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Sábado, 02 Abril 2016 11:22

Explorar tierras belgas en tres días

Escrito por 
Vistas de un canal de Gante / Foto: Constança Amengual Gayà Vistas de un canal de Gante / Foto: Constança Amengual Gayà

Miles de turistas eligen Bélgica cada año como destino donde pasar unos días de descanso. Aunque se trata de un territorio pequeño en comparación a sus países vecinos, la cuidada arquitectura junto a la peculiar repostería transforman sus ciudades en rincones de cuento a los ojos del viajero.

Estas tierras del noroeste europeo se distinguen en primera instancia por su gastronomía. Mientras los refinados macarons, los gofres y el exclusivo chocolate rebosan en las tiendas del país, las centenarias cervecerías destacan por sus productos únicos fruto de siglos de tradición. Además de tener altas graduaciones, sus amargas cervezas son conocidas por la doble y triple fermentación.

No obstante, delinear con exactitud el terreno belga exige hacer mención de su paisaje de vistas plurales. De un lado, los verdes campos adornados por los cultivos y transitados por una gran cantidad de vacas que recuerdan la costumbre ganadera, una de las principales fuentes de ingresos durante los años noventa. Del otro, los canales de las urbes, sus puentes, y la saludable conservación del estilo arquitectónico gótico que traslada al viandante siglos atrás hasta situarlo en el propio Medievo.

A su paso se cruzan fachadas de gran altura, con techos en punta y elementos dorados que forman una mezcla de entereza y elegancia. Y en un despiste, los pies se adelantan a los ojos colocándole delante del portón que deja una enorme iglesia al descubierto. Una más de las tantas que se encuentran camufladas entre las casas de antaño y los edificios modernos.

Todo ello soportado por un suelo adoquinado que se mantiene intacto a pesar de la lluvia diaria que acompaña los meses de invierno. Las nubes, el cielo grisáceo y el aire frío y fantasmagórico decoran las calles durante el día mientras la música en directo de los bares aviva el ambiente nocturno. Los jóvenes constituyen un numeroso sector social formado tanto por estudiantes y trabajadores, locales e inmigrantes, y son los encargados de animar la vida callejera del país.

Más allá de la capital

Debido a su tamaño y a su doble estatus de capital del país y sede administrativa de la Unión Europea, Bruselas es a día de hoy la localidad belga más conocida a nivel internacional. La Grand Place, el Atomium o el Manneken Pis son solo tres ejemplos de las distintivas construcciones que esta abarca.

Sin embargo, los 30.528 km² de paisaje nacional contienen otras localidades que son igualmente representativas del país. Roberto Puente, estudiante Erasmus que reside en Amberes, afirma que “a excepción de Bruselas, el resto de ciudades son de tamaño medio o pequeño y en todas ellas hay más o menos los mismos gustos y tradiciones”. Asimismo, añade que las más conocidas son Amberes, Gante y Brujas.

La primera destaca por el Grote Markt, la plaza principal acordonada por el Ayuntamiento y la fotografiada estatua de Silvio Brabo, y por la famosa Catedral de Nuestra Señora, la más grande del Estado. Además, la urbe es también distinguida por su puerto, el MAS (Museum aan de Stroom) y la Estación Central que fue construida a finales de siglo XIX y se caracteriza por su amplia cúpula de cristal. Marta Díaz, otra Erasmus de la localidad, recalca que “estudiar aquí es un placer porque en Amberes hay un gran ambiente universitario”.

De igual modo, reside la atmósfera juvenil en Gante, una ciudad activa y uno de los principales destinos para este tipo de intercambio académico. El Ayuntamiento, el Castillo de Conde, la Catedral de San Bavón que alberga el célebre retablo titulado ‘La adoración del cordero místico’, el campanario de Belfort y la Iglesia de San Nicolás son solo algunas de sus señoriales edificaciones. Puente hace hincapié en la ‘magia’ de la arquitectura, que califica de “acogedora y diferente al resto”.

Brujas, por otro lado, difiere de las anteriores en extensión y entorno. Resguardada por sus coquetos canales y sus rincones de fábula, se trata de un lugar donde la tranquilidad se impone en las agendas de sus habitantes. Las visitas que todo turista realiza una vez allí reciben el mismo nombre que las ya nombradas, por ejemplo: la torre Belfort, la Iglesia Nuestra Señora, el Ayuntamiento, así como el Grote Markt y la plaza Burg.

Tres días: catar sin profundizar

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Varias casas de Brujas separadas por un canal / 
Foto: Constança Amengual Gayà

La facilidad a la hora de viajar por el interior del país es lo que más sorprende a Puente. El joven explica que la tarjeta Go Pass 10 permite a los menores de 26 años moverse entre provincia y provincia pagando solo cinco euros por viaje. Candela González, estudiante de Erasmus en Holanda, lo confirma a través de su propia experiencia, ya que el pasado febrero pasó tres días de ruta por el país vecino.  

González, que visitó Gante, Amberes y Brujas, asiente tras sopesar si es factible dormir únicamente tres días en Bélgica y conseguir llevarse una idea acertada del país. “Para conocer el estilo arquitectónico, el clima y la comida es suficiente un día por ciudad porque no son poblaciones grandes”, afirma. Sin embargo, reconoce que en el caso de Gante sí que le faltó tiempo para saborearla bien y que si quisiera conocerla en profundidad necesitaría instalarse allí. “Su encanto está en el día a día, en la gente, en el ambiente nocturno y cultural”, concluye.

Por otro lado, Díaz recomienda visitar también Namur o Dinant para ampliar el horizonte de posibilidades. La estudiante argumenta que las tres urbes analizadas previamente pueden considerarse representativas del país, aunque en especial de Flandes la zona del norte. Además de esta región, el Reino de Bélgica está compuesto por Bruselas Capital y Valonia en el sur. Gracias a esta variedad geográfica el Estado reconoce hasta tres idiomas oficiales: el neerlandés, el francés y el alemán. En la misma línea, Puente sugiere Lieja o Lovaina como alternativas y recuerda que “no se puede reducir Bélgica sólo a tres ciudades, igual que España no es solo Madrid, Barcelona y Valencia”.

Así pues, si bien una breve visita de tres días ofrece una cata aproximada de los placeres más destacados del país, para conocer en profundidad la esencia belga es necesario ampliar la estancia y afincarse varios meses en estas singulares tierras del epicentro europeo.

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