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Martes, 13 Octubre 2015 11:42

“En Moncloa todo se vivía con intensidad y dramatismo, especialmente ETA”

Escrito por 
Pedro Calvo Sotelo. / Foto: Embajada de España en Praga Pedro Calvo Sotelo. / Foto: Embajada de España en Praga

Testigo directo y una de las caras menos conocida de la Moncloa, Pedro Calvo Sotelo vivió con su padre, Leopoldo, elegido presidente del Gobierno tras el fallido golpe de Estado de Tejero, apenas dos años de un mandato que acabó con su partido, la UCD. Ahora, tras una larga carrera diplomática en destinos tan dispares como Estocolmo, París, Quito o El Cairo, encara su primera misión como embajador de España en Praga.

Infoactualidad: ¿Qué significado y propósitos tiene ser embajador en la República Checa en el 2015?

Pedro Calvo Sotelo: Déjeme antes felicitarles por ese reconocimiento europeo. Yendo a la pregunta: En 2015 y en Chequia, ser embajador se traduce en fomentar las relaciones en todos los ámbitos: institucional, comercial y empresarial, educativo, cultural, consular. Añado otra vertiente, obligada cuando nuestro destino es europeo, como es el caso de Praga: también trabajamos por la integración europea, por “una unión más estrecha entre los pueblos de Europa”.

I: Acaba de aterrizar en una nueva embajada ¿Qué marca la diferencia en la misión actual respecto a su función y cargo diplomático ejercido en otras embajadas?

P.C.S: Desde mi ingreso hará pronto treinta años en la carrera diplomática, he servido, creo, en todas las funciones posibles. La novedad ahora es servir como jefe de misión; el embajador es quien ostenta la representación y máxima autoridad de España ante el Estado receptor.

I: ¿Cómo son las relaciones hispano-checas?

P.C.S: Las de dos socios europeos, las de dos aliados de la OTAN, las de dos países que aumentan sus lazos económicos y comerciales, que intercambian anualmente, sumados, casi cuatrocientos mil turistas y varios cientos de estudiantes, que promueven una acción cultural mutuamente enriquecedora, que traducen cada año obras de sus autores más prestigiosos. En resumen, una gran relación, en aumento, sin ninguna nube.

I: ¿Por qué cree que para los españoles Chequia es aún tan desconocida?

P.C.S: Si lo pensamos bien, conocemos bastante de la biografía de Chequia, al menos de su siglo XX: las dos Guerras mundiales, los totalitarismos nazi y comunista, el holocausto, la Guerra Fría, la vuelta a las libertades, el ingreso en la Unión Europea y en la OTAN. Eso es también la historia checa.

I: El presidente de la República Checa, Milos Zeman, es un declarado prorruso. ¿Cree que su actitud perjudica los intereses europeos?

P.C.S: Si se refiere a la política exterior de la UE, cualquiera puede comprobar que todos los socios europeos suscribimos en Bruselas una misma posición respecto de Ucrania/Rusia.

I: ¿Cuánto del comunismo cree que queda aún en la sociedad checa?

P.C.S: Para ser exactos, el comunismo en la vida política checa asciende a un 14,9%, que es el porcentaje de quienes, en las últimas elecciones generales, dieron su voto al Partido Comunista Checo. En la Cámara de Diputados, ese porcentaje se traduce en 33 de 200 escaños.

I: Tras haber estado destinado en las representaciones españolas en Suecia, Francia, Ecuador y Egipto, ¿cómo cree que nos ve el mundo?

P.C.S: Cuando uno vive en un país que está entre los tres más visitados del mundo, no hay que preocuparse mucho por el grado de conocimiento planetario. España es un país hiperconocido. Quien más sabe de la imagen de España, el Real Instituto Elcano, constata que España está entre los fuertes en imagen internacional positiva.

I: ¿Cuál ha sido su destino más complicado?

P.C.S: Sin duda, el de Egipto del final del mubarakismo, los 18 famosos días de la revolución y el régimen subsiguiente. Valga un dato curioso sobre la tensión terrible de algunas jornadas: de las calles desaparecieron los coches, las gentes y hasta los famosos y milenarios gatos egipcios; el siempre ruidoso Cairo, por ver lo bueno, se convirtió en un poblado silencioso donde sólo se oían, de noche, disparos, y de día, los trinos de los gorriones: no sabíamos que hubiera tantos pájaros.

I: Serán muchos los que al leer su nombre piensen, sin conocer que su Curriculum le avala, que usted es embajador por su apellido…

P.C.S: Ese tipo de comentario siempre me desarma; no porque no pueda rebatirlo, sino porque, para hacerlo, temo que a veces lo que se pretende es que, como mi famoso tocayo de hace dos milenios, niegue yo por tres veces; creo no haberlo hecho nunca en vida, menos aún negaré ahora la memoria de mi padre.

I: ¿Cree que España recuerda como debería la figura de su padre?

P.C.S: En una entrevista, ya jubilado de la política, consideraba el expresidente Havel como una injusticia que el enorme esfuerzo de la vida pública apenas si dejara huella, mientras que la obra de un escritor permaneciera para siempre. Siguiendo ese argumento, me permito aconsejar la lectura de los libros de mi padre, donde refiere muchas cosas y no sólo su paso por varios Ministerios, por Moncloa y por Europa. Según el periodista Arcadi Espada, ‘Memoria viva de la Transición’ es uno de los dos mejores libros escritos por un político español después de la Guerra Civil.

I: ¿Cómo fueron esos años para usted?

P.C.S: La familiaridad con la aventura política de la transición venía de 1975, pues mi padre fue varias veces ministro desde aquel primer gobierno de la monarquía; la etapa de la Moncloa fue una continuación por elevación; como estudiante de la Complutense, a mitad de curso, pasé a vivir muy cerca de la facultad, en un lugar en el que veía entrar y salir a quienes entonces contaban en la vida nacional e internacional. Todo se vivía allí con intensidad; y también con dramatismo, especialmente, los atentados del terrorismo etarra.

I: En 2011 coordinó el libro ‘Leopoldo Calvo-Sotelo. Un retrato intelectual’. Con una biblioteca de más de 10.000 volúmenes, ¿considera a su padre un intelectual y no un político?

P.C.S: Yo creo que ese libro prueba lo contrario: que es posible conciliar una vida en primera línea de la industria, de la política, con una vocación intelectual notable. Más aún, que esa vocación sirve para disfrutar en toda su profundidad de otras aficiones vitales: la música, la montaña, los viajes, la vela o la observación del cielo.

I: Su padre dijo que cuando dejó de ser presidente de Gobierno “se le había olvidado leer”. ¿Y a usted cree que le pasará igual?

P.C.S: A mí todavía, si me permite abusar del sentido literal de esa pregunta, ¡todavía no me ha ocurrido ninguna de esas dos cosas! Ahora en serio, lo que sí noto es cómo se reduce la curiosidad lectora; antes, entraba en una librería y casi todo me interesaba. Ya no. Y me preocupa el magnetismo de la pantalla. Con todo, no creo en absoluto en la desaparición del libro de toda la vida, pero yo ya apenas si leo periódicos en papel; y eso que he leído varias decenas de miles; me va a permitir que, de aquellas épocas, y ya que estamos en un medio de la profesión, rescate los nombres de tres periodistas de mi predilección: Augusto Assía, Carlos Luis Álvarez y Manuel Martín Ferrand. Porque el gran Umbral es un caso aparte.

 

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