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Viernes, 20 Marzo 2015 00:00

Construyendo tolerancia en los Balcanes

Escrito por 
Lema de la charla de la asociación LGBTQI / F: María T. López Lema de la charla de la asociación LGBTQI / F: María T. López

Son muchos los países del antiguo bloque comunista que llevan la lucha a favor de la igualdad de género y la aceptación de la condición sexual a medio camino. Bulgaria es uno de ellos y allí precisamente cada día son más los jóvenes que tratan de construir un país más justo, más igualitario y más respetuoso. Es algo que no está siendo fácil, pero que poco a poco va dando sus frutos.

La pequeña localidad de Blagoevgrad, en Bulgaria, acogió este jueves una charla dedicada a jóvenes universitarios con la finalidad de crear conciencia sobre la discriminación sexual y de género. Aksinia Gencheva y Magdalina Guenova, una pareja gay y parte de la asociación LGBTQI, fueron las encargadas de conducir el evento. Ambas son participantes activas en la lucha por la igualdad entre el hombre de la mujer, el respeto de la homosexualidad, bisexualidad, transexualidad y el travestismo. Y todo ello en un país donde la tradición impera sobre todo.

La conferencia se desarrolló en un aula dentro de la Universidad de Blagoevgrad, donde unos veinticinco estudiantes de distintas carreras universitarias asistieron para conocer cuál es el estado y cómo funciona la tolerancia dentro de las fronteras búlgaras.

Asociación búlgara en favor de la igualdad

España, según LGBTQ!, con un 73% de tolerancia es el segundo país más tolerante de todo el continente, sólo por detrás del Reino Unido con un 82%. Cifras muy distintas a los de Bulgaria, que se encuentra en un 30%, lo que la sitúa, más o menos, en la media entre todos los distintos países.

Un dato que no pasa desapercibido, y es que la Constitución de la República de Bulgaria cita expresamente que “el matrimonia es la unión voluntaria entre un hombre y una mujer”. Pero no sólo eso. El Código Familiar búlgaro recoge que “no se permite la unión civil entre dos personas del mismo sexo o en las que alguno de los miembros haya cambiado su sexo”. Y el Código Penal sostiene: “La orientación sexual y la identidad sexual no se encuentran dentro de los límites legales”.

Con estos tres ejemplos se evidencia cuál es la situación actual de estos grupos minoritarios (el 5% de la población búlgara): nadie va a la cárcel por ser gay, sin embargo, la idea de formar una familia es impensable y la idea de la unión en matrimonio o pareja civil también.

“Hace no más de diez años, cuando yo estaba en la universidad, por el simple hecho de ir por la calle agarrada de la mano con tu pareja gay te podían caer hasta 15 años de cárcel”, afirma Aksinia Gencheva. “Menos mal que poco a poco la idea de que ser gay no es nada malo va calando en las nuevas generaciones”, sostiene aliviada.

Sin embargo, a la salida del evento una estudiante búlgara de Económicas y Periodismo de veintidós años comenta: “A mí no me molesta la gente gay, yo la respeto muchísimo. Lo único es que no me gustaría que mis hijos crecieran viendo gays por todas partes, no quiero que piensen que es algo normal”.

La tolerancia se construye con educación

El evento pudo llevarse a cabo gracias al activismo de un club de jóvenes llamado SAGE, el cual tiene la finalidad de fomentar entre los estudiantes universitarios el respeto entre seres humanos, la igualdad, el feminismo y la controversia de género.

La presidenta del club, Victoria Antonova, una estudiante rusa de último curso de Económicas, confiesa que ha dado con las dos conferenciantes porque uno de los miembros del club leyó sobre las actividades que llevaban a cabo, les envió un email para invitarlas al campus y ambas aceptaron en venir a compartir sus experiencias personales a la primera.

Dentro del SAGE se encuentran personas de muy distintas procedencias y tendencias sexuales. Por ejemplo, Thomas Nagils, un estudiante ruso de tercer año de Periodismo declara: “Yo soy gay, mi padre no lo sabe ni lo puede saber. Creo que sería capaz incluso de matarme por ello. Sé que es evidente, pero él prefiere engañarse a sí mismo y pensar que soy un ´nerd´ y que por eso no tengo novia”.

Son las nueve de la noche y la charla concluye mientras en las cabezas de los asistentes resuena la última frase de una de las ponentes, Magdalina Guenova: “La tolerancia se construye con educación, perseverancia, reivindicación y lucha. Es un camino largo que no ha hecho más que empezar, algún día nuestro sueño será una realidad”.

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