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Martes, 16 Diciembre 2014 10:00

París vende nostalgia

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‘Le Marché aux Puces’ -traducido como ‘El Mercado de las Pulgas’- da vida cada fin de semana al barrio de Saint-Ouen y sus alrededores a las afueras de París. Esta zona humilde, habitada en gran parte por inmigrantes africanos, se convierte de sábado a lunes en un punto de encuentro de decoradores, restauradores, vendedores, turistas y parisinos, en un ambiente único en el que adquirir las mejores gangas.

Los vendedores de ‘las pulgas’ comienzan, cada fin de semana, a abrir sus puertas desde las nueve de la mañana en Saint-Ouen para todos los interesados por encontrarse con un París diferente. Este lugar, situado entre el distrito 18 y el barrio de Saint-Denis, a las afueras de la ciudad, dista bastante de la imagen del París de los Campos Elíseos. Para conocer el entorno en el que se desarrolla el mercado, el visitante debe saber que el barrio es conocido por su historia como suburbio industrial y actualmente está habitado en gran parte por inmigración musulmana.

‘Le marché aux puces’ nace oficialmente en 1885 y se va organizando poco a poco para convertirse en la referencia mundial que es hoy en día, con 1.700 comerciantes, de los que 1.400 se dedican a las antigüedades. Primero se publican los reglamentos del mercado, se adoquinan las calles principales, y es a partir de 1891 cuando los comerciantes comienzan a pagar una tasa para poder poner su puesto.

Heiti, una inglesa afincada en París y dueña de ‘Au grenier de Lucie’, una de las tiendas del mercado ‘Vernaison’ comenta que los requisitos para vender en el ‘Marché aux Puces’ “son los mismos que para vender en cualquier otro lugar de París, estamos inscritos en el registro de comercio y seguimos las mismas normas”.

Sobre el origen del nombre existe una primera versión que cuenta que fue un soldado, en 1880, observando las tiendas desde lo alto de las fortificaciones de París quien exclamó que veía el mercado de las pulgas. Una versión más plausible es la que relaciona “las pulgas” con su significado peyorativo asociado a los traperos y las ropas viejas que vendían. Este nombre se hizo rápidamente popular en 1900 y aparece en las leyendas de las postales antiguas de la zona; pero también ha trascendido más allá de los límites de París, por toda Francia son típicos los mercados de las pulgas.

Siete hectáreas de mercado

En 2001 fue nombrada Zona de protección del Patrimonio Arquitectónico Urbano y Paisajístico gracias a su ambiente y su atmósfera atípica, y ha sido reconocido como uno de los mercados de antigüedades más grandes del mundo. No es para menos, si se tiene en cuenta que se desarrolla a lo largo y ancho de siete hectáreas y está dividido en catorce mercados: Antica, Biron, Cambo, Dauphine, Django Reinhardt, Jules Vallès, le Passage, Malassis, Malik, l’Entrepôt, Paul Bert Serpette, des Rues et brocantes, L’Usine & Lécuyer y Vernaison. Cada uno cumple con una temática concreta, lo que facilita al visitante encontrar aquello que busca, aunque lo más común es dejarse llevar descubriendo el mercado sin ningún objetivo más allá del de encontrarse con el París más auténtico.

Absténganse aquellos que acudan esperando encontrar algo parecido al conocido Rastro del barrio de La Latina de Madrid, ya que el ambiente es totalmente distinto debido a la distribución de los diferentes mercados en ambientes variados y a su estética, algunos son cubiertos, otros a cielo abierto, clásicos o con temática futurista... Aquí, el visitante puede acceder a las más variadas mercancías de todas las épocas y países. Lo que más abunda es sin duda la oferta de muebles y los precios altos, sin embargo uno puede encontrar desde vestidos de ‘Chanel’ de segunda mano, a calendarios del siglo pasado, encontrando tocados indios e incluso muñecas de juguete por piezas.

Flora Barlan, propietaria del comercio ‘Les perles d’antan’ desde el año 2000, destaca la posibilidad de encontrar en un mismo lugar artículos que van desde Antes de Cristo hasta la actualidad, pasando por todas las épocas. Y añade “es un ambiente muy especial, vale la pena aunque no se tenga dinero, se puede disfrutar mirando”. A la cuestión sobre dónde encuentran tan especiales mercancías responde: “Francia es un gran desván del que nutrirse y nosotros lo hacemos, aunque otros comercios viajan por todo el mundo en busca de objetos especiales, depende de la demanda de cada uno”.

Por supuesto, hay una inmensa variedad de lámparas, espejos, cuadros, vajillas, fotografías, discos antiguos y muchos objetos insólitos. Pero tampoco ‘Le Marché aux Puces’ se libra de la parte de mercadillo comercial con productos que se pueden encontrar en cualquier tienda del centro de la ciudad, como es la nave de ‘Malik’, que actualmente se dedica a la venta de ropa ordinaria juvenil en un ambiente híbrido de reggae y hip-hop, saliendo del estilo que marca este mercado.

También cuenta con restaurantes y cafés acordes con el estilo, animados por ritmos curiosos y llenos de personajes pintorescos, donde probar la cocina tradicional como ‘Le Paul Bert’ o ‘La Péricole’, y como recomendación para un desayuno francés a buen precio, ‘Au Petit Navire’.

“Un cambio de aires”

Rebeca Ferrero, una estudiante erasmus, confiesa que es la primera vez que visita ‘le maché aux Puces’: “Está algo lejos, es un poco difícil llegar si no conoces la zona; yo me lo esperaba más pequeño, porque una mañana no llega para ver ni la mitad, y quizás no tan formal, no es como la zona de la Latina y Tirso en Madrid, está todo organizado en locales. Lo recomendaría a la gente que venga a París, es un cambio de aires, otra cara de la ciudad que también hay que ver”.

El barrio de Saint-Ouen alberga la mayor concentración de anticuarios y venta ambulante del mundo, situándose en el cuarto puesto del ranking de los lugares más turísticos de Francia. Angelina Jolie, Vanessa Paradis y Sharon Stone son algunas de las famosas que se han adentrado en ‘les puces’, y es que ciertas partes del mercado recuerdan más a un museo o a una galería de arte que a un rastro.

Este collage de ambientes también ofrece a aquellos que se adentran en él la posibilidad de descubrir el arte del regateo y el “espíritu de las Pulgas”. No deja de ser una experiencia original en el entorno del París más popular, un paseo lleno de sorpresas y una perdición para los amantes de lo vintage.

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