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Jueves, 12 Marzo 2015 14:02

París pone broche final al maratón de moda internacional

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La capital francesa se ha vestido esta semana con sus mejores galas para recibir al mundo de la moda. Apasionados de las últimas tendencias, modelos, diseñadores, bloggers, it girls y celebrities en general, tras pisar Nueva York, Londres, Madrid y Milán se han dado cita en la capital francesa dispuestos a terminar por todo lo alto el recorrido de la moda internacional, descubriendo el pronóstico para las colecciones femeninas de la temporada otoño-invierno 2015/2016.

La semana de la moda de París es considerada como la más importante a nivel internacional debido a las conocidas firmas que participan en ella. Se celebra cada seis meses desde 1973, marcando diferencia entre la semana dedicada a la haute couture y la dedicada al prêt-à-porter, así como entre las colecciones de primavera-verano y las de otoño-invierno. Esta semana se ha tratado del prêt-à-porter de otoño-invierno 2015/2016.

92 desfiles en 9 días

La capital acelera su ritmo de vida con un total de 92 desfiles de moda, de veinticinco nacionalidades diferentes, cincuenta presentaciones privadas, showrooms, fiestas e interesantes eventos para quienes no quieren perderse las tendencias del mañana. El ayuntamiento de París estima en más de 1.400 los periodistas y fotógrafos de todo el mundo que han asistido a este torbellino de espectáculos.

En esta semana no solo se han revelado los secretos de la moda, sino también los nuevos talentos por descubrir si consiguen hacerse un hueco entre las emblemáticas marcas. Esta celebración, la más larga de las realizadas en el mundo, comenzó el pasado martes tres de marzo, y se ha alargado hasta el miércoles 11, dejando un recuerdo de nueve mágicos días, superando los ocho de Nueva York, los siete de Milán y los seis de Londres.

Los lugares elegidos para los desfiles han sido, como de costumbre, el Palais de Tokyo, junto a la icónica Torre Eiffel; el Hôtel de Ville, –el ayuntamiento del que dependen las demás oficinas administrativas de la ciudad- situado en el cuarto distrito; y entre los Campos Elíseos y el Sena, el Grand Palais entre muchos otros. En el distrito número tres, el antiguo barrio judío conocido como “le Marais”, más de cien salas de exposiciones han abierto sus puertas únicamente para estos días.

La emblemática semana de la moda reconcilia a la capital con uno de los sectores comerciales que más empleo genera en la ciudad. La moda es el primer producto exportado por Francia en Asia, se trata de un mercado clave para la economía francesa. Tan solo con este tipo de eventos temporales son muchos los negocios que se movilizan: joyerías, hoteles, museos, zapatos, perfumes, cosméticos, restaurantes, y en general todos los negocios que puedan estar relacionados con el turismo de lujo y la belleza.

Desde el backstage

Irene Pinto y Andrea Uriarte son dos españolas que estudian en París, y que también han sabido sacarle partido a la semana de la moda, en la que han conseguido un pequeño trabajo como habilleuses, ayudando a las modelos a vestirse. “Nuestro trabajo consistía en vestir a las modelos antes de salir a la pasarela y cambiarlas para volver a salir, se cambiaban dos o tres veces cada una, y éramos una habilleuse por modelo”, explica Irene.

Ambas han participado en los desfiles de los diseñadores portugueses Fátima Lopes y Luís Buchinho. “El de Fátima Lopes fue en Lido, –un local de cabaret en los Campos Elíseos- era un desfile pequeño y privado, apenas había público, todo era prensa. El segundo que hicimos –de Luís Buchinho- fue en la Biblioteca Nacional, un lugar mucho más grande y con más público, también más estresante porque a pesar de que había menos modelos se cambiaban más veces de ropa, hacía falta más de una habilleuse por modelo”, cuenta Andrea, “el show dura 20 o 30 minutos, es muy poco, y desde dentro se pasa todavía más rápido”.

Al preguntarles cómo surgió esta oportunidad Andrea recuerda que “una amiga de la carrera nos ofreció trabajar allí con ella, dijo que serían dos días, dos horas cada día y estaba bien para sacarse un dinero extra”.

“Nosotras estábamos tranquilas porque no teníamos que salir a desfilar pero las modelos estaban súper estresadas, se ponen tan nerviosas que no son capaces de vestirse, además van muy maquilladas y con peinados que también las limitan, a veces no pueden ni abrocharse los zapatos, para eso estábamos nosotras”, comenta Irene.

Está claro que desde la parte de atrás del escenario todo se ve de otra forma, “la apariencia que se da después no es, para nada, lo que se vive en el backstage, dentro todo es agobio. Tienes que estar pendiente de que no se pierda la ropa, cada una tiene sus perchas, que vienen con una etiqueta que explica cómo tienes que ponerle esa prenda a la modelo, porque no es ropa corriente; cuando la estás desvistiendo tienes que ir muy rápido para ponerle el segundo modelo y no puedes perder la ropa que le acabas de quitar, tienes que guardarla porque si no te la hacen pagar”.

Se puede decir que las experiencias como esta se recuerdan en torno a aquello que más llama la atención, Irene tiene claro que “lo que más me llamó la atención fue lo delgadas que están las modelos, miden mínimo 1,75-1,80m. y además llevan tacones, están delgadísimas, y aun así a veces no les entra la ropa, lo que hace que se estresen todavía más y dejen de comer”. Según dice, este ritmo de vida hace que se les caiga el pelo, “algunas casi no tienen pelo”.

Lo mejor para Andrea e Irene fue que “cuando desfilaba tu modelo te dejaban asomarte un poco a verla y ver el ambiente de fuera, el decorado, las luces y el show en general, todo está muy logrado”. Además, Irene afirma que “lo que menos me gustó fue el carácter de las modelos, eran muy antipáticas y no tenían en cuenta a la persona que les ayudaba, te trataban con superioridad. Son todas de diferentes nacionalidades, había una española que sí era muy simpática”.

Chanel vuelve a sorprender

El coste unitario de un desfile puede variar desde menos de cien euros hasta centenares de millones de euros. Sin duda, una de las firmas con menos reparos a la hora de invertir en sus shows es la francesa Chanel, que después del supermercado del año pasado lleno de productos “made in Chanel”, y la anterior manifestación feminista, Karl Lagerfeld ha montado la Brasserie Gabrielle, en la que la que se sirvió el desayuno a los asistentes y a las modelos. Todo un guiño a la cultura francesa –nada más francés que una brasserie con croissants- y a la vestimenta diaria y real: en una escena tan típica como la del bistró la firma se desmarca de esos modelos imponibles fuera de una pasarela.

Una vez más París ha cumplido las expectativas de sus visitantes, y también estos han hecho al ayuntamiento de la capital alcanzar las suyas. La española Anne Hidalgo, alcaldesa de París, recuerda que “la moda es un sector clave para la proyección económica de nuestra ciudad. Esta semana, más que nunca, la mode aime Paris.”

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