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Martes, 07 Abril 2015 00:00

Una llave en el corazón de los refugiados palestinos

Escrito por 
campo de refugiados de Aida en Belén / F: María García Zornoza campo de refugiados de Aida en Belén / F: María García Zornoza

“No habrá paz sin justicia; no habrá justicia sin retorno”. Todo en el campo de refugiados de Aida, a las afueras de la ciudad cisjordana de Belén, huele a retorno, o más bien lo anhela. Su gran entrada está precedida por una enorme llave. Entre los grafitis que engalanan las paredes de sus calles es el símbolo que más se repite.

La llave de hierro con la que Aida abre sus puertas pesa dos toneladas, es roja y se encuentra a escasos metros del muro que separa Israel y Palestina. Durante dos semanas, un grupo de artesanos de este campo de refugiados trabajaron para crear “la llave más grande del mundo”. Munthir Amira, que supervisó la iniciativa, señaló el día de la inauguración que no solo es una llamada a la comunidad internacional, sino un mensaje a los niños palestinos: “Esta es vuestra llave al retorno, aseguraos de cumplir la misión”, apuntó.

A escasos metros de la entrada principal, Azá juega con su amiga en una especie de plaza. La llegada de personas ajenas al campo no les intimida y muestran su mejor sonrisa. Azá viste un chándal rosa, lleva dos coletas y no deja de sonreír. En las paredes de la placeta, al igual que alrededor de todas las calles y casas en Aida, aparecen pintadas como “Palestina, Estado 149 de Naciones Unidas”, “Diremos a nuestros hijos lo que Israel ha hecho” o “Llave de retorno, hecha a mano en Palestina desde 1948”. Por encima, aparece Jerusalén, justo detrás del muro de casi 700 kilómetros que lo separa de Cisjordania.

Como algo transitorio, con fecha de caducidad. Así es como veían los abuelos y padres de Azá su paso por los improvisados campos de refugiados. Al principio, formados por tiendas de campaña que, con el paso del tiempo, fueron tornando en casas más sofisticadas. Más de la mitad de los refugiados palestinos son niños de 15 años que pertenecen a la tercera generación. Sus padres y abuelos dejaron Israel, por obligación o por decisión propia, en la guerra de 1948. Guerra de la Independencia para los israelíes y Nakba (“Catástrofe”) para los palestinos.

Ariel Handel, profesor de la Universidad Ben Gurión de Negev, apunta que “la llave junto a los olivos representa la tradición y nostalgia de lo que una vez fue la vida de miles de personas, que dejaron esas tierras con la esperanza de volver algún día”. El problema es que esas llaves ya no abrirán la puerta de los antiguos hogares, pues esos pueblos y casas han sido derruidos y reconstruidos y, por lo tanto, habitados por otras familias. “Sin desarraigar a los palestinos, un Estado judío no podría haber crecido aquí”, afirmó al diario El Mundo el historiador Benny Morris.

Existen alrededor de 5 millones de personas categorizadas como refugiados palestinos, lo que representa un tercio de todos los refugiados del mundo. La mayoría de ellos viven en uno de los 59 centros que ACNUR tiene repartidos en Cisjordania, Gaza, Siria o Líbano. Tras más de medio siglo, el problema persiste y empeora. Existe una razón obvia: la población de Israel es de unos 8 millones de personas, no podría asumir la entrada de otros 5 millones porque supondría el fin de un Estado de mayoría judía, que era la principal meta de los líderes sionistas.

El problema del retorno de los refugiados es uno de los mayores obstáculos para avanzar en los acuerdos de paz. La Asamblea General de Naciones Unidas aprobó en 1948 la conocida resolución 194 donde, a través del artículo 11, solicitaba el retorno de los refugiados. Según la postura palestina, tienen el derecho moral y legal de retornar a sus hogares y tierras.

Por su parte, Israel alegó que la resolución fue solo una recomendación y que la mayoría de los refugiados no reconocen a Israel y no estarían dispuestos a vivir en paz dentro del Estado.

Benjamín Netanyahu ha sido reelegido en las elecciones israelíes del pasado 17 de marzo y todo apunta a que su nueva etapa será la más conservadora desde el nacimiento del Estado de Israel. Al menos así lo ha demostrado durante la campaña electoral, donde ha dejado claro que bajo su mandato no habrá un Estado palestino. La paz, la justicia y el retorno para palestinos e israelíes todavía tendrán que esperar.

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