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Jueves, 23 Enero 2014 01:00

En Bruselas ir al baño tiene precio

Escrito por 

Madame Pipi.

En una ciudad en la que los turistas se concentran en masa para contemplar la estatua de un niño orinando, el Manneken Pis, en muchos establecimientos es necesario pagar para ir al lavabo. Un precio previamente establecido por la Madame Pipi, que suele oscilar entre veinte y treinta céntimos.

El Manneken Pis es uno de los símbolos más emblemáticos de Bruselas y una de sus principales atracciones turísticas. Situado en el centro histórico de la ciudad, a pocos metros de la Grand Place, la pequeña estatuilla de bronce representa a un niño orinando en el interior del cuenco de una fuente. Son varias las leyendas que rodean a esta curiosa figura.

Manneken Pis.

El adorado por los bruselenses es hijo del duque Godofredo de Lovaina, cuyas tropas colocaron al pequeño en una cuna y lo colgaron de las ramas de un árbol durante la batalla de Ransbeek. En plena contienda, el niño se puso en pie y comenzó a orinar. Un gesto que paralizó al ejército enemigo, haciéndole perder la batalla.

En el siglo XIV, Bruselas llevaba tiempo sitiada por una potencia extranjera. Los atacantes colocaron cargas explosivas y prendieron una mecha que sería el comienzo de un incendio que destruiría la ciudad. Un niño llamado Juliaanske orinó sobre la mecha encendida, salvando así la actual capital belga.

Otra leyenda cuenta que en los alrededores de la Grand Place, un día de fiesta y multitud, se encontraba una familia de burgueses cuyo hijo se perdió entre la muchedumbre. Se organizaron grupos de búsqueda y, tras un par de días, el niño fue encontrado orinando en un pequeño jardín con una actitud tan natural que decidieron construir una fuente en su honor.

Sea como fuere al pequeño, al menos, le salió gratis. Una suerte de la que no gozan ni residentes ni turistas en muchos bares, restaurantes y discotecas de Bruselas, donde es necesario pagar para ir al baño.

La conocida como Madame Pipi o Madame Toilette sitúa su stand en el pasillo de entrada común a los lavabos de hombres y mujeres. En su mesa coloca un cuenco recaudatorio y un pequeño cartel en el que podemos leer el precio que debemos pagar para utilizar el aseo. Una cantidad que suele oscilar entre veinte y treinta céntimos.

A los españoles nos choca y muchas veces ponemos el grito en el cielo cuando nos vemos obligados a pagar por ir al lavabo. Pero la Madame Toilette es una figura muy común y ampliamente aceptada en muchos países europeos y en otros lugares del mundo, donde los clientes ven con buenos ojos a esta empleada y no tienen inconveniente en entregarle unos céntimos para hacer uso del servicio.

El nombre de este oficio no es casual pues, efectivamente, suele ser una mujer quien lo ejerce. Una mujer como Marie, la Madame Pipi del McDonald´s de Bourse, en Bruselas. Marie es desempleada, recibe una pensión por viudedad y, además, el estado belga le permite trabajar un máximo de 120 horas al mes.

Dos días por semana, en turnos de quince horas al día, Marie coloca su stand en la puerta de los aseos de McDonald´s, empresa con la que tiene un contrato pero de la que no recibe un sueldo. La totalidad de sus ingresos por el desempeño de este trabajo depende de la voluntad del clienteporque, pese a que en su cuenco recaudatorio se establece un precio de treinta céntimos, no todos los clientes están dispuestos a remunerar este servicio. Y es que, según afirma Marie, “no es obligatorio pagar”. “Si alguien se niega puede entrar al baño igualmente, pero la gente me deja unas monedas en el cuenco porque entienden que es mi trabajo y vivo de ello”, explica la Madame Toilette.

De la cantidad recaudada, además, debe salir el presupuesto para los productos de limpieza, pues Marie se encarga de garantizar el buen estado de los aseos: limpieza, mantenimiento, reposición de papel higiénico, ambientadores, etc. Lo que le queda a Marie a final de mes no es mucho pero, pese a ello, asegura que le encanta su trabajo. Dice que se siente útil porque “a su edad no la quieren en ningún otro puesto”. Antes solía poner multas de parquímetro pero prefiere su trabajo actual, pues además de sentirse realizada está aprendiendo idiomas. “De tratar con los clientes tengo conocimientos básicos de inglés, español y ¡hasta chino!”, se enorgullece esta Madame Pipi que, como muchas, lleva a cabo su trabajo con amabilidad y agradecimiento hacia los clientes que le pagan por ello.

 

 

 

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1 comentario

  • Enlace al Comentario Lunes, 20 Enero 2014 18:49 publicado por alicia

    Es inevitable leer cada escrito que subes. Y lo mejor es cuando lo que escribes lo esta viviendo la persona que lo lee en ese mismo momento. Sigue asi, bonita!

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