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Miércoles, 06 Mayo 2015 00:01

Pilsen celebra el 70 aniversario de su liberación

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Tanque estadounidense de la IIGM por Pilsen / Foto: Borja de Jorge Tanque estadounidense de la IIGM por Pilsen / Foto: Borja de Jorge

La ciudad cervecera de Pilsen celebra estos días los actos de conmemoración de su liberación de los nazis por las tropas aliadas al mando del general Patton. El acto central tuvo lugar el domingo, con un desfile de más de 300 vehículos militares al que acudieron también 22 veteranos de la Segunda Guerra Mundial.

Apodado por sus tropas “blood and guts” (en español, “sangre y cojones”), el general estadounidense George Patton nunca pudo perdonarse no haber continuado su cruzada contra los nazis más allá de la ciudad checa de Pilsen. Fue un 6 de mayo de 1945, tres días antes de que finalizase oficialmente la Segunda Guerra Mundial, cuando Patton tuvo que detener sus tanques del III Ejército norteamericano a las puertas de Praga, en virtud del acuerdo secreto entre Washington y Moscú por el que se dividían el Viejo Continente. En la ciudad cuna de la cerveza moderna, el alto mando tuvo que decir adiós a su objetivo de no parar hasta llegar a los pies de Stalin. Más tarde, llegaría el Comunismo a Checoslovaquia y con él el olvido de la liberación de Patton.

La ciudad, uno de los símbolos de la industria checa, se sublevó contra el dominio nazi el 5 de mayo, tras conocerse que, a escasos kilómetros, en la capital, la Radiodifusión Checa había pedido a los praguenses que se alzasen en armas contra los invasores. La que un día albergase la factoría de Skoda encargada de fabricar los famosos panzers de la Wermacht, ahora se rebelaba, a pesar de que Karl Hermann Frank, el último gobernador del Protectorado de Bohemia y Moravia, amenazase con mantener el dominio alemán aunque tuviese que “ahogar en un mar de sangre” a los checos.

Pese a ello, la guarnición nazi de Pilsen capituló sabedora de la “suerte” que suponía caer en manos estadounidenses y no bajo la bota de los soviéticos. Sin embargo, la versión oficial del Gobierno checo durante 44 años fue que el Ejército Rojo había sido el que había liberado todo el país y que la bandera de barras y estrellas nunca ondeó en las tierras de Bohemia. 

Pero con la caída del Muro de Berlín, la mentira también se derrumbó, y ya en la Checoslovaquia democrática de 1990 los habitantes de Pilsen empezaron a celebrar ‘El Homenaje a la Liberación’, un evento marcado en sus inicios por las connotaciones políticas, pero que ha adquirido en los últimos años un carácter festivo y turístico. “Me parece una muestra de afecto y cariño a los veteranos americanos que salvaron al pueblo checo de la tragedia nazi”, comenta Juan Castro, un estudiante de Historia de la Universidad Carolina de Praga

Este año, con motivo del 70 aniversario del Fin de la Segunda Guerra Mundial, las Fiestas de la Liberación han tenido un protagonismo especial enmarcado dentro de las celebraciones de Pilsen como Capital Europea de la Cultura. El evento central, como es costumbre, ha sido ‘El Convoy de la Libertad’, un desfile militar formado por 300 vehículos de la época, como tanques, jeeps y camiones médicos.

Agradecimiento a los estadounidenses

Un sentido homenaje de Pilsen en el que este año han sido honrados 22 veteranos de guerra, 17 estadounidenses y 5 belgas, que participaron en la liberación de la ciudad, además de George P. Walters y Helen Patton, los dos descendientes directos del general Patton.

Reuben Schaetzel, uno de los soldados que liberó la ciudad y que ha vuelto por primera vez a Pilsen desde el fin de la guerra cuenta así su regreso: “No había estado aquí desde 1945 y por lo que he visto ha habido celebraciones en el pasado y hay un gran sentimiento por los estadounidenses, por la gente y por los soldados”.

Acompañado de gran parte de su familia, Schaetzel confiesa que lo recuerda todo, pero que “algunas partes de la historia no son muy buenas”. Volver a Pilsen después de contemplar los horrores de la guerra, no le ha sido difícil al que fuese conductor de tanques del III Ejército estadounidense, que se siente “agradecido y sorprendido” por el cariño que le han demostrado los checos.

Schaetzel, natural de Wisconsin, donde a sus 92 años sigue vendiendo Chevroletts, recuerda cómo fue su paso por la contienda: “Empecé la guerra en Omaha Beach. Aterricé en el Día D y estuve por toda Europa conduciendo un tanque para el General Patton”.

Como él, son cada vez menos los veteranos que quedan de aquellos que lucharon en la mayor guerra que el mundo ha conocido y que hoy, 70 años después, pueden estar orgullosos de haber hecho un innegable favor al mundo, a la República Checa y en especial a la ciudad de Pilsen.

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