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Martes, 16 Febrero 2016 23:09

Tiempos para viajeros

Escrito por 
La sirenita, monumento a la protagonista del cuento de Hans Christian Andersen / Foto: Ricardo Guillén Amo La sirenita, monumento a la protagonista del cuento de Hans Christian Andersen / Foto: Ricardo Guillén Amo

“Viajar es vivir”, solía mencionar Hans Christian Andersen, el escritor danés que escribió cuentos tan reconocidos como La sirenita , El soldadito de plomo o El patito feo. Las compañías de vuelos low cost y los albergues juveniles a precios asequibles para el bolsillo del viajero, hacen que traspasar nuevas fronteras sea más fácil que nunca.  

En la Antigüedad, viajar desde Roma a Londres equivalía a sesenta y cuatro días de intenso recorrido. Si estas dos ciudades son separadas por 1.873 kilómetros, la capital italiana y Copenhague lo están por casi 27 kilómetros más. Actualmente, en pleno febrero de 2016, un viajero sólo necesita 35 euros dentro de una cuenta bancaria para que un ‘pájaro de hierro’ le traslade como por ‘arte de magia’, de Roma a la capital de Dinamarca en poco más de dos horas y media. 

“La clave es reservar el vuelo por internet  con algo de tiempo, o si no es posible, estar atento a las últimas ofertas”, cuenta el viajero coreano Thiet Phan, sentado en una de las literas de la habitación que comparte con otras siete personas, y donde pasará dos noches antes de retornar a Londres, donde estudia inglés.

La ventaja de los albergues juveniles

Las interminables distancias que se debían recorrer antaño para visitar un nuevo destino, no suponían el único inconveniente.  En 1912, durante una excursión escolar, el maestro Richard Schirrmann se vio obligado a dormir en un granero ante la imposibilidad de encontrar un hostal económico donde pasar la noche. A raíz de aquella experiencia, decidió fundar el primer albergue juvenil de la historia en un castillo restaurado de la ciudad alemana de Altena. El objetivo era que los jóvenes sin demasiados recursos económicos pudieran encontrar un lugar donde pasar la noche durante su viaje.

A día de hoy, todas las ciudades cuentan con la presencia de alguno de estos establecimientos, y las más turísticas los ofrecen por decenas. El Copenhagen Downtown Hostel, ganador del 'Hoscar' Hostelword al Mejor Albergue de Dinamarca durante tres años consecutivos (2012, 2014 y 2015), ofrece en diciembre alojamiento por 104 coronas danesas (DKK) la noche, lo equivalente a unos 14 euros. 

Los edificios de Copenhague recuerdan al estilo anglosajón y adornan de colores ambos lados de algunos de los ríos de la ciudad. La estatua de Hans Christian Andersen se sitúa en Rådhuspladsen, el centro urbano de una ciudad que rebosa tranquilidad a partir de las nueve de la noche. La sombra del escritor es alargada en todo Copenhague. El principal reclamo de la ciudad es la sirenita de su cuento, una pequeña recreación en bronce que se postra en una roca, sobre las aguas del mar Báltico que se cuelan por la bahía del puerto.

Viajar es vivir: Copenhague

 

“Conocer la ciudad es más fácil con estos alojamientos. El ambiente es fenomenal. Forma parte del viaje llegar y empezar a conocer gente de distintos países, con diferentes costumbres y puntos de vista. Si un hotel me costara menos, seguiría viniendo aquí”, asegura Thiet Phan Cong, un joven vietnamita que estudia en Marsella.

Viajar es cada día más fácil, e incluso la dificultad para complementar horarios con otras personas del entorno habitual ya no es un problema, pues desplazarse a otro país en solitario es cada vez más frecuente. “Entré en internet y descubrí la posibilidad de viajar a varios sitios por un precio muy bajo. Se lo comenté a un par de personas, pero no les era posible acompañarme. No me pensé dos veces el venir sola, era una buena oportunidad”, afirma Olga, una estudiante ucraniana residente en Dublín.

El inglés es el idioma que permite la mayoría de las relaciones interpersonales entre los turistas. Sin embargo, no es un requisito fundamental para comunicarse. En el albergue de Copenhague, junto a la mesa en la que les ofrecen cenar gratis una vez al día, el australiano Cale Angel y la moldava Gabriela coinciden en una cosa: sólo se necesita determinación y ganas de viajar. Además de un ‘poquito’ de dinero y algo de tiempo.

 

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