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Jueves, 19 Marzo 2015 00:00

El París literario de Shakespeare

Escrito por 
Shakespeare & Company / Foto: Paloma Martínez Shakespeare & Company / Foto: Paloma Martínez

París en la literatura y la literatura en París. Bajo la conocida cara turística de la ciudad se esconde otra mucho más literaria e histórica, la que vio pasear a Jean Paul Sartre junto a Simone de Beauvoir, a la que escribió Víctor Hugo, en la que Cortázar ambientó Rayuela, y la que para Hemingway “era una fiesta”. Muchos han dicho que nunca se vuelve a ver París de la misma forma después de haberlo leído en los libros, y que tampoco nunca vuelves a vivir igual después de haberlo hecho en la capital francesa.

En el corazón de la ciudad, la librería Shakespeare & Company hace rememorar aquel París de los años veinte, el espíritu de la bohème, de aquellos amantes de los libros que se olvidaban de comer absortos en una novela. Fue la llamada “generación perdida” la que hoy se encuentra entre los estantes de esta librería anglófona en el kilómetro cero de la capital francesa.

Shakespeare & Company no es sólo probablemente la librería independiente más famosa del mundo, sino mucho más, es su historia, es su atmósfera literaria y creativa, su filosofía… que hace sentir al visitante en una utopía literaria en la que el dinero pierde importancia. Más que un negocio parece la embajada de la literatura inglesa en París, donde el forastero se siente como en casa.

Una de las cosas más alabadas por los lectores es la variedad de ediciones disponibles de cada ejemplar, todos en inglés –traducciones y originales-. También los precios son muy variados, pues se pueden encontrar desde libros de segunda mano de precio inferior a cinco euros hasta primeras ediciones únicas, que alcanzan los 4.000 euros. Además, es posible encontrar libros de todas las épocas y géneros, incluso los best seller más actuales.

Algunas de las actividades normales de la librería son el té de los domingos, las lecturas de poesía y las charlas de los escritores o presentaciones de libros. Los eventos son gratuitos y abiertos al público, y tienen lugar en la planta superior, en la planta baja o incluso fuera, en la pequeña plaza delante del establecimiento, dependiendo de la ocasión.

Tanto la librería como su mítica dueña, Sylvia Beach, han sido reflejadas en un sinfín de novelas de autores agradecidos e inspirados por el lugar. Ella misma escribió Shakespeare and Company donde relata la vida cultural del París de la época y habla de su relación con los escritores y amigos que frecuentaban el establecimiento, personajes como Gertrude Stein, Samuel Beckett, Paul Valéry y Hemingway entre otros. Se trata de la librería que ha reunido a generaciones, tanto de escritores como de lectores; por eso, para conocerla es necesario conocer su historia.

De Sylvia Beach a Sylvia B. Whitman

Fue en 1919 cuando la estadounidense Sylvia Beach abrió la tienda en la rue Dupuytren, aunque poco después se trasladaría al número 12 de la rue de l’Odéon frente a La Maison des Amis des Livres, la librería de su pareja, Adrienne Monnier. Los estantes fueron ocupados con ejemplares únicos traídos de Inglaterra y Estados Unidos. James Joyce, John Keats, Ezra Pound junto a libros de ocasión y las revistas donde publicaban los jóvenes escritores de la época.

Sylvia Beach y su librería fueron hasta 1940 el centro de la literatura anglo-americana y del modernismo en París, escritores y artistas como Ernest Hemingway, Scott Fitzerald o Man Ray solían pasar allí gran parte del tiempo, comprando o leyendo. En 1922, Sylvia publica la primera edición de Ulysses, de su amigo Joyce, y tras el éxito la librería pasa a ser a la vez la editorial a la que acuden los escritores sin recursos.

Cuando los nazis ocupan París, durante la Segunda Guerra Mundial, la librería comienza a recibir amenazas, ya que se dice que fue desde que Sylvia se negó a vender a un oficial alemán un libro de Joyce. Finalmente, en junio de 1940 Shakespeare & Company cierra sus puertas al público. Es entonces cuando la dueña y sus amigos esconden todos los libros en un piso abandonado de la misma calle, y la americana pasa seis meses en un campo de concentración nazi. Liberada bajo la amenaza de volver a ser arrestada en cualquier momento, Sylvia decide no reabrir la librería.

Habrá que esperar hasta 1951 para que el poeta americano George Whitman, que había conocido a Sylvia, decida continuar con su filosofía abriendo la actual librería de Shakespeare & Company en el número 37 de la rue de la Bûcherie, frente al Sena, pese a que no heredó el nombre hasta 1964, tras la muerte de Sylvia Beach. La historia se repite, pero ahora transcurren los años 60 y ya no es la generación perdida sino la beat la que hace de la librería su hogar, son poetas como Jack Kerouac y Allen Ginsberg.

En 2006, Whitman, a los 93 años, fue galardonado con la medalla de Oficial del Orden de las Artes y las Letras, uno de los mayores honores del gobierno francés, raramente entregada a extranjeros. Desde entonces su hija, Sylvia Beach Whitman, llamada así en honor a la dueña original, es quien lleva ahora esta librería, todavía bajo el lema de su padre, la frase de Yeats: “Be not inhospitable to strangers lest they be angels in disguise” (“Sé hospitalario con los extraños, pueden ser ángeles disfrazados”), escrita en una de las paredes.

Tumbleweeds, alojamiento de artistas

Esta idea de la hospitalidad está muy presente en el local, ya que sus puertas siempre están abiertas a escritores y artistas viajeros que necesiten alojamiento, los únicos requisitos son trabajar en la librería dos horas al día, leer un libro diario y escribir una autobiografía de una página. Los huéspedes, reciben el nombre de tumbleweeds, y suelen quedarse entre una semana y un mes.

Se estima que, desde su apertura hasta hoy, la librería ha alojado alrededor de 30.000 tumbleweeds, y si esta es la cantidad de alojados, la de visitantes es incontable. Uno de ellos, Wilhelm Gulliksen comenta que “el hecho de que dejen dormir a viajeros a cambio de escribir una página sobre su vida y leer un libro al día me parece que aviva el espíritu romántico; y bueno, me encanta la librería por el calor que ofrece a los visitantes y ese ambiente íntimo. Lo malo es que está llena de turistas y eso dificulta la lectura y el disfrute en general, pero es algo que no se puede evitar”.

Descubriendo Shakespeare & Co.

Cientos de personas al día sobrepasan la puerta, bajo el retrato de Shakespeare que desde fuera preside la librería. Turistas, bibliófilos, clientes, curiosos… A menudo hay que esperar cola para poder entrar, pero esto no supone un problema ya que fuera se encuentran los libros de ocasión, algunos de segunda mano; y a veces también está Colette, el perrito negro de la tienda, recibiendo amistosamente a la gente.

Una vez dentro el visitante puede perderse por la pequeña, y a la vez laberíntica, librería observando todos los detalles: mensajes, fotografías y retratos de quienes pueblan las estanterías, Allan Poe, Oscar Wilde… las monedas de céntimo brillan en el fondo de un wishing well o pozo de los deseos, donde un cartel reza “ayude a los escritores hambrientos”.

Es posible que de pronto el visitante se dé cuenta de que suena un piano en el piso de arriba, subirá entonces las viejas escaleras de madera y se encontrará con unos libros mucho más antiguos que los de la planta baja y un cartel que aclara que “estos libros no están a la venta, pero siéntese y lea”, las instrucciones del piano son parecidas, “siéntase libre de tocarlo”. Da la sensación de que las estanterías podrían ceder de un momento a otro, repletas de pesados libros, pero están bien reforzadas. Es probable que las antiguas máquinas de escribir que hoy sirven de decoración hace años escribieran buenas novelas.

Hay un pequeño escondite en la parte baja de una estantería, es un escritorio lleno de notas, poesías y mensajes en todos los idiomas, pequeños trozos de papel, fotografías firmadas, tickets de metro o servilletas, cualquier elemento vale para dejar un recuerdo.

Finalmente el visitante encontrará un libro entre la multitud que llame su atención y se sentará a leer en uno de los sofás, junto a los demás lectores, mientras el piano sigue sonando y Kitty, la regordeta gata blanca, se acomoda junto a él.

Las campanas de Notre Dame dan las once, es hora de cerrar.

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