspecto que merezca una especial atención por parte del analizador, ya que a simple vista puede parecer relevante. Sin embargo, es importante señalar que este rasgo es uno de los que marca la distinción entre culturas, y está compuesto por diferentes hechos, rituales y normativas establecidas de manera individual y previamente considerada por parte de cada país.

El horario de apertura y cierre de los comercios

Pero cuando se habla de rituales y normativas, se alude a las costumbres más simples que, posiblemente, no estén vistas como algo razonado, sino como algo rutinario con lo que no existe la necesidad de preguntarse por qué. Una de estas costumbres es, por ejemplo, el hecho de mantener siempre el mismo horario de apertura y cierre de los comercios y establecimientos. Mientras que en España, lo habitual es que las tiendas cierren en torno a las diez de la noche en algunos casos, en Holanda lo hacen a media tarde, sobre las seis. “Los primeros días, cuando llegué a Groningen y no estaba acostumbrada al ritmo de vida de aquí, me era imposible comprar porque aún mantenía la mentalidad española y cuando quería darme cuenta, los comercios ya habían cerrado”, comenta Aída Ruiz, una estudiante mallorquina de 4º de Económicas en la Universidad de las Islas Baleares. Admite, tras casi cinco meses viviendo en Holanda, que es cuestión de “cambiar el chip”, pero que en un principio resulta complicado.

Pero no es la única persona que piensa de la misma manera que ella Rodrigo Merino, un estudiante de 4º de Comunicación en la Universidad de Deusto de San Sebastián, suscribe sus palabras, aunque con un pequeño matiz: “Afortunadamente, los supermercados terminan su jornada laboral a las diez de la noche, por lo que no hay excusa para quedarse sin cenar”, confiesa entre risas. “Aún así, son la excepción que confirman la regla de que los comercios holandeses tienen un horario más limitado que los comercios españoles”, declara.

La productividad laboral en Holanda es mayor que en España

Pese a las críticas por parte de algunos estudiantes españoles residentes en Groningen, no todos tienen la misma visión y perspectiva acerca de este tema. De hecho, los comerciantes holandeses aseguran que, pese a trabajar menos horas que los españoles, su jornada laboral garantiza una productividad mayor que en el caso del país mediterráneo. “Es cierto que, de media, trabajamos menos horas que la población activa española, pero también es verdad que nuestro ritmo de trabajo es superior al suyo porque a lo largo de nuestra jornada, nuestro principal objetivo es obtener el mayor rendimiento posible, tanto por el bien del negocio como por el nuestro personal”, cuenta Marijke Westermann, una empleada de una pequeña copistería situada en el centro histórico de Groningen. A la pregunta acerca del por qué obtienen también beneficios a nivel personal, explica más detalladamente que, al cerrar a las seis de la tarde, aún se tiene la oportunidad de dedicarle tiempo a la vida personal, mientras que si el establecimiento está abierto hasta las diez de la noche como puede ser en el caso español, no se tiene esa opción.

La diferencia horaria también se puede trasladar al horario estudiantil

En los horarios estudiantiles también se denotan diferencias entre Holanda y España. “Las diferencias horarias entre ambos países se notan en todos los aspectos, incluso a la hora de salir de fiesta”, afirma Alexander Heijdeman, un estudiante procedente de Ámsterdam que cursa 3º de Psicología en “Rijksuniversiteit Groningen”. “Mientras que los españoles tienen como costumbre permanecer en cualquier discoteca de Groningen hasta las seis de la madrugada, nosotros preferimos volver a casa dos o tres horas antes para así poder levantarnos más temprano al día siguiente, y no desperdiciar todo el día durmiendo”, continúa. Algunos, muestran su impresión: “Me parece sorprendente cómo dos países que poseen los mismos usos horarios, pueden tener costumbres tan diversas”, confiesa impresionado Jared Zwaanswijk, también estudiante holandés.

Pero, en definitiva, en lo que todos están de acuerdo es que la diferencia horaria no deja de ser un rasgo que varía en función de la cultura de cada país, y que forma parte del encanto del mismo. Porque si la noche no cubriera los cielos holandeses a las cinco de la tarde, Holanda no sería Holanda; de la misma manera que si los españoles no almorzaran, en términos generales, a las dos o las tres de la tarde, España tampoco sería España. 

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