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Lunes, 23 Febrero 2015 00:00

Francia se aprieta el cinturón y reduce sus regiones a la mitad

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El presidente francés, François Hollande, sigue adelante con el proyecto de unificación de regiones con el objetivo de simplificar su burocracia y abaratar los costes de administración de las mismas. Tras unos agitados debates a lo largo de varios meses, el pasado mes de diciembre la Asamblea Nacional adoptó la propuesta de reducir las regiones a 13, iniciativa que se instaurará a partir de 2016.

"Tenemos una enfermedad en Francia que seriamente intenta obstaculizar nuestros esfuerzos; esta enfermedad es llamada buromanía". Así describía el economista Vincent de Gourmay, en tiempos de la monarquía absoluta, la complicada situación político-económica francesa, en una primera aproximación a lo que hoy se conoce por burocracia. Este término no en vano nació en Francia: su notoriedad allí sigue presente hoy en día. Las largas colas, los interminables formularios y la extensa documentación necesaria para realizar cualquier trámite le es dolorosamente familiar a cualquier habitante de la nación, especialmente a los extranjeros recién instalados.

“Yo creo que no hay nada bueno en la burocracia”, expresa contundentemente Marlen Jorda, estudiante de la Universidad de Paris VIII Vincennes-Saint Denis, apuntando que, aunque ésta ya sea complicada en todos los países, “en Francia es especialmente difícil”. En el caso de trámites para buscar alojamiento o para la inscripción en sus estudios, “son un montón de papeles en los que no sueles entender prácticamente nada”, añade esta joven, “estamos en la era de la tecnología, ¿por qué no lo digitalizan todo?”.

François Hollande es consciente de estos inconvenientes. Ya a principios de 2014, decidió tomar una de las principales medidas de su mandato de cinco años: Mejorar el funcionamiento de la administración del país, descrita por él mismo como “demasiado pesada, demasiado lenta y demasiado costosa”.

La principal medida para conseguirlo trata en reducir considerablemente el número de regiones del Estado. Actualmente, Francia se compone de 22 regiones administrativas en el área metropolitana, además de las cinco situadas en ultramar. Ninguna región tiene autoridad legislativa independiente, pero sí capacidad reglamentaria. Cada una representa una “colectividad territorial”, dotada de un consejo regional que administra su propio presupuesto, proveniente de los impuestos que recaudan y de las partidas que les entrega el Estado.

De 22 a 13 regiones

Reduciendo este número de regiones, el Gobierno francés espera recaudar al menos 10.000 millones de euros a lo largo de los próximos años. A partir de enero de 2016, el territorio regional se ampliará, dando lugar a 13 grandes regiones francesas. Así, Francia, que actualmente cuenta con 2,9 millones de personas de media por región, se asemejará en densidad de población regional a otros países europeos, como Alemania o Italia (con 5,1 millones de media y 4,4 millones, respectivamente). También, se llevará a cabo, en esta nueva organización, la concentración de servicios comunes de cada región, que actualmente cuentan con 80.000 funcionarios. Por otra parte, los nuevos ayuntamientos pasarán a tener al menos 20.000 habitantes, siendo 5.000 el número de personas con las que cuentan en la actualidad.

Sin embargo, no todo ha sido fácil en este nuevo trazo del mapa francés. Ya el pasado 23 de julio de 2014, el ministro del Interior, Bernard Cazeneuve, afirmaba su deseo de tener “territorios más fuertes y mejor organizados que compartan sus gastos de funcionamiento”, antes de ser aprobada la petición en la Asamblea ese mismo día. Solamente el Partido Socialista, al que pertenece el presidente François Hollande, votó a favor de esta remodelación, envuelta en una serie de encendidos debates que fue descrita como “la madre de todas las batallas” por el propio primer ministro, Manuel Valls. El resto de grupos políticos decidió mantenerse bien al margen o votar en contra, alegando que, si bien estaban de acuerdo con la necesidad de una reforma que acabe con los desorbitados gastos de las administraciones y el resto de problemas burocráticos de las regiones, el proceso estaba siendo “precipitado y sin consenso”, dando lugar a posibles futuras “uniones artificiales”.

Protestas en Alsacia

Una de las uniones más fuertemente criticadas es la que experimentará la región de Alsacia, cuyos ciudadanos se presentan reacios a su fusión con las regiones de Lorena y Champaña-Ardenas. Con lemas como ’No maten Alsacia’, cientos de ciudadanos de la región salieron a la calle para protestar por esta adhesión. En una encuesta realizada por la cadena de televisión France 3, el 32% de los encuestados preferiría, además, que este nuevo territorio pasara a llamarse el ’Grand-Est’, seguida por la sugerencia de ’Austrasie’ con un 18% de los votos. Frédéric Turon, cofundador de Les Alsaciens Réunis, un colectivo que cuenta con más de 8.000 miembros en las redes sociales, preguntaba el pasado diciembre “por qué los ciudadanos deberían respetar la ley, si ellos no lo hacen”. Sin embargo, tras la aprobación definitiva de estas fusiones por parte de la Asamblea Nacional, el Consejo Constitucional de la República Francesa emitió un comunicado de prensa afirmando que, en este proceso, “la ley no ha sido adoptada según un procedimiento contrario a la Constitución”, dejando así poco margen de cambio a favor de las protestas de los alsacianos.

Por ahora, la nueva legislación no ha entrado en funcionamiento, y los franceses no han notado aún los cambios que ésta supondrá, para algunos, especialmente de identidad cultural. “Va a hacer falta guardar la identidad de los territorios”, argumenta Celine Prevost, profesora de Comunicación Institucional en la Universidad Sorbona de París. “El nuevo mapa de regiones aumentará la identidad de cada ciudad con respecto a su región”, añade, “con ello, cada lugar se volverá más y más local e independiente”.

Las nuevas regiones de Francia supondrán algunos cambios en la organización de las administraciones francesas, pero el aspecto cultural de cada una se verá afectado en menor grado. Es por ello que se esperan mejoras económicas y un sistema burocrático más agilizado. Solo queda esperar a 2016, cuando la nueva legislación entre en vigor, para comprobar el funcionamiento de este nuevo trazado del mapa francés.

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