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Lunes, 19 Mayo 2014 14:53

Hichhorn reinventa el concepto de exposición

Escrito por 

Exposición Flamme éternelle. Palais de Tokyo, París.

Flamme éternelle no es un trabajo cualquiera, sino una obra de arte que busca crear un espacio de reencuentros, de diálogos, de confrontaciones; un espacio para quedarse, para reflexionar. Traducida como “llama eterna”, esta exposición del suizo Thomas Hichhorn se exhibe en el parisino Palais de Tokyo hasta el 23 de junio.

Una pila alborotada de neumáticos de coche recibe al visitante nada más entrar, una cantidad tan grande que no es posible visualizar dónde acaba. Siguiendo el camino que marcan, además de paneles explicativos de la obra, se abre un espacio laberíntico en el que hay numerosos lugares que descubrir. Al principio, una mesa de ponencia y numerosas sillas para aquellos que quieran dar un discurso; más adelante una pequeña biblioteca, es decir, unas estanterías con libros ordenados alfabéticamente (una veintena por letra) y mesas para sentarse y leerlos, aunque es difícil saber qué tiene más lectura, si el libro o la mesa, escrita por todos lados. 

Ruedas a modo de balancín en la exposición Flamme éternelle. Palais de Tokyo, París.

A continuación, varios pares de ordenadores de sobremesa con conexión a internet equipados con una impresora y, al otro lado, unas seis televisiones de pantalla plana con sus sillones correspondientes y una colección de dvds para quien quiera sentarse allí a ver una película. Estos espacios están rodeados por pequeños talleres: los hay que hacen figuras con corcho blanco, otros con cartón, con plastilina, etc. y decoran los neumáticos (los cuales están siempre presentes y sirven como pared de separación de los diferentes espacios) con las obras que resultan. Esta decoración se mezcla también con fotos de personas, panfletos de propaganda, números de teléfono o mensajes indescifrables en distintos idiomas. 

En el epicentro, una barra de bar donde se sirve bebida y comida es la encargada de proporcionar un momento de relax y de socialización. Allí toda comodidad es poca; sofás, sillones, e incluso ruedas que cuelgan del techo con una cuerda y actúan como balancín, para aquellos que quieren escapar de la rutina. Todo esto bajo la escucha de un ‘micrófono abierto’ donde se puede hablar de lo que se quiera, desde recitar una poesía hasta hablar de política, algo que todo el mundo va a escuchar mediante los altavoces. 

Esta tranquilidad va a estar presente también en un espacio donde hay una pequeña fogata artificial, alrededor de la cual la gente se sienta y observa el fuego que sale de ella. “Es fascinante cómo han sabido aprovechar al máximo todo este espacio”, comenta Aline Chassier, una parisina que frecuenta la exposición. “A los jóvenes nos encanta este sitio y a mí, personalmente, lo que más me gusta es la fogata, porque me ayuda a pensar”, explica. 

Televisores de la exposición Flamme éternelle. Palais de Tokyo, París

El concepto de foyer (en español, hogar o chimenea) es el corazón de este proyecto. Sobre la superficie de más de 2.000 m², Thomas Hirschhorn ha instalado una serie de foyers. Estos  han sido diseñados de manera en que los anfiteatros se organizaban en torno a una fogata, un fuego avivado cada día. “Es una chimenea alrededor de la cual nos encontramos para calentarnos, para dialogar y sentirnos menos solos, para intercambiar nuestras ideas, nuestros proyectos”, comenta el artista. En dos meses, estas fogatas se convirtieron en biblioteca, sala de ordenadores, de televisiones, talleres, etc. Acogiendo eventos diarios de todo tipo: obras, conferencias, lecturas y debates, iniciados por el artista. 

La carrera de Thomas Hirschhorn en Francia, su lugar de residencia, ha ido marcanda por un estilo y un lenguaje propios. Su primera exposición fue en 1992: L’Hôpital Éphémère(1992) y a partir de allí ha realizado numerosos proyectos en París: Jeu de Paume(1994), Swiss-Swiss Democracy(Centre Culturel Suisse, 2004), Musée Précaire Albinet (2004), y 24H Foucault, la muestra que realizó Hirschhorn a los 20 años de la muerte del filósofo francés trabajando a partir de su pensamiento. Asimismo, los trabajos del artista visual forman parte de las colecciones de museos tales como el Museum of Modern Art, el Walker Art Center, y el Tate Modern. 

La forma de Flamme éternelle es abierta, accesible y gratuita, constituyendo un verdadero espacio público en el seno de la institución, disponible para cualquier persona, incluso sin conocimientos de arte. Thomas Hirschhorn concibe esta obracomo su propio taller provisorio, punto de encuentro de intelectuales libres de realizar una intervención o de simplemente estar presentes. No se trata de una exposición interactiva, sino un trabajo activo en el que la actividad nunca para. Según el propio autor, “no es una manifestación cultural, sino una obra de arte. La obra de arte no debe funcionar, sino que debe estar sin control”, explica. El artista ha logrado crear un espacio que mezcla lo doméstico y lo público, el gasto y la producción, la energía y la transmisión.

 

  

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